En La Raya y otras zonas de Itagüí la gente conoce el terror que inspiran los combos allí enfrentados y la impotencia de no encontrar alternativas de vida digna y segura.
El desprecio por la vida y los derechos del otro ha obligado a numerosas familias a abandonar Itagüí con lo que tenían puesto el día de la advertencia final de muerte.
Lo que sucedió la noche del pasado jueves en La Raya, en una cuadra que parecía alejada del conflicto, es desconcertante. Los asesinos descendieron de un taxi y luego dispararon sus fusiles contra los presentes y las fachadas de las casas. Murió una niña de 15 años. Dos jóvenes más quedaron heridos. La gente buena de Itagüí clama protección, sueño que parece lejano.
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