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Los libros sin fronteras de Perú

  • Alfredo Mires lidera el Proyecto de Bibliotecas Rurales en Cajamarca desde hace 40 años. FOTO cortesía biblioteca nacional
    Alfredo Mires lidera el Proyecto de Bibliotecas Rurales en Cajamarca desde hace 40 años. FOTO cortesía biblioteca nacional
Por juliana gil gutiérrez | Publicado el 06 de enero de 2019

Que ni los montes, los caminos de herradura, ni los kilómetros de distancia sean una frontera para la lectura. Que los libros viajen entre montañas, pasen por cuantas manos quieran tocarlos y sus páginas se arruguen de tanto hojearlos. En Perú los libros viajan entre campos, a lomo de mula, si se quiere, o a las espaldas de un voluntario que los carga a cuestas para llevarlos entre las comunidades más apartadas.

Esa es la meta del Proyecto de Bibliotecas Rurales en Cajamarca (Perú), una iniciativa creada por un sacerdote inglés y que el próximo marzo cumplirá 48 años de llevar libros a las áreas rurales de esta ciudad ubicada en medio de la Cordillera de los Andes.

La iniciativa, que está dirigida a las comunidades de la Sierra Norte, ahora cuenta con la participación de 500 comunidades (lo que en Colombia se conocería como veredas) y 600 voluntarios quienes trabajan por crear bibliotecas campesinas, donde los libreros son elegidos en asamblea comunitaria y de manera voluntaria.

Funcionan en las casas y los libros se canjean, se llevan de un lado a otro caminando con el fin de que cada vez más personas puedan gozar de ellos. Un concepto de biblioteca totalmente rural y adaptada a su entorno.

Todo comenzó en el departamento de La Libertad, en Perú, debido a la búsqueda de respuestas a los cambios que había en el país y en Latinoamerica en los años 60, así lo explicó a EL COLOMBIANO Alfredo Mires, quien ahora es uno de sus líderes y ha estado por estas más de cuatro décadas trabajando para llevar la lectura a la gente.

La transformación

“Había una gran demanda de información en el campo porque los medios no llegaban, la prensa llegaba, circulaba con dificultad y la población analfabeta era la mayoría”, cuenta.

Entonces, comenzaron a prestar los pocos libros que tenían y a hacer trueques de ejemplares y, si no había un ejemplar para entregar a cambio, se canjeaban por semillas.

Entre esas historias que Mires guardó en su memoria de los viajes de los libros está la de aquel día en el que un joven en una casa rural se acercó a mostrarle que había escrito su nombre en un papel: “Ahora lo sé escribir”, le dijo.

Él, como otros menores de edad de la rural Cajamarca, aprendieron a escribir gracias a los libros de la biblioteca ambulante. “No son bibliotecas convencionales, sino una determinada cantidad de libros que se intercambian por las comunidades”, explica.

Cuando el proyecto comenzó Mires vivía en otro lugar conocido como El Escolero y no había terminado el colegio, entonces, tuvo que esperar a graduarse de la secundaria para integrarse por completo.

Desde entonces su vida son los libros: “Empecé muy temprano. Ya no tuve pasaje de regreso. Me quedé ahí con las bibliotecas rurales”. Cuando ese sacerdote que quiso llevar libros al campo –un padrino de Alfredo en este trabajo– tuvo que volver a Inglaterra él quedó a cargo del proyecto.

Más allá del libro

Para quienes la integran, hacer parte de las bibliotecas rurales es una forma de vivir como comunidad.

Cuando consiguen un nuevo ejemplar, son canjeados en una asamblea donde están los coordinadores del proyecto que van a cada territorio. Estos tienen la misión de llevarlo al grupo que tienen a cargo y leerlo con ellos. En esa comunidad lo intercambian con otra. ¡Es un ciclo para que el libro lleve cada vez más vida!

Finalmente, cuando cumple ese circuito entre las organizaciones de la biblioteca, este vuelve a la sede y se queda allí hasta que alguien más quiera leer sus páginas.

Pero entre los ejemplares que viajan por Cajamarca no solo circulan libros de grandes editoriales. Los campesinos crearon su propia colección llamada Biblioteca Campesina. La primera serie de esta es Otros cuentos, de la que se han publicado cinco ediciones. Su meta es crear la Enciclopedia Campesina de Cajamarca.

“El libro fue negado a la comunidad y estuvo adscrito a los niveles de poder. Supuestamente estábamos hechos para el trabajo del campo”, recuerda Mires. Por eso, para él apropiarse de los libros es un “reconquista”, es descabalar la lectura y enseñarle a hablar a la gente.

Y entonces, Mires y su equipo cumplirán, en marzo de 2019, 48 años trabajando por la lectura de las comunidades rurales. Estas casi cinco décadas de libros leídos, trueques y recorridos entre montañas han tenido sus frutos, especialmente en aquellos momentos en los que descubre que un joven aprendió a escribir gracias a la biblioteca rural o cuando los libros comienzan a tener arrugas en sus páginas de tanto hojearlos. Prueba de que esa misión de empoderar a los campesinos se ha cumplido.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS Colombia apuesta a bibliotecas rurales

Actualmente el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional tienen abierta una convocatoria para el Programa Nacional de Bibliotecas Itinerantes que pretende desarrollar proyectos en comunidades rurales a través de acompañamiento técnico y formativo, nuevas colecciones bibliográficas y herramientas metodológicas y tecnológicas. Además, el gobierno está llevando bibliotecarios al campo, especialmente a aquellas zonas que estuvieron afectadas por el conflicto. Datos de septiembre de este año indican que se desarrollaron cerca de 500 talleres en zonas rurales de 11 departamentos diferentes. Colombia también cuenta con espacios donde se comparten experiencias en este ámbito, tal como fue el VI Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, en el que participó Alfredo Mires, protagonista de esta historia que ocurre en Perú.

Juliana Gil Gutiérrez

Periodista internacional, amante de los perros y orgullosa egresada de la facultad de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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