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Así trabaja el científico con “el trabajo más peligroso del mundo” dentro del reactor de Chernóbil

Entre túneles radioactivos, trajes especiales y zonas donde solo se puede permanecer minutos, Anatolii Doroshenko realiza una labor que muchos consideran la más peligrosa del planeta.

  • Anatolii Doroshenko trabaja en los laberintos subterráneos del reactor 4 de Chernóbil, donde monitorea combustible nuclear y zonas altamente contaminadas casi 40 años después del desastre. FOTO: Mykhaylo Palinchak.
    Anatolii Doroshenko trabaja en los laberintos subterráneos del reactor 4 de Chernóbil, donde monitorea combustible nuclear y zonas altamente contaminadas casi 40 años después del desastre. FOTO: Mykhaylo Palinchak.
  • Científicos han registrado la famosa “pata de elefante”. FOTO: Getty Images.
    Científicos han registrado la famosa “pata de elefante”. FOTO: Getty Images.
hace 4 horas
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A casi 40 años del desastre nuclear de Chernóbil, todavía hay personas que deben ingresar a las profundidades del reactor destruido para vigilar uno de los lugares más contaminados del planeta. Entre ellas está Anatolii Doroshenko, un investigador de 38 años cuya rutina laboral ha sido descrita por algunos expertos como “el trabajo más peligroso del mundo”.

Su labor se desarrolla en el interior del reactor 4 de la planta nuclear de Chernóbil, en Ucrania, escenario de la explosión ocurrida el 26 de abril de 1986 y considerada una de las peores catástrofes nucleares de la historia.

Aunque la estructura principal quedó destruida tras el accidente, bajo las ruinas todavía existe una red de salas, corredores y antiguos centros de control ubicados a unos 10 metros de profundidad. Ese entramado subterráneo, oscuro y altamente radioactivo, es el lugar donde Doroshenko trabaja al menos una vez al mes.

El científico pertenece al Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares, organismo encargado de monitorear el comportamiento del reactor y evitar que se produzcan situaciones incontrolables relacionadas con el combustible nuclear que aún permanece allí.

Lea aquí: Cinco cosas que hay que saber 40 años después de la catástrofe de Chernóbil

Su misión no consiste únicamente en inspeccionar el lugar. También debe instalar equipos de medición, revisar sensores, tomar muestras, analizar datos y supervisar el estado del combustible radioactivo que quedó atrapado dentro de la estructura tras la explosión.

El problema es que todo en ese lugar está contaminado: el aire, las paredes, el suelo, los escombros y hasta los objetos aparentemente inofensivos pueden contener partículas radioactivas peligrosas.

Por eso, el tiempo dentro de ciertas áreas es extremadamente limitado. En algunas salas, Doroshenko y sus compañeros solo pueden permanecer unos pocos minutos antes de tener que salir inmediatamente para evitar recibir dosis elevadas de radiación.

En otros sectores ni siquiera es posible detenerse.

El investigador explica que el miedo es parte esencial de su trabajo. Lejos de intentar ignorarlo, asegura que lo utiliza como una herramienta para mantenerse alerta.

Según cuenta, el verdadero peligro aparece cuando alguien se acostumbra demasiado al entorno y deja de percibir el riesgo constante que representa la radiación.

El investigador explica que el miedo es parte esencial de su trabajo. Lejos de intentar ignorarlo, asegura que lo utiliza como una herramienta para mantenerse alerta.

Según cuenta, el verdadero peligro aparece cuando alguien se acostumbra demasiado al entorno y deja de percibir el riesgo constante que representa la radiación.

Cada recorrido dentro del reactor requiere una preparación estricta. Antes de ingresar al laberinto subterráneo, Doroshenko debe colocarse varias capas de protección especial: respirador, cubrezapatos, cubremangas y trajes diseñados para minimizar el contacto con partículas contaminadas.

En algunos puntos particularmente estrechos o llenos de escombros, el equipo utiliza además ropa adicional de polietileno para abrirse paso entre estructuras dañadas y restos del reactor.

Siga leyendo: Escudo protector de Chernóbil pierde capacidad de contención de radiación por un ataque con drones

El interior del complejo es descrito como un espacio oscuro, húmedo y lleno de pasadizos angostos. Aunque algunos corredores tienen iluminación, los científicos siempre llevan linternas para orientarse.

Moverse allí no es sencillo. Muchos túneles obligan a caminar agachado y existen sectores donde perderse podría ser extremadamente peligroso debido a los niveles de radiación.

Por eso, los trabajadores utilizan mapas especializados que muestran cuáles son las zonas más contaminadas y qué áreas pueden recorrerse con relativa seguridad.

Uno de los mayores riesgos del lugar proviene del llamado corio, una sustancia extremadamente radioactiva que se formó durante el accidente nuclear cuando el combustible del reactor se mezcló con metal, hormigón y otros materiales fundidos por temperaturas de miles de grados.

Ese material se extendió como lava por distintas partes del reactor y creó formaciones sólidas altamente peligrosas. La más famosa es conocida como “la pata de elefante”, considerada uno de los objetos más radioactivos del mundo.

Científicos han registrado la famosa “pata de elefante”. FOTO: Getty Images.
Científicos han registrado la famosa “pata de elefante”. FOTO: Getty Images.

A pesar de décadas transcurridas desde la tragedia, el reactor aún contiene cerca de 200 toneladas de combustible nuclear, según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica.

Gran parte de ese material permanece atrapado bajo enormes capas de hormigón instaladas tras el desastre para contener la radiación. Muchas zonas son completamente inaccesibles para los seres humanos, lo que obliga a los científicos a trabajar indirectamente mediante mediciones y monitoreos constantes.

Actualmente, todo el reactor está cubierto por el llamado Nuevo Confinamiento Seguro, un gigantesco domo de acero diseñado para aislar el área durante aproximadamente 100 años y evitar fugas radioactivas hacia el exterior.

Doroshenko insiste en que, si los especialistas dejaran de ingresar a las instalaciones, podrían comenzar procesos incontrolables dentro del reactor.

La explosión ocurrió el 26 de abril de 1986 destruyó el reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil, en Ucrania. FOTO: Getty Images.
La explosión ocurrió el 26 de abril de 1986 destruyó el reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil, en Ucrania. FOTO: Getty Images.

Por eso considera que su trabajo no solo consiste en investigar, sino también en prevenir nuevos riesgos para Ucrania y el resto del mundo.

Al terminar cada recorrido, el científico debe atravesar múltiples controles de descontaminación. Primero pasa por una “zona sucia” donde se retira la ropa de protección, que luego es limpiada o destruida si la contaminación es demasiado alta.

Después debe ducharse obligatoriamente y someterse a revisiones de dosimetría para comprobar que no transporta partículas radioactivas en su cuerpo.

Conozca: Científicos recrean el accidente de Chernóbil para estudiar los efectos de la radiación en la biodiversidad

Aun con todos esos riesgos, Doroshenko asegura que disfruta su trabajo. Dice que entrar al reactor le produce una sensación “casi eufórica”, similar —según compara— a la emoción de escalar el Everest.

El investigador lleva 12 años trabajando en Chernóbil y afirma que continuará haciéndolo mientras pueda. Cada año se somete a exámenes médicos obligatorios y durante sus vacaciones intenta descansar junto al mar.

Más allá del peligro, asegura que su principal preocupación es que el mundo no olvide lo que representa Chernóbil.

Para él, la vigilancia permanente del reactor sigue siendo una tarea fundamental y un recordatorio de las consecuencias que puede tener un desastre nuclear.

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