El dolor que se prolonga en el tiempo, la angustia diaria de una búsqueda incansable y un duelo que nunca llega son las explicaciones de las personas que han desarrollado enfermedades graves y hasta terminales para asociarlas a la desaparición forzada de un ser querido.
No hay estudios científicos concluyente sobre estos casos, pero los casos de personas que hasta el momento de la desaparición eran saludables y luego cayeron enfermas se repiten uno tras otro en las miles de familias que viven esta tragedia.
Cáncer, problemas cardiacos y respiratorios son algunas de las graves enfermedades que padecen un gran número de víctimas. Muchas han perdido la vida sin el consuelo de hallar a su pariente.
Tres historias nos recuerdan las secuelas de este delito de lesa humanidad de grupos ilegales y algunos agentes estatales.
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