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Cuestiones del querer y del amar, a propósito de amor y amistad

Reflexiones, citas y más sobre ese tema del que casi todos decimos ser expertos: el amor. ¿Si sabremos algo?

  • Reflexiones del escritor y columnista Sergio Molina sobre el amor, a propósito del día del amor y la amistad que se celebra en todo el país. FOTOS Magnific y cortesía
    Reflexiones del escritor y columnista Sergio Molina sobre el amor, a propósito del día del amor y la amistad que se celebra en todo el país. FOTOS Magnific y cortesía
hace 10 horas
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Por Sergio Molina
*Colaboración especial

El maestro preguntó:

—¿Cuál es el sentimiento que más une a las personas?

—El amor —respondimos en coro.

—El odio —advirtió el experto—. Ningún sentimiento hace que una persona se nos meta tanto en la cabeza —agregó—, incluso más que el amor.

Ello, ilustró la ligereza e ignorancia con la que interpretamos los sentimientos. El amor, tema del que casi todos decimos ser maestros; se queda en el olvido, en concepto vago o en praxis pasional e instintiva. Vale la pena aprender sobre él, aunque, quizás y como dijo Erich Fromm (1900-1980), en El arte de amar, “el amor no es un sentimiento fácil para nadie”.

La escuela del amor

La pregunta, ¿quién y dónde aprendimos a amar?, nos deja a medias. En algunos casos, para bien o para mal, nos valemos del testimonio de papá y mamá. Sin embargo, la historia da cuenta que hubo una Universidad del amor, fundada, por Leonor de Aquitanía (1122-1204), Reina de Francia y casada dos veces. Las “cortes del amor” que creó, destacaban el amor cortés, estableciendo el cortejo como arte. En la posmodernidad, extrajimos modelos de la literatura, el cine y los modos amorosos de novelones mexicanos y venezolanos y de las películas de Disney, con princesita en la torre, rescatada por un príncipe de mentón y maxilar delineados.

Abelardo y Eloísa, ilustraron el amor imposible. El cantar de los cantares, homenaje al amor, “que si encuentran a mi amado... ¡Díganle que estoy enferma de amor!” (cuarto canto), P Neruda (1904-1973), inspiró en Cien sonetos de amor, “De noche amada, amarra tu corazón al mío”. En la contemporaneidad el cantautor Jorge Drexler (1964), dice, “uno solo conserva lo que no amarra,” (Mi guitarra y vos) y cuando el desamor y el cansancio aparecen, Pablo Milanés (1943-2022) dedica, “Y ahora ves lo que pasó, al fin nació. Al pasar de los años, el tremendo cansancio que provocó ya en ti,” (Para vivir).

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¿Amor o apego?

Muchos dicen sentirse enamorados, sin embargo, aparece aquí la advertencia del teólogo, investigador y escritor Antioqueño Hernando Uribe Carvajal (1934), en cuanto a no confundir amor con apego. Para el también sacerdote, el apego, es contrario al amor, invitando a discernir lo uno de lo otro.

¿El amor se acaba?

“Al principio el amor se parece a un perro, pero es como un gato”, Rafa Pons (1978), cantautor español, ¡vaya que acertó! El enamoramiento conlleva a efusividad y zalamería y con el tiempo, termina comportándose con reposo e independencia. Los amantes intentan eternizarse con juramentos, votos, canciones, poemas y obsequios, sin embargo, el embeleso dura de 6 meses a dos años según la ciencia, cuando el coctel neuroquímico del amor, disminuye. No obstante, tranquilos, es un proceso de normalidad del amor, lo que sigue, es un amor estable y consistente, más que acabarse, el amor se transforma y estabiliza.

¿Puedo amar a dos al tiempo?

Aunque hoy se promulguen, parejas simultáneas y relaciones abiertas, viene a bien entender que el amor es una experiencia a partir del influjo moral, religioso y social. En tal sentido, el relacionamiento y las reglas del juego, son constructo personal y cultural. Un psiquiatra planteaba que, “para ser infiel, se requería una arquitectura mental que no permitiera contradicción y arrepentimiento posteriores”. Ante la tentación de amar simultáneamente, pensemos bien a qué nos referimos, quizás lo que haya de por medio, sea admiración temporal, atractivo físico o apego, de ahí en más, no necesariamente es amor.

¿Y los malditos celos?

JL Marión, sobre los celos, en El fenómeno erótico, dice que se resumen en, “prefieres a otro, antes que a mí”. Marcel Proust (1871-1922), en, En busca del tiempo perdido, los define como “una patología secreta, humillante y vergonzante”. Inseguridad, dice la psicología, patología, asevera la psiquiatría, rasgo de dominación, conceptúa la sociología. En todo caso, suelen ser inconfesados y llevarse en el bolsillo de atrás, “¿celos yo?, ¿nunca!” Cita Giula Sissa (1954), en Celos, Una historia cultural, vemos los celos como un asunto gracioso, pero, “En cuanto se los toma en carne propia ... se vuelven totalmente otra cosa”. Eso sí, nunca consideremos los celos como una demostración de amor.

¿Amor o amistad?, ¿al fin qué?

Los griegos hablaban de, Eros (romántico), Philia (fraternal), Agápē (altruista), Storge (familiar) y Philautía (propio) J, L Borges (1899-1986), destaca que, “la amistad no necesita frecuencia, mientras que el amor está lleno de ansiedades y dudas”. Los amigos no se sexualizan ni se exigen fidelidad. En nuestra cultura, a veces medimos la calidad de amistad, por la utilidad que nos representa (cómo lo sugirió Aristóteles), ello disfrazado de lealtad. La amistad posmoderna, frecuentemente acude al usufructuo del otro-utilitarismo.

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El aludido amor propio

La valoración y estima, son dialogo personal. La posmodernidad nos ha hablado de autoestima, ello no está mal, sin embargo, se ha dejado el concepto, librado a su suerte, al punto de que a muchos se les vaya la mano en megalomanía o narcisismo. Byung-Chul Han (1959), advierte en La agonía del Eros, que “El narcisismo no es ningún amor propio. El sujeto del amor propio emprende una delimitación negativa frente al otro, a favor de sí mismo”. Una buena relación con sigo mismo, parte de lo elemental conocer-nos, explicar-nos, no justificar-nos, admirarnos en una justa proporción.

Dios como amante y amado

Amar, es relacionarnos, en la Visión cosmoteándrica, Raimon Panikkar (1918-2010), plantea relación con Dios, los demás, el cosmos y consigo mismo. Juan de la Cruz (1542-1591), no lo pudo decir mejor, “ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio; que ya sólo en amar es mi ejercicio” Cántico espiritual. Como si fuera poco, Maximiliano Kolbe (1894-1941), al ser retenido por los nazis, dijo a sus compañeros de orden: “no olvidéis el amor”, vaya templanza y sensibilidad. El sufismo, dimensión mística del islam, exalta la experiencia directa con Dios a través del amor y la purificación del corazón, “mantener el corazón despierto, limpiándolo, para que solo albergue la presencia divina”.

El amor en la posmodernidad

El amor, es urgencia vital, aunque se manosee y no sepamos definirlo, teniendo relaciones sin nombre (Amigos, amigovios, con derechos, ocasionales, fletes). Zygmunt Bauman (1925-2017), en Amor líquido, plantea el temor actual de tener relaciones duraderas, estableciendo relaciones de fácil acceso y salida, expone, “una relación, le dirán los expertos, es una inversión como cualquier otra”, esfuerzos, ganancias y pérdidas. Las citas en línea y mediante plataformas revalúan el flirteo tradicional, una especie de amor experimental, del que pueda replegarme- no por riesgo, sino por aburrición. Alain Badiou (1937), en Elogio del amor, evidencia, hoy día se busca un amor “seguro-contra todo riesgo”.

¿Cómo amamos los colombianos?

Enamorarse es una imposición social, aquí y en todo el mundo, un afán por evidenciarnos deseables, amables, –dignos de ser amados–. Los colombianos, en el país de la pasión, mal entendemos los amores y los representamos con violencia intrafamiliar, control y cosificación. El machismo, impone modos patriarcales que someten y relegan a la mujer como posesión. Nos falta experticia amorosa, cometemos actos de intolerancia entre compañeros de trabajo, vecinos y transeúntes.

El amor no existe

Me gusta inquietar con la sentencia de, “¡el amor no existe!”, pero agrego, “¡existen lo amantes que, a su vez, hacen existir el amor”. Símbolos como la argolla que significa eternidad, la flor, el corazón, el beso, la caricia, la serenata y el cuidado, hacen notar el amor. Al amor póngale amistad-conversación y en la amistad compórtese amorosamente-con respeto. El amor, es el tema de temas, y amar el modo de modos. Ya no se dice nada o muy poco de él. Quizás, como afirma JL Marión, “es mejor ese silencio, de tanto que lo maltratamos o lo traicionamos”. Hay amor, porque hay amantes. ¡Que viva la celebración que nos recuerda que estamos en relacionamiento, queramos o no!

Sobre el autor

Sergio Molina (Colombia 1971). Doctor en filosofía UPB, Postdoc Universidad Autónoma De Madrid, Pontificia de Salamanca y Algarve en Portugal. Magíster en Gobierno público y Magíster en Filosofía. Su línea de investigación ha sido la de “Pensar los sentimientos”, entre ellos el Amor, La Dignidad y La Esperanza. “Razonamorate”, la necesidad de pensar el amor (Penguin),“Me Voy”, un ensayo sobre el desamor (Universo de letras), Ellas (Stilo) y su más reciente obra, ¿Qué es esto que está en mi cabeza? (Intermedio), lanzada en la reciente Fiesta del libro en Medellín y que recopila malestares posmodernos que necesitan ser nombrados. Columnista y colaborador de periódicos y revistas internacionales de filosofía como Filosofía&co y Ethic. Su desafío académico ha sido el de enseñar a pensar los sentimientos especialmente, el amor.

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