Asesinaron a disparos a un hombre en un taller de motos en el Callejón de Julio, de la vereda El Ajizal de Itagüí, en la tarde del martes 26 de mayo. Después del asesinato, el victimario salió corriendo y fue perseguido por el dueño del taller. Viendo esto, el criminal siguió disparando y logró huir.
Es el quinto crimen en solo diez días en el corredor de las veredas El Ajizal, Los Gómez y El Porvenir, consecuencia de una guerra entre la banda El Ajizal y un grupo que trabajaba para esa organización criminal, conformado por ciudadanos venezolanos, pero que hace tres meses decidió independizarse. La disputa tiene su origen en la búsqueda del control del microtráfico y las extorsiones.
Entre las víctimas de los días previos están Cristian Camilo Úsuga Higuita, un joven conocido como La Chinga, y Norelkis del Carmen Cepeda Blanco, una mujer venezolana de 26 años y madre de tres niños que fue asesinada en la puerta de su casa en El Porvenir.
Cada crimen provoca una retaliación, y la lista sigue creciendo. La octava víctima cayó en el Callejón de Julio, donde también resultó herida otra persona. Para dimensionar la gravedad del caso, en Itagüí fueron asesinadas 11 personas en 2025. En 2024 la cantidad no superó los 15 y para 2023 apenas ocurrieron 13 hechos. Este año, ya se cuentan 10 homicidios en el municipios. Estas cifras serán superadas próximamente, a menos que haya una intervención drástica en este sector.
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Aunque la violencia se intensificó en los últimos días, las autoridades establecen que la confrontación comenzó en febrero, cuando el grupo disidente buscó separarse de la banda El Ajizal. En marzo, esta ruptura se habría dejado clara con el asesinato de Samir Isaac Yepes Figueroa, joven de 15 años, quien desapareció el 18 de marzo y al día siguiente fue encontrado enterrado y envuelto en un costal de un cafetal ubicado en el sector El Beneficio.
Según relatos de habitantes del sector dados a Noticias RCN, el mando principal de la banda El Ajizal no tenía conocimiento de este crimen, por lo que habría sido en manos del grupo rebelde: “se dieron cuenta de que fueron los venezolanos los que cometieron ese hecho atroz sin pedir permiso”, afirmó un habitante del sector a dicho medio.
La comunidad, atrapada
La ola de violencia llevó a que la Policía recomendara cerrar los establecimientos a las 8 de la noche. En redes sociales también circularon publicaciones que hablaban de un toque de queda para los jóvenes desde las 10. Un habitante del sector contó que los enfrentamientos interrumpieron incluso la eucaristía: “El padre tuvo que parar la misa; se armó una oración por lo que estaba sucediendo”.
“El ruido de los disparos fue muy fuerte. Todo el mundo salió a esconderse”, relató otro vecino del Callejón de Julio tras el ataque del martes. Los comerciantes dicen que el cierre nocturno los está golpeando económicamente, y que viven con miedo de abrir sus negocios.
Walter Betancur, concejal de Itagüí, llamó a actuar: “La gente no puede sentirse agobiada ni con miedo. El comercio está sufriendo. Alcalde, lo invito a que haga una intervención integral en el municipio, en ese sector, porque ya esto está pasando a otras veredas donde también tienen miedo y zozobra”.
La respuesta institucional
Un helicóptero de la Policía Metropolitana sobrevoló Los Gómez, El Porvenir y El Ajizal durante el fin de semana. En tierra, patrullas con sirenas recorren diariamente las vías rurales. Investigadores judiciales y uniformados de otras estaciones del sur del Área Metropolitana reforzaron sus operativos.
El general Henry Bello, comandante de la Policía Metropolitana, explicó: “La confrontación inició desde el mes de febrero. Por eso colocamos todas las capacidades institucionales, nuestras especialidades, un componente especial liderado por nosotros, y por eso ya hoy tenemos las órdenes de captura. Nos corresponde materializarlas en vía pública y en allanamientos que ya están ordenados por la Fiscalía”.
La Alcaldía de Itagüí no se pronunció oficialmente sobre medidas para recuperar el control territorial hasta el cierre de esta nota. En redes sociales, la administración se limitó a señalar que “la Policía Nacional, el Ejército Nacional y demás entidades siguen trabajando constantemente por la seguridad”.
Una guerra anunciada
”Esta es la crónica de unos eventos anunciados desde el año 2019”, escribió un habitante en redes sociales. El grupo criminal El Ajizal no es nuevo en el territorio. Según un reportaje de EL COLOMBIANO y Revelaciones del Bajo Mundo publicado en 2020, la banda llevaba más de diez años delinquiendo y tenía un control afianzado en la zona. Su prontuario incluye narcotráfico, sicariato, extorsiones, pagadiario, desplazamiento forzado y loteo ilegal de predios en áreas de invasión.
Un ejemplo de ese dominio: ante la falta de rutas de transporte público en la vereda, un grupo de chiveros cubría la demanda de la comunidad. La banda empezó a cobrarles una cuota extorsiva. Uno de los conductores, que presuntamente se negó a pagar, fue amedrentado con golpes, disparos e incendio de su vehículo. Cuando denunció, lo asesinaron. Ese fue uno de los 24 homicidios registrados ese año en la zona.
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Desde meses antes de la escalada actual, ya se advertían reacomodamientos y disputas internas en el grupo como posibles detonantes de una nueva ola de violencia.
Ocho muertos en diez días. Comercio cerrado desde las ocho de la noche. Misas interrumpidas por los disparos. Las veredas El Ajizal, Los Gómez y El Porvenir viven hoy las consecuencias de una disputa que tiene hondas raíces y sigue creciendo.
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