Ya lo había dicho, la moda está de moda, y cada día hay más jóvenes con ganas de ser diseñadores, fotógrafos o editores de moda, pero algunos creen que porque les gusta ir de compras, ver revistas, ir a fiestas, llevar la cartera It, recibir regalos de marcas o criticar la apariencia de los demás, entonces la industria de la moda es para ellos. No los culpo. Hay un lado expuesto de este mundo efímero que genera esa ilusión, pero además existe una academia irresponsable que por razones económicas ofrece carreras técnicas que al final no los preparan para una realidad laboral que es escasa y que al existir una posible oportunidad en un concurso o en un trabajo es atemorizante la mediocridad. De tal manera que junto al lado glamoroso de la moda hay otro que no tolera la insuficiencia y exige preparación.
Así que si la opción es ser diseñador de modas habrá que preguntarse si además de disfrutar creando piezas, también hay una fascinación por la historia del arte para fundamentar una fantasía creativa, un encanto por la arquitectura y la ingeniería para que los pliegues, volumen y cortes sean viables y resulten tal como se pensaron, tal vez un gusto especial por la investigación, la lectura y gramática para contar de manera coherente una historia, además de una habilidad para ser gerente y financiero y no quedar en la ruina en el primer intento. Tal vez tendrá que saber de sociología y antropología para entender al consumidor de moda al que quiere llegar y por supuesto ser persistente y disciplinado porque el espejismo de la fama de una colección muchas veces se esfuma en la segunda. Finalmente, es una realidad que con una crítica no cambiará, pero que creo invita a reflexionar sobre esta industria que necesita profesionalizarse y pensarse como una carrera creativa y glamorosa.
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