La Semana Santa es un tiempo de reflexión y éste debería ser el objetivo de quienes practican la religión Católica. Sin embrago, muchas personas tienen la oportunidad de salir a disfrutar de unos días de vacaciones. Algunos lo hicieron desde ayer mismo, pero la mayoría lo hará a mediados de la semana.
Salir de vacaciones implica una planeación para no tener sustos y contratiempos. Hay que dejar todo en orden y prever todos los aspectos del viaje.
Al salir de la casa por varios días, es importante dejar las cosas bien dispuestas y con la mayor seguridad posible. Hay que revisar puertas y ventanas, dejar cerradas las canillas, apagadas las luces y los aparatos eléctricos y, si es posible, instalar alarmas.
Cuando se sale por carretera, la revisión del carro es fundamental para no tener accidentes o varadas que puedan ser peligrosos o interrumpan el viaje. Obviamente en la vía, las claves son la prudencia, no manejar alicorado y tener cuidado con la velocidad.
Ya en el paseo es imperativo ser cuidadoso con los documentos de viaje, no exponerse a accidentes absurdos, no abusar de la rumba y del licor.
Las personas precavidas están menos expuestas a los imprevistos y así se pueden disfrutar mejor y más tranquilamente estos días de vacaciones. Los excesos en todos los aspectos y las actitudes irresponsables causan más accidentes y de un momento a otro, lo que eran unos días de descanso, se pueden convertir en un problema y, Dios no lo quiera, en una tragedia.
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