Usualmente, en los planes de gobierno y en las políticas públicas poco interés suscitan las actividades forestal y pesquera. Aunque en lo forestal hay algo más de tradición de propuestas de instrumentos que en el sector pesquero, ninguno de los dos sectores tiene mayor grado de desarrollo, no disponen de una institucionalidad especializada que los estimule, los fomente y los impulse y menos aún cuentan con un paquete de políticas y recursos públicos que soporte sus desarrollos.
Lo paradójico del asunto es que la principal riqueza natural del país, en términos de la magnitud del recurso suelo y del recurso agua, está en estos dos sectores. La mayoría de las tierras del país, el 68,6 por ciento, tiene vocación forestal, muy por encima de la vocación ganadera que le sigue en importancia, con el 16,9 por ciento, y más aún de la agrícola, que es donde la disponibilidad de área es relativamente menor, con el 12,6 por ciento.
Por su parte, siempre se ha sabido que una de las grandes riquezas del país consiste en que dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, bañan nuestras costas y que, adicionalmente, dispone de una amplia red hídrica que cubre buena parte del territorio nacional. No obstante esta fenomenal riqueza natural, Colombia no es un país forestal y menos pesquero.
En materia forestal mucho se ha hablado del potencial que tiene el país, de lo importante que es detener la tala de los pocos bosques primarios que aún quedan y la necesidad que se tiene de impulsar la reforestación. Ha habido algunos programas y planes para impulsar la reforestación, también se ha tenido un precario instrumento de investigación forestal y se cuenta con el Incentivo Forestal, pero todo ello es muy inferior, en magnitud, al potencial del sector y a lo que se hace en otros sectores.
Muchas veces, rememorando los logros y las transformaciones alcanzadas por Chile en su industria forestal, en donde las exportaciones se han convertido en un rubro de gran significancia en términos de divisas, en Colombia se ha hablado de lo pertinente que resulta atraer inversión extranjera para adelantar proyectos forestales de gran envergadura que son los que tienen sentido en este sector. Algo en esta dirección adelantó el anterior gobierno, pero al final las cosas no salieron como se esperaban. Sin embargo, se alcanzaron a realizar algunas siembras promovidas desde el Estado las cuales resultan, frente a los estándares internacionales, menores. Igualmente, hay algunas iniciativas individuales a nivel de proyectos silvopastoriles.
En materia pesquera el panorama es aún más sombrío, pues aunque el antiguo Inderena adelantó algunos proyectos, estos eran de muy poca monta. Luego se creó el Inpa, institución que trató de darle mayor trascendencia al tema, pero a los pocos años la institución fue liquidada. De allí en adelante el tema pesquero no ha tenido una entidad que lo lidere y que le permita hacer parte de las políticas públicas.
En materia forestal el principal factor que se ha convertido en el nudo gordiano que no lo deja avanzar es el de la propiedad y el acceso a la tierra. Mientras este factor siga siendo utilizado más como medio de acumulación que de producción, que no se desarrolle el mercado de la tierra y que la tributación del mismo sea tan baja, es imposible conseguir alinear los incentivos de tal forma que la reforestación se convierta en una actividad promisoria. Por su parte, en materia pesquera se necesita evaluar el real potencial pesquero de Colombia y promover su aprovechamiento eficaz.
Ojalá que el nuevo gobierno les ponga atención a estos dos sectores y que hagan parte, como debe ser, de la propuesta de la locomotora del desarrollo.
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