Ellos empezaron con unos cuantos que sabían que a la una, muy en punto, los sonidos de siempre del grupo Suramérica estarían repartiéndose por el parque El Poblado.
Después fue la música la que hizo que los curiosos se sentaran alrededor de la rotonda, donde los árboles le hicieron juego a la sombra.
Y aunque comenzaron muy tímidos, con uno que otro aplauso, mientras más gente llegaba, más duro sonaban las palmas y las voces. Después de cinco canciones ya había alboroto de concierto, con unas mal contadas ochenta personas.
Tal vez fue cuando sonó "cambia todo cambia. Cambia, todo cambia", que la gente se despachó a cantar y a seguir el ritmo con las manos.
Así le pasó a Amelia Sánchez , que no tenía ni idea de que Suramérica estuviera de concierto. "Salí de misa y escuché esa música preciosa y me quedé, afortunadamente", dice sin dejar de mirar a los artistas, que bajo una carpa montaron todo su espectáculo.
Amelia no sabía nada de la banda, que ya tiene 36 años de historia, salvo que existía alguna llamada Suramérica, quizá, y ella pensaba que era del Perú. Estaba encantada, cantando los covers y escuchando las canciones propias. Finalmente no se aguantó y compró el cd.
La intención
Ya habían pasado varios toques y habían llegado más asistentes, cuando Carlos Mario Londoño, el líder de Suramérica, contó que el espectáculo lo hacían como cierre de la Semana de la Juventud. También para darle fuerza cultural al lugar.
"Siempre será una alegría cantar y tener la fortuna de hacerlo. Queremos compartir nuestros sueños en esta semana y convidar a los jóvenes a construir un país desde la poesía, la música. Queremos construir espacios públicos para la convivencia".
Entonces recordó que lo que ellos hacen algunos lo llaman canción inteligente, otros canción protesta y unos cuantos más, canción mamerta. Y, con una pequeña sonrisa, añadió, que si era para seguir soñando, cantándole a la solidaridad, a la libertad y al país que aman profundamente, seguirán siendo mamertos. Y felices.
El final
Los que decidieron acercarse a tener un inicio de tarde con música, coordinaron su gusto en las canciones, porque eran distintos: había familias con niños, personas solas, parejas, jóvenes y adultos, con ropa casual o más elegante. Todos sentados en las escalas y en el piso.
Margarita Durango, por ejemplo, llegó porque le encanta el grupo y sabía del concierto. "Me gusta mucho Suramérica y la canción social me parece muy bonita".
No fue distinto lo que le pasó a Sebastián Isaza , que vive a la vuelta de la sede del grupo. "Para el próximo concierto falta mucho y quería verlos en escena. Ellos son un grupo genial, consecuentes con lo que hacen, y como amigos son excelentes".
Así, entre canción y canción fueron pasando noventa minutos y un poco más. Porque la emoción dio para que el domingo fuera diferente. Más musical, más reflexivo, más social. Más cantadito.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8