Tras pocos días de que Turquía iniciara sus bombardeos contra posiciones del Estado Islámico (EI) en Siria, la geopolítica mueve sus hilos en Medio Oriente, y el conflicto sirio, con cuatro años de iniciado, ve ahora un escenario nuevo con la entrada de más desafíos.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), reiteró ayer, tras una reunión extraordinaria convocada por los turcos, que “la seguridad de la alianza es indivisible”, y que mantiene “fuerte solidaridad con Turquía”, en una declaración conjunta al término de la cumbre.
Para el grupo de aliados militares, el terrorismo que ha golpeado a dicha nación es “una amenaza directa a la seguridad de los países de la Otan y a la estabilidad y prosperidad internacional”.
“Es un peligro global que no conoce fronteras, nacionalidad o religión, un desafío que la comunidad internacional debe combatir y afrontar junta”, concluyen los aliados en la declaración.
Este apoyo llega en un momento inmejorable para Turquía, puesto que ayer sus Fuerzas Armadas bombardeaban posiciones kurdas en territorio sirio e iraquí, lo que no deja claro cuál será el objetivo de la ofensiva de Ankara y si realmente ayudará contra el Estado Islámico.
Zona de exclusión
En medio de esta compleja coyuntura, E.U. y Turquía negocian un plan para crear una zona de exclusión en la frontera con Siria, para evitar el paso de combatientes del EI. El objetivo es sellar la zona y evitar que los yihadistas sigan alimentando su maquinaria de guerra con reclutas y armamento.
La zona se extendería por más de 100 kilómetros, e iría desde cercanías a la localidad de Azaz, hasta Jarablus. Esta se internaría hasta 40 kilómetros dentro del territorio sirio.
¿A qué estrategia responde esta prevista zona de exclusión? Según analistas internacionales, E.U. prevé brindarle a la oposición siria una retaguardia que pueda darle mayor seguridad en el complejo ajedrez que tiene contra el Estado Islámico y el régimen de Bashar al Asad —del que por ahora no ha salido bien librado—.
“De esta manera la coalición liderada por Washington podrá fortalecerse contra el EI, además de quitarse el peso de no tener que enviar tropas americanas. Es un alivio para su estrategia reacia a intervenir a gran escala. Por último, ambos países están interesados en una eventual derrota del régimen de Asad, por lo que es doble ganancia”, explicó a EL COLOMBIANO Emilio Viano, politólogo y docente de la American University.
Hay, no obstante, un punto de discordia entre Turquía y E.U. en este nuevo contexto: el tema kurdo. Con los bombardeos turcos a los Peshmerga, solo se añaden más dudas sobre qué futuro le espera a quienes fueran los únicos aliados estadounidenses en tener, hasta ahora, éxito contra el EI.
Desde Gaziantep, Hasan Turk, internacionalista y experto en Medio Oriente, consideró que “la prioridad para Erdogan es, antes que combatir al EI, enfrentar a la guerrilla kurda, en respuesta a los golpes para su imagen interna por los reiterados atentados y al reciente revés en elecciones generales”.
Viano cree que “problemas muchos peores podrían venir a la región si E.U. no garantiza que sus aliados kurdos, los únicos que se han defendido bien frente al EI, sean golpeados por una Turquía que se basa en temores frente a su independencia. El escenario se volvería mucho más complejo”.