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Por las manos mágicas de Apolo pasaron Garrincha y Pelé

HERNANDO DE J. Hernández no necesitó pies para codearse con los grandes del deporte de Colombia y Brasil. También fue uno de los pioneros del balompié femenino de Antioquia y fundador del barrio Doce de Octubre.

  • Por las manos mágicas de Apolo pasaron Garrincha y Pelé | Juan Fernando Cano | Hernando de J. Hernández Rojo, Apolo, camina en las rodillas desde los siete años de edad.
    Por las manos mágicas de Apolo pasaron Garrincha y Pelé | Juan Fernando Cano | Hernando de J. Hernández Rojo, Apolo, camina en las rodillas desde los siete años de edad.
30 de octubre de 2010
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No tiene pies, pero sí manos. Y con ellas, cuentan, hace maravillas, así no las pueda utilizar para lo que más quisiera: tocar una vieja guitarra que compró hace 30 años y que aún no estrena, porque se quedó esperando el profesor que le iba a enseñar a "sonarla".

Tiene 63 años, cabello cano y manos gruesas. Y vive orgulloso de una envidiable colección de cerca de 70.000 tangos, recopilados en acetatos, cidís y tacos que tiene en una biblioteca improvisada con tablas de madera, donde todos los días, además, repasa las fotografías que se tomó, hace medio siglo, con Garrincha.

Hernando de Jesús Hernández Rojo, a quien todos llaman Apolo, mantiene frescas también las experiencias que compartió con Pelé. Pero también vive orgulloso y se jacta de decir que fue pionero del balompié femenino en Antioquia.

Cuando apenas cumplió siete años de edad una gangrena, producto de una infección en un dedo del pie derecho, hizo que los médicos le cercenaran esa extremidad inferior, con tan mala fortuna que el mal continuó y la única alternativa que tuvieron los galenos fue cortarle también el pie izquierdo para que sobreviviera.

Su madre, Belarmina Rojo Bohórquez, entró en pánico creyendo que uno de sus ocho hijos tendría que vivir de la lástima. Sin embargo, Hernando se las ingenió para no vivir sentado en una silla de ruedas y comenzó a vivir su nueva vida caminando en sus dos rodillas, protegidas por dos soportes que elaboró con pedazos de llantas de carro y neumáticos que aún hoy hacen las veces de zapatos y le evitan problemas con el constante roce con el piso.

El otro lío que superó fue la discriminación a la hora de buscar trabajo. Entonces aprovechó la atracción que le generaban los futbolistas extranjeros y se las ingenió para visitar los hoteles a los que, en esa época -años cincuentas y sesentas- llegaban a Medellín.

Primero se conseguía los autógrafos y chicaneaba con sus amigos, quienes no creían que ese tal Apolo, podía ver, tocar y compartir hasta con el mismísimo rey Pelé, sueño que se le volvió realidad gracias a la amistad que entabló con un apostador costeño de nombre Uldarico Gómez, quien era el encargado de recibir los equipos foráneos, y quien le permitía que los acompañara en las concentraciones.

Fue así como, a los once años de edad, Apolo masajeó, en Residencias Nutibara, a Garrincha, cuando visitó la ciudad con Botafogo, y luego a Pelé defendiendo la camiseta del Santos, primero como ayudante de utilería, contando chistes y demostrando admiración por el jogo bonito . Así aprendió de masajes y con el paso de los años adelantó seminarios y cursos para especializarse y convertirse en uno de los kinesiólogos más respetados del deporte colombiano.

"De eso no vivo ni puedo mercar, pero muy pocos en este país pueden decir 'por mis manos' pasaron los futbolistas más grandes del planeta".

De Garrincha, cuenta que era un hombre que lucía feliz viendo a la gente pasar por la calle. Que era maniático con el hielo y que siempre lo enviaba a buscarlo por toda la ciudad para desinflamar la rodilla cuando lo molestaba. Y de Pelé dice que era muy serio y juicioso, que no le gustaba la arepa antioqueña y parecía de roble, ya que casi nunca le pasaba nada.

La marca Apolo
Los pocos pesos que le dejó su época gloriosa con las leyendas del fútbol auriverde los invirtió en la compra de una casa que lo convirtió en uno de los fundadores del barrio Doce de Octubre, otra de sus satisfacciones pese a que aún la edificación de bloques está en revoque y con las mismas baldosas con pintas negras y blancas -jaspeadas- que han soportado 20 años de uso. Conserva las tejas de eternit que puso en 1972, y los cables de la energía están expuestos.

Allí vive en compañía de sus hijas, Mayerlin y Ana María, quienes prefieren escuchar reggaeton todo el día a las tonadas argentinas, y su esposa, Araceli López, quien afirma que "salir al centro con él es un lío, porque como todo mundo lo conoce y saluda, siempre llegamos tarde a cualquier parte".

Loris, Polaco y Princesa, un trío de loros, lo acompañan también.

Kinesiólogo fugaz del Junior de Barranquilla continúa convencido de que Humberto Turrón Álvarez y Maravilla Gamboa han sido los mejores jugadores de Colombia en toda su historia.

Apolo, que camina en sus dos rodillas sin dejar de lado nunca los pantalones cortos, cuenta que a finales de los setenta llegó a la Policía de Medellín para preparar su equipo de fútbol y allá el coronel mayor Édgar Aníbal Folleco Arias fue quien lo bautizó llamándolo Apolo, sello que lo identifica desde entonces.

Uno de los mejores armadores del baloncesto colombiano, Juan Guillermo Molina, quien pasó también por sus manos, confirma que "Polito", tiene manos mágicas, y que nunca lo bajaban de los viajes "porque sus masajes ayudaban mucho en nuestra recuperación".

En la cabeza de Molina existe la imagen de un "hombre con mucha dinámica, entusiasta, especial con los deportistas y superdotado, ya que pese a ser mocho de sus pies corría más que nosotros en los coliseos y apenas le pagábamos cerca de 30.000 pesos, plata que debíamos recoger entre todos".

El fútbol femenino
En los ochenta, unas muchachas de Boyacá Las Brisas le pidieron a Hernando que se encargara del grupo que ellas conformaban. En esa época conseguir patrocinio para mujeres era imposible, pero asumió el reto y conformó un onceno casi invencible que se llamó Masajes Apolo. "En Medellín escasamente existían ocho equipos, entre ellos Bodegas El Cid, dirigido por el cantante Tony del Mar, mi máximo rival y otro de los gestores del fútbol femenino".

Margarita Martínez y Liliana Zapata, quienes hoy son estrategas del departamento y fueron testigos de las excursiones que hacían, montadas en bus, por el área metropolitana, fueron sus primeras pupilas. "Margarita vino del Politécnico y Liliana de la Danza Azul de la Floresta; era muy duro, porque nos tocaba inventar torneos y amistosos, pero ofrecíamos un gran espectáculo en medio de la austeridad, pues muy pocos gustaban del fútbol femenino".

Apolo siempre lucía trajes impecables, preferiblemente blancos, y emanaba una dosis alta de orgullo por el buen fútbol que exhibían sus chicas.

Liliana Zapata, hoy entrenadora de la Selección de Antioquia, recuerda que "Polo era un señor temperamental y muy dedicado a su trabajo, pues bajo su mando nadie nos pudo ganar en más de cinco años".

La vida hoy no es fácil para él, pero tampoco está de limosa y dice vivir feliz, porque tiene para pagar los pasajes y pese a no contar con sus dos pies se monta de manera normal a los buses.

"Me gané la lotería con el oficio que aprendí y las maravillosas manos que Dios me dio", dice Apolo mientras saca, de un escaparate de madera café, un maletín negro en el que aparece un frasco de alcohol, otro de agua, un tarro de vasenol y dos pedazos de gasa, sus herramientas de trabajo. En un domicilio gana 70.000 pesos, dinero que invierte para pagar el estudio de bachillerato de sus hijas.

Jamás ha lamentado no tener sus pies. "Desde que tenga mis manos buenas eso no me quita el sueño".

Lo que sí lamenta Apolo es que hace 30 años compró una guitarra y todavía la tiene colgada en la pared de su alcoba, con el mismo empaque, empolvado, a la espera del profesor que le prometió enseñarle a tocarla. Él nunca apareció.

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