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Talento y riesgo se levantan sobre una tabla

MANUELA Y JUAN ANDRÉS son dos de esos pequeños saltarines que vemos en las distintas pistas de skateboarding. Pese a lo corto de sus edades son reconocidos por talentosos y disciplinados.

  • Talento y riesgo se levantan sobre una tabla | Edwin Bustamante | Manuela Molina Rodríguez, 11 años, practicante del skateboarding. Una de las chicas más talentosas para esta práctica. A la derecha, Juan Andrés Espinosa Toro es, quizás, el más pequeño y avanzado en el manejo de la tabla en Antioquia.
    Talento y riesgo se levantan sobre una tabla | Edwin Bustamante | Manuela Molina Rodríguez, 11 años, practicante del skateboarding. Una de las chicas más talentosas para esta práctica. A la derecha, Juan Andrés Espinosa Toro es, quizás, el más pequeño y avanzado en el manejo de la tabla en Antioquia.
29 de octubre de 2011
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Varias veces intentó pegarse los pies a la patineta plástica que le habían regalado. Se valía de un rollo de cinta de enmascarar que sacaba de la caja de herramientas de su padre. Tenía seis años de edad. Hoy aún recuerda que se tiraba al piso, cortaba las cintas y, una a una, las iba pegando entre los tenis y la tabla.

Pero siempre, al intentar saltar, como veía que lo hacían en televisión, trastabillaba y caía. "Por más cinta que me pegaba se me soltaba la patineta".

Era una tabla de plástico, gruesa, de cuatro ruedas y de color amarillo y verde que le había regalado una prima. Por mucho tiempo creyó que las piruetas que mostraban por la pantalla chica estaban asociadas a skaters que se pegaban los pies a las tablas.

Y Manuela lloraba, porque no le salía su invento. Pero nunca desfalleció. No entendía porqué esas tablas permanecían "pegadas" a los tenis de quienes mostraban por televisión ejecutando toda clase de giros y saltos. Y esa rabia que cogía ni siquiera se la podían sacar José y Angela María, sus padres, ni menos las reiteradas caídas, como consecuencia de querer volar sin tener alas.

Manuela Molina Rodríguez nació con una capacidad única: la terquedad y, a la vez, con un carácter fuerte que, como asegura José "apenas vinimos a verle una sonrisita a los siete años". Pero es perfeccionista. Repite, una y otra vez, cada ejercicio, porque casi nunca está realmente convencida de que el flip -un giro de la tabla en 360º a lo largo del eje del skate en dirección al talón de los pies- que realiza es el correcto o el más espectacular.

Y fruto de ello, ese tesón con que asume cada truco que prueba en el skatepark de la unidad Atanasio Girardot o en la pista de Mahalo, en la Loma del Escobero en Envigado.

"Llegamos a pensar que esa patineta que le regalaron iba a ser un juguete más; pero nunca nos imaginamos que fuera a marcarla tanto y a ser casi todo en su vida", confiesa José. Y pese a que Manuela lleva cinco años practicando la tabla, todavía siente pánico verla cuando da esos giros mortales, porque siempre los relaciona con una caída fuerte. "Cuando se lanza por un volado de esos, yo me volteo, me da un pánico el verraco; no soy capaz de verla". Ella, sin embargo parece de goma. Un salto de dos metros o más de altitud, un resbalón, una mala caída y el totazo que se siente. Pero ella, se levanta coge la tabla y como si nada vuelve a rodar. Ni un gesto de dolor.

"Un golpe es lo más natural en el skate. Y quien venga a no golpearse que mejor se olvide de esto", asegura Manuela, la chica que cursa 6° año en el Eucarístico y que dice ser una tesa no solo en la tabla sino en inglés.

Es tanta la confianza que se tiene que se atreve a señalar que, a pesar de ser una de las más pequeñas, las grandes no montan como ella. "No son arriesgadas como yo. Muchas veces les pregunto, por qué no arriesgan más en los saltos y siempre me responden que les da miedo".

Los morados que tiene, al decir de su padre, no se los llegó a hacer él en muchos años de practicar fútbol. Y no es para menos, porque el primer regalo de Navidad que recuerda fue justamente una patineta. "Ella convivió desde niña con las caídas, los golpes". Y quien más indicada para certificarlo que Angela María, su madre, quien degusta por igual, los trucos que Manuela despliega, pero a la vez, sufre cuando tiene algún traspié.

"Dicen que este deporte es muy bravo y que no es para niñas; sin embargo, lo practico porque me permite inventar, expresarme y sentirme diferente, eso sí sin perder mi feminidad", resalta Manuela, mientras su cabellera lacia ondea en el aire cuando se levanta en un intento por hacer la pirueta que más se le dificulta: el flip 360°.

Esto, para ella, más que un deporte es un estilo de vida. "Siento que es una forma de probarme a mí misma, comprobar que sí puedo hacer las cosas y que nunca me voy a rendir hasta lograrlo".

Por lo pronto, y mientras afina la técnica de cada salto o recorrido, ya sabe que el cuento del skateboarding no es de pegar los pies a la tabla, con cinta de enmascarar, sino de adherencia, que se produce por la fricción de dos cuerpos cuando se intenta que uno se deslice sobre otro.

La frase
"Son talento puro; tienen disciplina; les gusta soñar con volar en la tabla. Se divierten por igual y nunca dan por cerrado un intento por mejorar un truco"
Juan Pablo Gallego
Entrenador de Manuela y Juan Andrés

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