Horas antes de entregarse a las autoridades, en abril de 2018, Luiz Inácio Lula da Silva, prometió volver. En la sede del Sindicato de los Metalúrgicos, la organización que lo vio nacer como figura política, Lula pronunció un discurso de amor y odio con la justicia. “Yo no estoy por encima. Creo en la Justicia. En una Justicia justa. Sé que la historia va a probar que quien cometió un crimen fue el comisario que me acusó, el fiscal que fue injusto conmigo y el juez que me condenó”. Tras más de 500 días en una celda, la misma justicia que lo condenó le ha dado la razón, parcialmente.
Y ha dado alas a aquello que en los corredores políticos de los partidos autonombrados como progresistas de Latinoamérica y en la academia se ha comenzado a nombrar...