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Metal Medallo, una exposición para viajar en el tiempo

La exposición, que recorre los 10 años más intensos del desarrollo del Metal en la ciudad, estará abierta en la Biblioteca Pública Piloto hasta la última semana de julio.

  • Juan Diego Parra-Valencia también investigó el chucu chucu, como se denominó la música tropical bailable hecha en Medellín. La investigación está consignada en el libro Deconstruyendo el chucu-chucu: Auges, declives y resurrecciones de la música tropical colombiana. Camilo Suárez.
    Juan Diego Parra-Valencia también investigó el chucu chucu, como se denominó la música tropical bailable hecha en Medellín. La investigación está consignada en el libro Deconstruyendo el chucu-chucu: Auges, declives y resurrecciones de la música tropical colombiana. Camilo Suárez.
Sara Kapkin

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hace 1 hora
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Hasta la última semana de julio estará abierta –con entrada libre– la exposición Metal Medallo en la Biblioteca Pública Piloto, una muestra que recorre los años más intensos (1983-1993) del Metal, en Medellín, que fueron también los años más convulsos y violentos de la ciudad, y se tradujeron en ese sonido tan propio y singular del metal local.

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Metal Medallo. Si vis pacem, parabellum (si quieres paz, prepara la guerra) es un recorrido por los 10 años más turbios de la historia reciente de Medellín, declarada durante la década de 1980 como la ciudad más violenta del mundo, a través de sonidos telúricos que evidenciaron el terror psíquico y emocional de una sociedad que parecía extinguirse. El Metal Medallo nació como forma expresiva del caos irreversible de la ciudad, vaticinando su propia destrucción, anunciando no solo una inminente catástrofe, sino denunciando rabiosamente los procesos continuados de exclusión por parte de una sociedad intolerante que se negaba a aceptar la diferencia”, dice el texto curatorial.

La exposición es resultado de una investigación de cerca de cinco años del profesor Juan Diego Parra-Valencia, que quedó consignada en el libro Metal Medallo y en una serie documental que lleva el mismo nombre. La muestra, en la que también participó Román González –comunicador, administrador cultural y metalero–, es un trabajo casi de arqueología, donde la historia se cuenta a través de objetos: instrumentos, discos, casetes, amplificadores, fotos, boletas de conciertos, mapas, videos, recortes de prensa, entre otras cosas.

“Aquí los objetos mismos cuentan una historia, dan cuenta del pasado, recogen esa intensidad afectiva, porque para que el objeto esté acá, alguien lo tuvo que haber conservado desde entonces”, dice Juan Diego.

La historia que se cuenta es la del Metal Medallo, un momento específico en el que se articularon un sonido que venía de afuera, un contexto aterrador y la potencia de una generación de jóvenes que, sumando todo eso, terminó por crear su propio subgénero del metal, retratando una ciudad que parecía que se destruía y se reconstruía a la misma vez.

La exposición empieza con una pequeña sala que recrea el ensayadero de Luis Emilio, donde se concentraron todas las bandas de la ciudad entre el 86 y el 91. Ahí ensayaron los grupos que luego hicieron parte de la banda sonora de la película de Rodrigo D. No Futuro, ahí mismo está la batería que sale en la película, que primero perteneció a un grupo de música tropical de los años 60. También está la guitarra eléctrica fabricada por Fernando Correa ‘Nando’, luthier y guitarrista de Profecia y Sacrilegio, que también fue usada para la banda sonora de Rodrigo D.

De ahí se pasa a la Batalla de las Bandas, el acontecimiento fundacional del Metal en Medellín. Está uno de los torniquetes que se usó ese día para registrar el ingreso de la gente; le sigue una cronología de la década elaborada a partir de algunos de los eventos más importantes del Metal Medallo, hay una boleta por cada año, y se acompaña de recortes de prensa y fotografías que dan cuenta de lo que vivía la ciudad en esos años, los petardos que la destruían de a poco, el Metro y otras obras que empezaban a construirse pensando en un futuro distinto.

La exposición es como entrar en un túnel del tiempo, dijo Mauricio Ochoa –recordado en la escena metalera por el fanzine Diabolic Force, entre otras cosas–. Es volver a esa ciudad a veces tan olvidada, tan aborrecida, a un tiempo donde la música se hacía y se vivía distinto. Un tiempo sin redes sociales, sin plataformas. El Metal traza su propio mapa de la ciudad, dibuja un paisaje propio.

“La idea es que sea una experiencia inmersiva, que quien entre pueda habitar esa época a partir de muchos datos que requieren además mirarlos de manera detallada y con calma. Esta música no es algo desligado de un proceso social, pero a la vez tiene una historia propia que contar, porque no estamos hablando de un género específico que surgió en una época, sino cómo ese género musical fue una manifestación de la época misma. Ser metalero en Medellín en esos años era un acto de valentía que daba mucho honor porque había mucha persecución y coincidía con tipos de rebeldía que muy pocos jóvenes se atrevían a asumir: la religión, la autonomía”, dice Juan Diego.

“Metaleros de Medallo! Energía Total! Esta es la verdadera expresión de nuestra realidad... Nuestra realidad!! Ninguna realidad de la USA. No Inglaterra, No USA, COLOMBIA!! ¡Metal o morir!! ¡Hijueputa!!”, dice el manifiesto metalero que se lee en la exposición.

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La exposición da cuenta de ese proceso de enraizamiento del metal en Medellín en esos años de violencia y transformación y cómo eso se traduce en un sonido, en un Metal propio, el Metal Medallo, el Ultra Metal, porque esa música contiene a la ciudad tal como la vivieron los jóvenes que se identificaron con esa estética oscura, misteriosa, rebelde y estruendosa, que fueron marginados y perseguidos, pero que encontraron su lugar. “Metal Medallo: Metal con M de música, con M de muerte, con M de Medellín”.

Actividades de la exposición

Junio 11: Concierto Cantos del subsuelo. Arreglos corales para canciones de Reencarnación, con la interpretación del Ensamble Coral Macondo. En el Auditorio Torre de la Memoria de la Biblioteca Pública Piloto, en el barrio Carlos E. Restrepo a las 6:00 p.m.

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