Las guitarras sonaron, solas en el escenario. Apareció caminando con su gorra de siempre, o como dice su canción, "que no es lo mismo, pero es igual". Y se sentó, sumó su guitarra y de pronto, su voz que se viene con "en el claro de la luna// donde quiero ir a jugar// duerme la reina fortuna//que tendrá que madrugar", casi al unísono de los gritos y los aplausos y el "Silvio, Silvio, Silvio" del público.
La primera canción y entonces un "Buenas noches Medellín. Muchas gracias a todos por decidir pasar y dedicar un ratico de sus vidas a nosotros". Lo dijo suave y serían casi sus únicas palabras, junto a un muchas gracias repetido tras varias de sus canciones.
Silvio Rodríguez cantó en Medellín, y no solo. Lo hizo con las voces de todos esos, jóvenes y más grandes, que se sabían casi todo lo que cantó. Fue cerca de una hora y media con su guitarra, con su voz, pasando por Sueño con serpientes, La gota de rocío, Canción del elegido, Playa girón, Pequeña serenata diurna y otras más, hasta llegar a La Maza . Cantaron hasta los que estaban montados en los árboles y hasta gritaron los que tumbaron la valla, en la segunda canción, para acercarse a Silvio. Dijo adiós y le pidieron otra, que ojalá fuera Ojalá.
Se escuchó fuerte, durísimo, con los pulmones a toda. Se fue, moviendo la mano, desapareciendo del escenario. Se iba Silvio sin cantar el famoso Unicornio azul y la súplica que no se fuera. La voz por última vez en el escenario y los aplausos, el no lo puedo creer de muchos, el sonido de las guitarras acústicas, de la flauta y de la batería que se fueron apagando con la voz "mi unicornio azul se me ha perdido ayer// se fue... ".
Sin embargo, Silvio no fue el único en el escenario. El concierto lo abrió el uruguayo Jorge Drexler, quien con la diversidad de instrumentos, como trombón, saxofón, percusión, marimba, trompeta y bajo, anticipaba lo que sería también un canto al amor, a la naturaleza, a la globalización, al papel de hombre a la sociedad.
La noche la cerró León Gieco, con sus canciones que se han convertido en himnos de paz.
Fue una noche de poesía, donde la canción fue la protagonista. No hubo artificios, ni luces estridentes, ni bailes para distraer a la audiencia. Fue la palabra hecha canción, la que se ganó los aplausos.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8