El tenista serbio Novak Djokovic continuó con su hechizo sobre el número uno del mundo, Rafael Nadal, de cara al Abierto de Francia, al derrotarlo ayer en la final del Masters 1000 de Roma.
Djokovic, número dos del ranquin, se impuso por 6-4 y 6-4 para ratificar su superioridad sobre el español en lo que va del año.
El serbio, que venció a Nadal en polvo de ladrillo por primera vez en la final del Abierto de Madrid el pasado fin de semana, sumó su séptimo título consecutivo.
Luego de que un retraso por lluvia le diera algunas horas extra para recuperarse de su difícil partido de semifinales ante Andy Murray, Djokovic quebró el servicio de Nadal en el octavo game.
El serbio falló en su primer intento para cerrar el set con su saque, pero luego volvió a quebrar al español con un brillante revés cruzado que le entregó el parcial.
Un ansioso Nadal presentó batalla pese a encontrarse 2-0 abajo en el segundo set, antes de que Djokovic ratificara su dominio con gran fuerza mental para obligar al mallorquín a cometer errores y sufrir un quiebre en el noveno game.
Después de pasar una pelota, Djokovic vio cómo Nadal corrió hacia la pelota pero la dejó en la red, lo que significó el cierre del encuentro. Acto seguido, el serbio se dejó caer al suelo de espaldas y liberó un grito animal para celebrar. "Está haciendo cosas increíbles. En todos los partidos es muy duro física y mentalmente", dijo Nadal.
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