El dedo en la llaga. Así podría describirse el comunicado de 15 interrogantes que sobre la situación de inseguridad y violencia en la ciudad emitió el viernes anterior el arzobispo de Medellín, Ricardo Tobón Restrepo.
Aunque han pasado cinco días, la ciudad, en sus distintas instancias y estamentos, sigue hablando del tema, reflexionando, pues las 15 preguntas del prelado tocan asuntos de fondo de una ciudad que crece en infraestructura, es elegida como la capital de la innovación y cada día se moderniza, pero pese a ello sigue con graves problemas de violencia, inseguridad e inequidad.
Atendiendo el clamor de monseñor, que es el mismo de muchos ciudadanos, buscamos respuestas. Para ello acudimos a las distintas autoridades e instancias relacionadas con cada uno de los temas, quienes les responden, más que al Arzobispo, a los ciudadanos, sobre cada tema en particular.
1. ¿Por qué los medios de comunicación no informan exactamente la situación de violencia que se vive en el área metropolitana de Medellín?
El presidente del Cipa -Círculo de Periodistas de Antioquia-, Azael Carvajal, afirma que informar exactamente de todo lo que pasa es un asunto muy complejo. Pone como ejemplo el médico que encuentra un paciente muy delicado y tiene que ser cuidadoso para informarle sobre el diagnóstico. Así mismo, el medio de comunicación debe ser muy cuidadoso para no informar en detalle lo que ha ocurrido, porque puede incurrir en comportamientos morbosos e indeseables. Informar de todo no es la esencia del periodismo, sino saber interpretar lo que pasa en la sociedad frente a un acontecimiento que tiene trascendencia, pero previa investigación, evaluación y tratamiento adecuado.
“Un homicidio no se cuenta de una manera morbosa, sino en lo posible investigar cómo sucedió. Este es el comportamiento adecuado que deben tener los medios”.
Cita al profesor Carlos Soria cuando habla sobre el manejo de un acontecimiento violento y el medio debe tener una actitud, su deber es contarlo con un tratamiento adecuado.
2. ¿Por qué si alguien denuncia personas vinculadas con la violencia, éstas lo saben inmediatamente, exigen razones y toman represalias?
Según Jorge Mejía, secretario de Gobierno de Medellín, es una realidad que existe la percepción de que hay corrupción en miembros o sectores de la Fuerza Pública y de la Fiscalía.
De manera particular, en las comunas -dijo- es una queja reiterativa el comportamiento inconveniente de miembros de la Policía, en detrimento del afán de la comandancia de ser muy asertivos en la lucha contra la criminalidad.
Para el funcionario, esto ha generado que la gente pierda confianza en la Fuerza Pública y la institucionalidad y por ello los bajos niveles de denuncia que se tienen. De allí que se haya vuelto tan recurrente el tema de las recompensas, pues algunos, si no es con dinero de por medio, no asumen esa acción cívica.
El vicealcalde de Gobernabilidad, Luis Fernando Suárez, agregó que hace poco anunció un plan de estímulo a la denuncia, que por cada persona que lo haga y permita capturar a alguien por porte ilegal de armas gane un millón de pesos. “Es el plan desarme de la Alcaldía, hemos garantizado absoluta reserva al que denuncie”, dijo.
3. ¿Por qué nadie logra hacer nada para que no se sigan vinculando niños y adolescentes a la guerra y no continúe la explotación sexual de niñas en medio del conflicto?
Para el coronel Carlos Ayala Pacheco, comandante del Batallón de Policía Militar ciudad de Medellín, los niños y jóvenes son vulnerables a los distintos fenómenos de violencia que los convierten en víctimas y luego en victimarios. “Lo que pasa es que esos niños pasan a ser unas víctimas más del conflicto. Primero, la mayoría provienen de familias disfuncionales; segundo, tienen que convivir con las fronteras invisibles, eso los hace supremamente vulnerables a participar del conflicto, porque ellos los ven también como una forma de supervivencia”.
El oficial cree también que “si ellos no se vinculan directamente al conflicto, creerán que seguirán siendo víctimas sin posibilidad alguna de defensa. Para enfrentar el problema debe haber inversión social, también el arte y la cultura ayudan para quitarles a los niños esa mentalidad del dinero fácil, acciones que promuevan la convivencia y combatan la deserción escolar, que es un problema en Medellín”.
4. ¿Por qué las cárceles, en no pocas ocasiones, en lugar de controlar la acción de los delincuentes son el lugar seguro para que ellos planeen y dirijan las acciones criminales y terroristas?
El personero de Medellín, Rodrigo Ardila, advierte en el informe de Derechos Humanos de la entidad en 2012 que el reducido número de guardianes en cárceles como Bellavista y El Pedregal degenera en que los internos asuman el control de la cotidianidad. El director de la fundación Construyendo Nuevos y Mejores Caminos, Carlos Contreras, reparó en que menos del 50 por ciento de los presos del departamento tiene la oportunidad de redimir pena con trabajo y estudio, lo que a su juicio deja a más de 3.600 personas en una situación de ocio que no aporta a su resocialización.
“Tarde o temprano estas personas recuperarán su libertad, la pregunta es, ¿en qué condiciones y con qué resentimientos?”, consideró.
Aunque reconoce la problemática de hacinamiento y de salubridad, el director de Bellavista, capitán Luis Fernando Daza, destaca que desde el 2011 no se presentan muertes violentas en el penal.
5. ¿Por qué nadie llega al fondo de eliminar el vínculo entre narcotráfico y violencia, si, como ha dicho una fuente autorizada, el 97% de los asesinatos en Medellín se derivan del narcotráfico?
Según la Policía y el Ejército, el narcotráfico se ha convertido en el “combustible” no solo del conflicto armado, sino de las disputas entre grupos delincuenciales en las grandes ciudades como Medellín.
Los comandantes de la Policía en Medellín han coincidido en que la disputa entre combos y bandas se debe en gran parte al negocio de los alucinógenos, alimentado, a su vez, por un incremento del consumo local. Un problema de salud pública.
“El narcotráfico, por su propia naturaleza, conlleva violencia. Proviene de actividades ilícitas y quienes participan siempre se sentirán acosados y quien esté por debajo querrá ser más y tener más. En ese tipo de actividades la violencia no se puede desligar. Cualquier actividad ilegal genera violencia, recuerde cuando el tráfico de whisky era ilegal, todos se mataban por eso”, sostiene Carlos Ayala Pacheco, comandante del Batallón de Policía Militar”.
6. ¿Por qué se sigue hablando de “micro-tráfico” cuando, según datos hechos públicos por los medios de comunicación, se trata de un “negocio” que en Medellín supera los dos billones de pesos al año e involucra a un 85% de la población juvenil de las comunas?
Luis Fernando Suárez, vicealcalde de Gobernabilidad y Seguridad de Medellín, admite que muchos de los problemas de combos y bandas tienen que ver con el microtráfico y el expendio de drogas. Reconoce que “es muy preocupante el incremento del consumo de sustancias sicoactivas” y que el tráfico es un fenómeno muy arraigado, que lleva muchos años y ha mutado a formas de delincuencia complejas de combatir.
Suárez explicó que se habla de microtráfico porque es el pequeño expendedor que lleva 10 ó 15 gramos, pero que están multiplicados por muchos expendedores en toda la ciudad. “Ellos buscan un determinado territorio y es innegable que la principal fuente de recursos es esa, mueven mucho dinero”.
7. ¿Por qué no se aprovecha mejor la inversión que se hace en educación para que ésta vaya más allá de la transmisión de datos y se ocupe de lo esencial: enseñar a vivir y a convivir?
Luis Julián Salas, director de la Fundación para el Bienestar Humano, opina que uno de los retrocesos que dio el sistema educativo luego de la llegada masiva de herramientas tecnológicas, fue el de haberle restado importancia a la relación familia-escuela.
“En los años 80 hubo una política pública que fomentaba en docentes y padres el trabajo con las familias y las escuelas, como un equipo. Esa relación favorecía a los niños en su desarrollo integral como seres humanos”.
Con la tecnología, las prioridades cambiaron y el principal interés fue capacitar a los docentes en estas competencias. “Creo que esto puede explicar algunos problemas que vemos ahora en las escuelas, pues llama la atención que los padres y madres de familia están ausentes del trabajo con la comunidad educativa”.
Salas agrega que se deben seguir fortaleciendo programas que intensifiquen la educación en valores como el respeto y la educación.
“Por ejemplo, campañas de prevención al embarazo adolescente”.
8. ¿Por qué circulan tantas armas modernas y sofisticadas; quién promueve ese negocio; con qué dinero se adquieren; quién adiestra para su manejo?
El Colombiano denunció en 2012 las rutas por las cuales llegan armas de última generación a Medellín, como los subfusiles PS90 y la pistola FiveSeven, diseñadas en Bélgica y fabricadas en E.U. Son compradas en Miami y enviadas al país por aire y mar, camufladas en encomiendas. Ingresan por Urabá y llegan por tierra a Medellín. El general Yesid Vásquez, en ese entonces comandante de la Policía Metropolitana, reconoció que se captura a quienes usan las armas, pero no sus comercializadores.
Un investigador de la Dijín narra que esos artefactos son comprados por bandas de narcotráfico que están en confrontación con otras. El adiestramiento recae, en muchos casos, en funcionarios corruptos, “como el jefe de seguridad de alias ‘Kener’, que fue instructor de los Comandos Jungla de la Policía, se pasó para ‘La Oficina’ y lo mataron”.
El coronel Carlos Ayala, comandante del Batallón Militar ciudad de Medellín, reitera que ese comercio no es exclusivo de la capital paisa sino un fenómeno mundial. “Muchas se intercambian por droga”.
9. ¿Por qué persiste un índice tan alto de impunidad; dónde están la verdad y la justicia; se puede permitir una explotación ideológica o económica del dolor de los que sufren?
La impunidad es uno de los grandes males históricos que ha padecido Colombia. A juicio de José Fernando Toledo, abogado y profesor universitario de Derecho Penal, a la inoperancia del aparato judicial del país se suma la magnitud y cantidad de crímenes y perpetradores, que desborda sus capacidades.
Desde delincuencia común, crimen organizado, mafias hasta gran cantidad de guerrillas y las autodefensas involucradas en el conflicto armado de los últimos 50 años.
“La corrupción también ha permeado el sistema de justicia y en muchas ocasiones los operadores judiciales no han sido seleccionados por méritos, sino por prebendas politiqueras de los gamonales de turno”, aseguró Toledo.
El penalista considera que el problema de la justicia se agudiza en ciudades como Medellín o Cali, que en los últimos 20 años afrontaron graves casos de ilegalidad, narcotráfico y crimen organizado, que contribuyeron a formar ciudadanos timoratos, tolerantes o sumidos en el silencio y el temor.
10. ¿Por qué está tan “barata” la “vida” en Medellín, hasta permitir que con muy poco dinero y sin mayor esfuerzo se pueda contratar el asesinato de cualquier persona en la ciudad y sus alrededores?
Para el coronel Carlos Ayala, esta pregunta contiene una contradicción: “Si el nivel de vida fuera barato en Medellín, no habría gente que se prestara para matar a otros; si fuera barata la vida, el índice de violencia sería menor. La situación está ligada a la falta de oportunidades de trabajo”.
Dos exfuncionarios de la Alcaldía, que trabajaron en comunas críticas, afirman que “en el sicariato hay mucha mano de obra ‘calificada’ y pocas ofertas, por lo que se terminan haciendo ‘trabajos’ por 200.000 pesos”.
“Ellos ven a la banda como empresa generadora de empleo. Hay pelados que matan gratis o por una pequeña ‘liga’, lo hacen a manera de práctica, para que los acepten en el grupo y los tengan en cuenta en ‘vueltas’ grandes”, cuenta uno de los exservidores.
El otro dice que “hay combos que ofrecen una nómina de $20.000 semanales y a los jóvenes les toca obedecer órdenes por esa plata, incluso matar. Hay quienes matan por calmar el hambre, muchos homicidios y extorsiones los cometen niños de 13 a 16 años, a veces lo hacen a cambio de una moto o un arma”.
11. ¿Por qué mejora la infraestructura pero los niveles de pobreza no bajan; por qué decimos que la ciudad va bien y la gente está mal?
En opinión de Diego Gallo, secretario de Infraestructura de Medellín, en la medida en que haya buena infraestructura y vías se mejora la generación de empleo y el comercio y abre la oportunidad de que haya mejor calidad de vida. También a través de programas de vivienda o el de Buen Comienzo, que van alineados para mermar la pobreza. “Estoy de acuerdo con el Arzobispo en la integralidad”, dijo.
Piedad Restrepo, directora de Medellín Cómo Vamos, sostiene que como porcentaje de los gastos totales, la inversión pública es alta en la ciudad. Se pregunta si lo que se requiere es mayor eficiencia, lo que implicaría reasignar recursos. Dice que quizás invertir más en educación de lo actual o en oportunidades de empleo. Otra opción es mantener la asignación actual, pero crecer ingresos del municipio. “En esa situación nos encontramos con la actualización catastral y la respuesta de parte de la ciudadanía es rechazo. Falta discusión. Los recursos no son ilimitados y es necesario ahondar en la eficacia y la eficiencia de la inversión de los recursos municipales”.
12. ¿Por qué la violencia se ha organizado como una verdadera y omnipresente empresa, con su gerencia bien localizada, que al fin de cuentas todo el mundo acepta y respeta?
Los problemas de violencia, inseguridad y de convivencia que también generan actos violentos son estructurales de la sociedad colombiana en todos sus niveles y organizaciones y en los que todos los colombianos tienen parte de responsabilidad.
Así lo concluye Jaime Fajardo Landaeta, exasesor de Convivencia y Reconciliación de la Alcaldía de Medellín, quien atribuye gran parte de la situación actual de violencia que afronta Medellín a “un legado del crimen, el narcotráfico y una cultura de la ilegalidad que permeó toda la sociedad, desde la familia, las organizacionales sociales y políticas, los territorios y en muchos momentos, hasta la administración publica y las Fuerzas Armadas”.
Por eso insiste en que esos fenómenos son los responsables de que en Medellín hayan sobrevivido por 20 ó 25 años estructuras criminales con integrantes de dos generaciones, quienes han convertido la delincuencia en una forma de vida y una verdadera empresa criminal, que se manifiesta en sicarios a sueldo, todo tipo de hurtos, estafas, extorsiones, microtráfico de drogas.
En opinión de Fajardo Landaeta, “la gente exige al Estado inversión social, empleo y obras, pero tolera la ilegalidad, la ley del todo vale, conviven con el delito y desconfían de la institucionalidad. Por eso reitero, todos tenemos parte de responsabilidad tanto en el problema como en las soluciones”.
13. ¿Por qué si se sabe que sin la misión de la familia tal vez no sea posible la convivencia en una sociedad, no se protege de ciertos medios de comunicación, de ideologías adversas y de otros factores de riesgo esta institución natural y fundamental?
La presidenta de la fundación Amor por Medellín, Didier Vélez Vélez, comparte la misma inquietud que manifiesta el arzobispo frente a la vulnerabilidad de la institución familiar.
Para ella, Medellín se debe concentrar en construir una ciudad desde lo humano: “Tenemos que pellizcarnos, las crisis son oportunidades”, dice. Tenemos que trabajar con la familia, hay que seguir educando para la vida en familia y en comunidad. Eso implica trabajar valores como el amor, el respeto, la fidelidad, la consideración. La misión de los padres de familia es educar con el ejemplo”.
Los padres de familia deben pasar más tiempo con sus hijos, recomienda esta experta. “Promover en ellos el desarrollo personal y asumir el compromiso de educar en el amor y la justicia social. Los padres deben volver a los valores, en el hogar se debe aprender a compartir, a ser solidarios, honestos.
Didier Vélez concluye que hoy los padres se preocupan mucho por la formación académica y profesional de los hijos, cuando “deberían estar más atentos a que sean buenos seres humanos: que tengan destrezas para la vida en familia, en comunidad y en el trabajo”.
14. ¿Por qué tantos viajan tranquilos en su barco de egoísmo y de codicia, sabiendo que sin una sociedad equitativa y pacífica finalmente su barco se va a hundir?
De los 2,36 millones de habitantes que tiene Medellín, unos 455 mil viven en la pobreza, es decir que el 19,2 por ciento de la población subsiste con menos de 6.489 pesos diarios (194.696 mensuales), según la nueva metodología de medición del Dane, con últimas cifras disponibles a 2011.
Dentro de ese ejército de pobres que llenarían 10 estadios como el Atanasio Girardot, se cuentan unos 95 mil (para llenar dos estadios) que viven al día con máximo 2.922 pesos (87.672 al mes), correspondiente al 4 por ciento de la población de Medellín.
Aún así, Medellín está por debajo del promedio nacional de pobreza urbana, pero se mantiene como la cuarta ciudad del país con mayor desigualdad social, según datos del Dane presentados en mayo de 2012. El coeficiente Gini, que mide la diferencia de ingresos entre ricos y pobres, es de 0,50, donde uno corresponde a que solo una persona tiene todos los ingresos y el resto ninguno.
Ambas realidades obedecen a una deuda social histórica atada a nuevas formas de violencia, a la pérdida de liderazgo industrial y a la falta de empleo formal, a juicio de Ramón Javier Mesa Callejas, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia. “La ciudad -concluye el experto- tiene una semilla importante desde la educación, pero se requiere que logros focalizados sean masivos en una verdadera política de inclusión”.
15. ¿Por qué la Iglesia no logra con toda su acción evangelizadora una influencia más visible en la formación de las conciencias y en la reconstrucción de una sociedad moralmente enferma?
En entrevista reciente con este diario, el propio monseñor Ricardo Antonio Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, respondió que la Iglesia Católica “hace un esfuerzo muy grande de presencia, acompañamiento y servicio a todas las comunidades. En los lugares más difíciles de Medellín hay una parroquia y un sacerdote. Allí enseñamos el Evangelio, un camino para encontrarle sentido a la existencia y convivir ayudándonos los unos a los otros. Pedimos por la paz. Tenemos distintas obras sociales al servicio de la educación, el acompañamiento de los más pobres, la reconciliación entre los grupos enfrentados. Aportamos lo que podemos, muchas veces con el heroísmo de algunos sacerdotes”. Al preguntarle por la efectividad de la labor de la Iglesia para inculcarles el valor del perdón a los jóvenes, declaró: “Trabajamos en la medida de lo posible. No tenemos ni todos los recursos ni todo el personal. Nuestro gran mensaje es que entremos en la reconciliación y el perdón”. Por último, le indagamos sobre lo que estaría dispuesta a hacer la Iglesia por la solución del conflicto. “Como siempre, a colaborar en los campos específicos que nos corresponden. No en lo político, sino en lo pastoral: educar, trabajar por la reconciliación, cooperar por el desarrollo social integral, animar a la comunidad a una integración para salir juntos del problema”.