Beatriz Viana inicia sus clases de tecnología con una reflexión. La profe lleva siempre a las clases una lectura y en algunas ocasiones los estudiantes también lo hacen.
La Federico Carrasquilla, institución ubicada en el Popular 1 de la Zona Nororiental, cerca de la estación Andalucía de metrocable fue en una época un recinto con líos. Según Arleison Arcos, el rector, la situación conflictiva del barrio en los años 90, se vio reflejada en la institución.
Hoy no es así. La disciplina y la convivencia han dado un giro en los últimos años y el mejoramiento en la parte académica es un reto por el que se trabaja.
En 2006, en una sola semana, se podían presentar hasta 18 agresiones físicas, comenta Jorge Villa coordinador del bachillerato. La mayoría eran protagonizadas por las mujeres.
El embarazo adolescente fue la otra piedra en el zapato para las directivas. En el año 2007 hubo 48 niñas embarazadas, cifra que alarmó a los coordinadores y profesores.
Con una idea en común, docentes y administrativos iniciaron un proceso para superar las dificultades y rescatar la institución.
Estefanía Arboleda está en séptimo y ya conoce los peligros de las ETS. En repetidas ocasiones ha recibido charlas dictadas por enfermeros que llegan desde el centro de salud Popular 1 para enseñarles a los alumnos sobre métodos de anticoncepción y enfermedades.
De la sinceridad depende la sanción. Con ese ejercicio se controlan las agresiones. Para el rector, el procedimiento implica diálogo y el reconocimiento del estudiante sobre el conflicto que propició.
Sentido de pertenencia
Con la ayuda del Instituto Popular de Capacitación se adelantan además, programas de fortalecimiento de la convivencia escolar.
El vocabulario y los daños a la institución son aspectos que se trabajan. Según Beatriz, en clase procura inculcar a los jóvenes el sentido de pertenencia por los recursos del plantel. Por eso las sanciones por indisciplina incluyen limpiar los rayones de las paredes o el aseo del salón.
Los resultados son positivos, según Arleison. De 40 sillas dañadas en un mes han pasado a dos.
La idea firme fue la de llegar hasta los estudiantes por medio del diálogo, haciéndoles ver que su condición económica y su estrato no se traduce en personas sin futuro. Por el contrario, pueden llegar a ocupar buenos puestos en la sociedad.
Para Jorge es un orgullo que de la institución se hayan graduado personas con historial de violencia en el barrio y que, actualmente, sean estudiantes de la universidad de Antioquia, Nacional, el Esumer, el ITM y el Politécnico.
Demostrar la importancia del estudio, no fue fácil, sobre todo porque había que venderles la idea también a los padres. En ocasiones a las reuniones citadas llegaban no solo unos pocos, sino en pijama, un síntoma claro de cómo se encontraba la institución.
De un grupo de bachilleres, el 70 por ciento eran los primeros en graduarse en su familia. Según Jorge los padres no estaban comprometidos con el estudio de sus hijos. No sabían propiamente para qué servía, dijo.
Que todos los bachilleres presenten el Icfes y se inscriban a la universidad, es uno de los logros que destaca el rector. El 85 por ciento de ellos continúan sus estudios después de concluir el bachillerato.
La institución posee dotación en tecnología. Con 60 computadores para los estudiantes y 18 para la comunidad, tienen la oportunidad de acceder a los equipos para su estudio.
El cambio es radical: estudiantes preocupados por la universidad, jóvenes que quieren consultar en Internet y que se inquietan por un futuro mejor.
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