La tragedia de la fiesta de música electrónica Loverparade de Duisburgo, Alemania, que dejó 19 muertos y 342 personas heridas, evidencia que frente a la improvisación y negligencia nadie está libre de una desgracia de esta naturaleza, pues ocurre aún en países que se supone deberían contar con una excelente organización y controles. El pueblo alemán no sólo está consternado sino indignado, pues al parecer la Alcaldía había sido advertida de las deficiencias del plan de seguridad, y no hizo nada al respecto. Que este doloroso caso nos sirva de ejemplo en Colombia, y en especial en nuestra ciudad donde se realizan eventos multitudinarios, para que las autoridades tomen todas las previsiones posibles y ejerzan el máximo de vigilancia en el cumplimento de las normas exigidas para la realización de espectáculos masivos de gran afluencia. Lo que está en juego no es de poca monta, es la protección de los ciudadanos, su vida misma.
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