Con una medida cautelar que apoyan las mayorías de Brasil, el juez Teori Zavascki, uno de los once miembros del Tribunal Supremo de ese país, suspendió el mandato del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, un conservador recalcitrante que lideró las fuerzas políticas para iniciar el proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff.
El juez responsabilizó a Cunha de obtener al menos cinco millones de dólares de la red de corrupción que operó la empresa Petrobrás y de tener ese dinero oculto en cuentas secretas de bancos suizos.
Si bien el evangélico de 56 años, propietario de más de 150 dominios de internet con el nombre “Jesús”, negó con ímpetu las acusaciones, fue la misma justicia suiza la que demostró que el dinero economista estaba a su nombre en bancos de ese país.
Aunque el Tribunal Supremo deberá refrendar la decisión en plenaria, las manifestaciones y la presión de los sectores políticos predicen que la destitución será ratificada, lo que se traduciría en la caída del tercero al mando en Brasil, que incluso, podría haberse convertido en presidente interino si el vicepresidente, Michel Temer, no tuviera facultades para ejercer la sustitución durante el proceso de juicio político contra Rousseff.
Para Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Wilson para la Investigación, la noticia es un respiro, teniendo en cuenta que Cunha, a quien describe como un “político habilidoso, con acusaciones gravísimas encima y que hace cualquier negocio sin parámetro ético de las implicaciones”, tuvo la oportunidad de llevar las riendas del país, “y eso hubiera sido desastroso para la democracia, la economía y los ánimos de los brasileños, que ya estamos hasta la coronilla de la corrupción”.
Según el experto, la posibilidad que se especula de que el juicio político contra la presidenta pueda caerse con el argumento de que inició con las maniobras de Cunha, ahora suspendido, no tiene sustento. “El proceso ha seguido rigurosamente los rituales y no hay forma de que se revoque”, dijo.
Añadió que tampoco tiene posibilidades el rumor de que Rousseff renuncie a su cargo antes del juicio y de esa forma Temer no podría asumir y se llamaría a elecciones anticipadas. “Si Dilma quiere renunciar, está libre para hacerlo. Es cierto que se escaparía del juicio y que de inmediato recibiría los beneficios de cualquier expresidente en Brasil, peleará hasta el final”, expuso Sotero.
Advirtió que para llamar a elecciones anticipadas habría que aprobar una enmienda constitucional que necesita dos votaciones. Así las cosas, el vicepresidente, también acusado por corrupción, es por ahora el próximo al mando en Brasil mientras resuelven el futuro de Rousseff.
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