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Sagrada y misteriosa, así es Jerusalén

Esta antigua ciudad ha cambiado de manos y fisonomía, pero mantiene inalterable la creencia de cristianos, judíos y musulmanes, de que atravesar la muralla por cualquiera de sus puertas, es una forma de acercarse a Dios.

  • Sagrada y misteriosa, así es Jerusalén | Cortesía EFE | Jerusalén, con su historia, es uno de los sitios clave de la peregrinación cristiana. El más grandioso de los pasos a la mágica ciudad empedrada es, sin duda alguna, la Puerta de Damasco, que data de 1537.
    Sagrada y misteriosa, así es Jerusalén | Cortesía EFE | Jerusalén, con su historia, es uno de los sitios clave de la peregrinación cristiana. El más grandioso de los pasos a la mágica ciudad empedrada es, sin duda alguna, la Puerta de Damasco, que data de 1537.
11 de abril de 2011
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Visitar Jerusalén en Semana Santa es un auténtico lujo, porque dentro de la ciudad vieja, en un área de apenas un kilómetro cuadrado, se concentran algunos de los más sagrados lugares del mundo: el Santo Sepulcro y la Vía Dolorosa, adorados por los cristianos; el Muro de las Lamentaciones, lugar más sagrado para los judíos; y la Explanada de las Mezquitas, que alberga la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al Aqsa, los sitios más importantes para el Islam después de la Meca y Medina.

Estas riquezas divinas y humanas están protegidas por las bellas murallas de piedra blanca, casi cinco kilómetros de defensas de dos metros y medio de ancho y doce de alto, coronadas por 34 torres de vigilancia. Esta fortaleza está horadada por ocho huecos, puertas que a lo largo de los siglos han permitido a los peregrinos acercarse a sus dioses.

El mal sueño de Suleimán
Cuenta la leyenda que una noche, el sultán Suleimán el Magnífico (que gobernó el imperio Otomano en el siglo XVI d.C.) tuvo una pesadilla en la que era atacado por varios leones que trataban de devorarlo.

Al despertarse, debatió con sus asesores el origen del mal sueño, y uno de ellos interpretó que las bestias lo atacaban porque no había protegido suficientemente la ciudad santa. El sultán tuvo entonces claro lo que tenía que hacer y ordenó construir la muralla que a día de hoy envuelve la ciudad vieja.

"Partes de la muralla son anteriores a Suleimán, cuyos constructores utilizaron muros levantados por los cruzados, romanos o hasmoneos, entre otros", explicó a Efe la guía turística israelí Rajel Cohen, del Museo de la Torre de David, quien añadió que "Jerusalén es una ciudad construida capa a capa".

Suleimán amplió el número de puertas y ahora la muralla cuenta con ocho aberturas, aunque una de ellas permanece sellada. Hasta el año 1887, todas se cerraban al caer el sol y no volvían a abrirse hasta el siguiente amanecer.

El más grandioso de los pasos a la mágica ciudad empedrada es, sin duda alguna, la Puerta de Damasco, que data de 1537. Su nombre árabe, Bab Al Hamoud, significa "la puerta de la columna", en referencia a un monolito romano de la victoria que en el pasado se levantaba en la plaza exterior, dominada por dos majestuosas torres.

Un colorido zoco llega hasta la misma puerta, donde cada mañana los mercaderes palestinos instalan sus puestos y gritan los precios de la fruta y verduras, que van bajando según se acerca la hora de cierre.

La más controvertida de todas las puertas es, precisamente, la que permanece sellada, la Puerta Dorada, a la que muchos se refieren como la Puerta de la Vida Eterna o Puerta de la Misericordia, situada en la pared este de la ciudadela, mirando hacia el lugar por donde sale el sol.

De acuerdo con la tradición judía, ésta será la puerta a través de la cual el Mesías entrará en Jerusalén cuando regrese. El acceso es el más antiguo: data del siglo VII, del primer periodo islámico de Jerusalén, pero permanece sellada desde 1541. Según el Ministerio de Exteriores israelí, "los árabes sellaron la puerta hace siglos para impedir la entrada del Mesías", pero hay diversas teorías.

El arqueólogo Deadle explica que la puerta "está en un valle sagrado para los musulmanes, porque la tradición islámica asegura que el día del Juicio Final tendrá lugar allí. Por eso muchos fieles quieren ser enterrados ahí y se levantó un cementerio musulmán, que fue lo que motivó que se cerrase, para que la gente no pisase las tumbas".

El paso de los siglos ha visto cómo la vieja ciudadela de Jerusalén cambiaba de manos y fisonomía, pero hay algo que se mantiene inalterable: la creencia de miles de peregrinos cristianos, judíos y musulmanes de que atravesar la muralla por cualquiera de sus puertas y adentrarse en los lugares que cobija, es una forma de acercarse a Dios.

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