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¡Qué guayabo de poder! Querían repetir en Concejo y se quemaron

El caso más sonado fue el de Fabio Rivera: obligó a reconteo a ver si encontraba 600 votos para ganar.

  • De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: los concejales Fabio Rivera, Jaime Cuartas, Carlos Mario Romero, Lucas Cañas, Carlos Mario Mejía y Lina García Gañán. FOTO: CORTESÍA Y ARCHIVO
    De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: los concejales Fabio Rivera, Jaime Cuartas, Carlos Mario Romero, Lucas Cañas, Carlos Mario Mejía y Lina García Gañán. FOTO: CORTESÍA Y ARCHIVO
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04 de noviembre de 2023
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El guayabo por perder el poder puso al concejal Fabio Humberto Rivera a revolcar los votos de los paisas en Plaza Mayor. Al centro de eventos llegaron hasta contratistas de la Alcaldía y de la Personería, quienes al parecer son fichas del político, para ayudarle a contar voto por voto. Pocos podían creer que a quien algunos llaman el decano del Concejo no le hubiera alcanzado la maquinaria para repetir silla por sexta vez consecutiva.

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Rivera sacó 9.799 votos, una cifra nada despreciable, sin embargo, lo sobrepasó Farley Macías Betancur, un muchacho de las bases del partido Liberal que no estaba en las cuentas de nadie y se asomó en estas elecciones contra todo pronóstico para sacar 10.383. Es decir, la diferencia es de 584 votos y por eso Rivera echó mano del poder y la influencia que ha acumulado durante años para mover el reconteo, sin embargo, hasta la publicación de este texto, la curul estaba perdida.

Para los otros candidatos fue toda una sorpresa la quemada de Rivera, a quien se le conoce como un tipo que no busca peleas con nadie, que se conoce todos los barullos del Concejo, que se ha estudiado al derecho y al revés el reglamento y puede voltear una votación en plena discusión con mucha facilidad. Rivera, además, siempre ha gobernado con el que esté en la Alcaldía sin importar el partido.

Justo para algunos analistas, una de las razones por las que se cree que perdió Rivera fue su nulo control político a la alcaldía de Daniel Quintero, además de que le aprobó casi todos los proyectos.

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Es decir, el poco apoyo que recibió el exalcalde Quintero para su candidato Juan Carlos Upegui, y para los postulados al Concejo por parte de Independientes, también tuvo un rebote en sus amigos. Ahora Rivera tiene resaca de poder perdido.

Pero el análisis va mucho más allá, porque el Concejo de Medellín tuvo una renovación total. Entre los vieja guardia que se quemaron están Jaime Cuartas con 4.400 votos, Lucas Cañas con 7.279 votos, Carlos Mario “el Flaco” Mejía con 7.728 votos, Carlos “el Mocho” Romero con 2.599 votos, Lina García con 8.888 votos (solo por la lista).

Y a ellos se suman exconcejales que no estuvieron en el último cuatrenio pero que sí eran bien conocidos en el panorama político, como Jesús Aníbal Echeverry, a quien solo le alcanzó para 6.986 votos pese a la importancia que tuvo en la comuna nororiental durante la alcaldía de Aníbal Gaviria; además también se quemó Jaime Moncada, que llegó a los 6.067 votos y, finalmente, Carlos Alberto Zuluaga, que sacó 5.862 votos.

Pero además del castigo por apoyar a la administración Quintero, cuestionada desde veedurías ciudadanas, oposición y autoridades como la Procuraduría, lo cierto es que Medellín está buscando nuevos liderazgos y hay un cansancio hacia la política tradicional que hace acuerdos burocráticos más que seguir principios de partido.

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Diego Corrales, director del Laboratorio de Innovación Social y Asuntos Públicos (Bioideas), hace un análisis de que en esta oportunidad hubo un voto más cuidado. Pues hubo una reducción de los votos perdidos (blancos, nulos y no marcados), que pasaron del 27% en 2019, a ser el 20% en 2023. Esto se debería a la aparición de partidos como Creemos y Renace, que mostraron nuevas caras en la participación política de la ciudad.

Lo anterior sin contar con que Renace no logró meter ni un solo corporado, pero que sí le dio nuevas discusiones a la ciudad que no dan los partidos tradicionales. A saber, aparecieron en la agenda pública los temas culturales, la necesidad de afianzar la política pública Lgbti, la gentrificación. Es decir, la administración Quintero ayudó a que los ciudadanos volvieran a apropiarse de la agenda pública, esto debido al abandono de programas bandera.

Por otro lado, el apoyo a los partidos tradicionales ha caído dramáticamente en Medellín. En algunos casos, como el del partido Liberal, es crítico, pues si bien hace unos 16 años ocupaban el 20% de las sillas del Concejo, ahora no llegan ni al 10%, lógica que aplica para los conservadores.

Desde las urnas el mensaje pareció claro: menos pactos burocráticos, más control político y más recorrido por los barrios, la ciudad no late en las sillas del Concejo.

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