En su viaje a Estados Unidos, el Presidente Santos obtuvo la promesa de su homólogo Barack Obama de que por fin se acabarían las disculpas y dilaciones para la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC).
Sin embargo, ahora en plena campaña política no parece existir la misma disposición, y menos con un Presidente que aspirará a la reelección, con el impulso de la caída de Osama.
Cuando Colombia, por fin esperaba que el TLC fuera presentado al Congreso para su aprobación, el Gobierno Obama condicionó esa presentación a un acuerdo que proteja a los trabajadores de su país del impacto negativo del libre comercio, denominado Trade Adjustment Assistance (TAA).
Qué tal. O sea que los perjudicados van a ser ellos, cuando aquí los sindicatos pensaban que serían los trabajadores colombianos. No faltará también aquí esa exigencia.
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