Concentración, soledad, imaginación: estas son las tres características requeridas para el hábito de la lectura, según Philip Roth, prominente escritor norteamericano que se acerca a los ochenta. Concentración es aplicación sostenida de la energía en un punto. Soledad es sustracción de la algarabía contemporánea. Imaginación es capacidad de descubrir relaciones escondidas en el texto, es navegación entre líneas.
¿Se dan estos requisitos frente a pantallas y minipantallas portátiles de la actualidad? Una cosa es que la gente lea más que antes e incluso que escriba con mayor asiduidad. Chats, trinos, correos, páginas sintéticas, han incrementado la cantidad de mensajes. Otra cosa, no obstante, es que hoy exista hábito lector.
Roth, descorazonado, es rotundo: "Las pantallas nos han derrotado. El hábito de la lectura se ha esfumado. Como si para leer necesitáramos una antena y la hubieran cortado. No llega la señal? Hemos perdido la guerra. En veinte años la lectura será un culto, un hobby minoritario".
Agrega una comparación con la poesía. "Existen poetas -dice-, se les publica, pero los lectores de poesía son una minoría". De hecho, disciplinas como la filosofía están ya fuera de circulación. Todo lo que suponga mantener atención más de dos renglones, más de 140 caracteres con espacios, constituye hazaña para pocos, aburrición, labor improductiva.
Se están levantando hornadas de analfabetos, ya no solo funcionales sino optativos. Son personas negadas al buceo intelectual y sensitivo, muchachos regalados al instante, hombres cortados por entero de la tradición culta que inspiró la marcha histórica. Esta naciente marea, incesante y urgida de vértigo, afronta la vida sin perspectiva como si esta fuera una sumatoria de corrientazos excitantes.
Desde el siglo antepasado Mark Twain sentenció, no necesariamente por haber adivinado el tamaño de esta catástrofe: "una persona que no quiere leer no tiene ninguna ventaja sobre una que no pueda leer". El analfabetismo, pues, no se define por ignorancia sobre signos sino por dimisión voluntaria de facultades milenarias.
A partir del XXI, ser analfabeta es algo más que carecer de instrucción letrada. Es caer en la ilusión de saber leer, sin leer. Leer sin leer es la ceguera contemporánea que pone en apuro la secuencia venidera de la inteligencia.
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