No es fácil llegar a ser futbolista profesional. Pero esta expresión resulta enana al lado de la realidad.
A todos los equipos, los muchachos llegan desde 12 ó 13 años. Muchos niños lo desean pero muy pocos llegarán a serlo. "De 100, uno", dice Felipe Paniagua, gerente Deportivo del Envigado, cuya cantera de futbolistas goza de prestigio nacional. "No nos basta con que un jugador llegue a ser bueno, sino que llegue a valer millones de dólares y se venda en el exterior; de eso vivimos. Así que preferimos sacar un crac cada dos años que una camada de futbolistas del montón cada año". Y recuerda los nombres de Mauricio Molina, Jairo Palomino y Dorlan Pavón.
"El muchacho debe consagrarse antes de los 20, pues el tránsito es éste: Envigado, un club de Colombia, otro en Argentina y, después, Europa, adonde debe llegar a los 24 años".
Los más jóvenes viven en habitaciones situadas en los bajos del estadio Polideportivo de Envigado. Los mayores comparten apartamentos cercanos. Tienen cocinera y el pago de los servicios públicos por parte del club.
A diferencia del Envigado, en Nacional y Medellín el estudio sí es obligación. Víctor Luna, entrenador de inferiores del Poderoso, cuenta que de 100 que entran de 12 años, 15 llegan a ser jugadores profesionales. En el rojo, lo importante es la formación integral de la persona porque "el fútbol, como les digo a los chicos, es sólo una parte de la existencia humana", comenta Luna. La trabajadora social, María Isabel Morales Escobar, es acudiente de los pelados de casa hogar ante el colegio.
En Nacional, el asunto se parece al del Medellín: además de sacar buenos deportistas, buscan formar personas que tengan opciones diferentes a las del fútbol. Que estudien, aunque, como dice la trabajadora social Ana María Puerta, la Liga Antioqueña de Fútbol no lo exige.
En ese proceso de formación, desde categoría Pony (12 años) hasta primera A (18 ó 19 años), el verde tiene, en 2010, 198 jugadores. De ellos, 35 provienen de regiones distintas. Son quienes habitan viviendas llamadas casas club. Por lo general, acuden con el sueño de llegar a ser futbolistas, ganar mucha plata y sacar a sus familias de la miseria. Aunque es difícil sacarles esta idea de la cabeza, el cuerpo de profesionales -que incluye, además del técnico Norberto Peluffo y la trabajadora social, a nutricionista, psicólogo y médico-, mantiene tratando de cambiarles esta visión. Ellos les advierten de la necesidad de estudiar y pensar en otras actividades, porque es probable que no lleguen a cumplir ese sueño.
Pico y Placa Medellín
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