Cuando Adrián llegó a casa en el barrio Guayabal, se abrazó con su mamá. Los dos lloraron al recordar al papá, fallecido, quien era gran aficionado al fútbol. Pensaron en cómo hubiera disfrutado el viejo con la noticia de que su hijo recibirá, en enero próximo, la escarapela Fifa que lo acredita como árbitro internacional.
Sucedió el pasado martes por la noche, un día antes de su cumpleaños 34, cuando Adrián Vélez recibió la buena nueva. Era la realización del sueño de este juez del Colegio de Antioquia con 15 años de experiencia, seis de ellos en la primera división.
Coincidencialmente fue en septiembre, el mes que mejores recuerdos le trae, pues en él debutó como profesional en el partido Pereira 0-Caldas 2, cuando a los albos los dirigía el profesor Luis Fernando Montoya en 2004.
La carrera arbitral de Adrián, soltero y tercero de una familia que integran su mamá Rosalba y las hermanas Manuela (15 años), Yesenia y Rosmery (36) comenzó a los 19 años de edad, cuando cumplió, pitando partidos, las horas de alfabetización exigidas por el colegio Benjamín Herrera.
Luego se motivó y por iniciativa propia hizo el curso de aspirantes en la Liga, con destacados resultados, los mismos que le acaban de dar el honor Fifa por encima de tres aspirantes más.
En las pruebas físicas sacó el máximo puntaje, 10. En las teóricas, 9,5. Y su promedio de calificación en los juegos dirigidos fue de 8,7. Suficiente para que los dirigentes de la Federación le abrieran las puertas del exterior.
Balanza a su favor
El nuevo juez Fifa de Colombia es serio, estricto y disciplinado. Ama su profesión y por eso desde hace año y medio, tras recibir orientación del argentino Horacio Elizondo, quien dirigió la inauguración y la final del Mundial de Alemania 2006, le sumó dos días a su preparación física semanal.
Cuenta que primero asistía a los entrenamientos obligatorios del Colegio los martes y jueves con todos sus compañeros, pero ahora visita el gimnasio los lunes y miércoles. Además, cuando no lo designan para la fecha profesional de la Dimayor, pita encuentros de la primera categoría en la liga paisa.
"Todos los días la exigencia es mayor en el país y debemos estar bien preparados", advierte al recordar que también fue juez en tres torneos del Ponyfútbol.
Sabe que la edad límite para portar la escarapela internacional son los 45 años y quiere mantenerla, aferrarse a ella para emular a Óscar Julián Ruiz.
Mientras cierra el bolso en el que lleva cronómetro, pitos, lápices, moneda para los sorteos, tarjetas y las imágenes de María Auxiliadora, el Milagroso de Buga y el Señor Caído de Girardota, cuenta que es empleado de Telecinco, donde empezó como mensajero y hoy es auxiliar de Costos y Auditoria, especialización que hizo tras una tecnología en Mercadeo y Ventas. Por ahora siente un cosquilleo en el estómago que desaparece después de los himnos y tras la bendición que antecede su pitazo inicial en los partidos. La Fifa aguarda su talento y equilibrio.
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