La señora es como una matrona. Se la imaginaron alta, grandotota, mona y pelicrespa. Y a veces con esa mirada suave, que convence a cualquiera.
Es la mamá de una familia, como cualquier otra incluso, que un día, por eso de salir de la pobreza, decide vender su vida privada a un canal de televisión. Protagonistas de un reality, para ser más exactos.
"Y ahí empiezan a revelar sus secretos", cuenta Diego Saldarriaga, el director. Los Berrantes es una obra de teatro que le hace "una crítica a los medios, a la tergiversación de la información y a cómo se puede llegar al punto de manipular la vida, por hacer dinero".
Una hora y media para reírse, con ocho actores en escena y un set de televisión, que es una casa completa: puerta, ventana, sillas y baño. Bueno, y un montón de ojos intrusos, detrás de las cámaras de televisión.
Miradas que van sumando audiencia a partir de una cotidianidad, absurda a veces, que ponen al descubierto las aberraciones del ser humano, pero también los problemas que pueden suceder en una familia de la vida real, con personajes caricaturizados.
"La obra recoge un poco de las familias del mundo, de su intimidad, y habla de algo que está muy de moda", añade el director de la obra, quien también lo es del grupo Teatriados, que presenta la puesta en escena hasta el mes de agosto.
Los Berrantes es original del dramaturgo chileno Marco Antonio de La Parra y lo que hicieron fue adaptarla al contexto. Fue tocada en un 30 por ciento, más o menos, sin dejar de ser una comedia salvaje, como la denominó el dramaturgo originalmente.
"Nos habla del dolor, pero permite que el público se pueda reír", expresa Diego.
Un cuadro, una fotografía familiar y una puerta que se abre. Llega el hijo mayor, hay un momento de suspenso, las luces que se conjugan con el blanco de las paredes y todo puede pasar. Como que un secreto, de esos secretos grandes que hay en las familias, quede al descubierto. Y sube el rating, pero baja la familia.
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