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El país entra en su peor tensión en años, entre una grave devaluación y una prevista deuda.
El gobierno de Mauricio Macri suma otra crisis que lo deja en su peor momento desde que asumió la presidencia de Argentina en 2015.
Además de los sindicatos protestando en las calles de Buenos Aires y otras ciudades por su programa de impuestos y austeridad, y con un peso devaluado al 20 % desde diciembre de 2017, acudió ayer al Fondo Monetario Internacional (FMI), a pedir un préstamo de 30.000 millones de dólares, y así paliar la amenaza de una debacle económica que despierta en los argentinos el amargo recuerdo del “corralito” de 2001, una medida económica impuesta por el Gobierno de Fernando de la Rúa, que buscaba evitar que el dinero se fuera de Argentina y por lo tanto, cada ciudadano no podía sacar más de 250 pesos a la semana del banco.
“Somos de los países que más dependemos del financiamiento externo, producto del enorme gasto público que heredamos. Frente a esta nueva situación y de manera preventiva, he decidido iniciar conversaciones con el FMI para que nos otorgue una línea...