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Cattleya, la cóndor que nació en Cundinamarca con raíces en el Parque de la Conservación

La nueva cría de cóndor andino pesó 227 gramos y tiene una historia que conecta a Cundinamarca con Medellín: su padre, Katuma, pasó ocho años en el Parque de la Conservación antes de ser trasladado para intentar formar una nueva pareja reproductiva. Tres años después, lo logró.

  • Esta es Cattleya, la nueva cría de cóndor andino nacida en el marco del convenio entre la CAR Cundinamarca y la Fundación Parque Jaime Duque. Tercer ejemplar en nacer dentro de ese programa de conservación. FOTO cortesía CAR
    Esta es Cattleya, la nueva cría de cóndor andino nacida en el marco del convenio entre la CAR Cundinamarca y la Fundación Parque Jaime Duque. Tercer ejemplar en nacer dentro de ese programa de conservación. FOTO cortesía CAR
  • Katuma, el cóndor macho que pasó ocho años bajo el cuidado del Parque de la Conservación de Medellín, es el padre de Cattleya. Fue trasladado a Cundinamarca en 2023 para participar en el programa de reproducción que dio origen a la nueva cría. FOTO Andrés Camilo Suárez Echeverry
    Katuma, el cóndor macho que pasó ocho años bajo el cuidado del Parque de la Conservación de Medellín, es el padre de Cattleya. Fue trasladado a Cundinamarca en 2023 para participar en el programa de reproducción que dio origen a la nueva cría. FOTO Andrés Camilo Suárez Echeverry
  • Cattleya en el momento de la eclosión asistida, todavía dentro del huevo. El proceso tomó 65 horas desde la primera grieta en la cáscara. FOTO cortesía CAR
    Cattleya en el momento de la eclosión asistida, todavía dentro del huevo. El proceso tomó 65 horas desde la primera grieta en la cáscara. FOTO cortesía CAR
hace 2 horas
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Primero fue una grieta muy pequeña, casi imperceptible, en la superficie blanca de un huevo. Luego, bajo la luz de una lámpara de ovoscopía, se reveló lo que había adentro: el pico de un polluelo abriéndose paso desde el interior.

Durante 65 horas, técnicos monitorearon cada milímetro del proceso, controlaron la temperatura de la incubadora, aplicaron estímulos sonoros y esperaron. Cattleya, una cría de cóndor andino, llegó al mundo en medio del riesgo de extinción de su especie. Pesó 227 gramos y cabía en las palmas de dos manos.

“Hoy celebramos tres grandes noticias”, dijo Fernando Castro, director de Gestión de Biodiversidad de la Fundación Parque Jaime Duque, al presentar a la nueva cóndor. Es la tercera en nacer dentro del programa que la Fundación adelanta en alianza con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, la CAR.

Las otras dos nacieron en el año 2025, pero el nacimiento de Cattleya tiene un hilo que llega hasta Medellín.

Una pérdida y un viaje

Katuma, el cóndor macho que pasó ocho años bajo el cuidado del Parque de la Conservación de Medellín, es el padre de Cattleya. Fue trasladado a Cundinamarca en 2023 para participar en el programa de reproducción que dio origen a la nueva cría. FOTO Andrés Camilo Suárez Echeverry
Katuma, el cóndor macho que pasó ocho años bajo el cuidado del Parque de la Conservación de Medellín, es el padre de Cattleya. Fue trasladado a Cundinamarca en 2023 para participar en el programa de reproducción que dio origen a la nueva cría. FOTO Andrés Camilo Suárez Echeverry

Su padre es Katuma, un macho que pasó ocho años bajo el cuidado del Parque de la Conservación. Había llegado desde Chile junto a una hembra, como parte de una iniciativa del Ministerio de Ambiente para proteger la especie. La hembra tenía perdigones incrustados en el cuerpo, algunos imposibles de extraer por el riesgo que implicaban las cirugías. En 2023 murió por una contaminación con plomo asociada a esas heridas.

Katuma quedó solo. “Decidimos hacer un esfuerzo conjunto entre el Parque de la Conservación y el Parque Jaime Duque y enviamos al macho con el fin de establecer una nueva pareja reproductiva, que es justamente la que acaba de darnos la gran noticia del nacimiento de un polluelo de cóndor”, dijo a la prensa Jorge Aubad, director del Parque de la Conservación.

Ese traslado lo registró EL COLOMBIANO en octubre de 2023. Fue una operación delicada y milimétricamente planeada. El cóndor fue enviado en un helicóptero de la Fuerza Aérea.

Katuma llegó al Bioparque Wakatá en Cundinamarca y se encontró con Audrey, una hembra que había llegado al programa desde zoológicos de Estados Unidos. Pero el emparejamiento no fue inmediato.

Carlos Madrid, médico veterinario y líder del área de conservación del Parque de la Conservación, explicó que “ellos tienen que seleccionarse”. En los cóndores no basta con poner un macho y una hembra en el mismo recinto. Debe existir un vínculo. “Sin química entre ellos dos, literalmente, no hay programa de reproducción”.

Para ello, tardaron cerca de tres años. Hubo intentos de cópula, posturas de huevos no fértiles y un proceso largo antes de que llegara una postura viable. Y el resultado tiene también un valor genético, pues hasta ahora, los nacimientos en la Fundación provenían de otra pareja.

Con Katuma y Audrey se abre una línea distinta. “Al tener una nueva pareja que tiene nuevas crías, se nos permite tener mayor variabilidad genética”, explicó.

El huevo en la incubadora

Cattleya en el momento de la eclosión asistida, todavía dentro del huevo. El proceso tomó 65 horas desde la primera grieta en la cáscara. FOTO cortesía CAR
Cattleya en el momento de la eclosión asistida, todavía dentro del huevo. El proceso tomó 65 horas desde la primera grieta en la cáscara. FOTO cortesía CAR

El huevo fue llevado a incubación artificial. El veterinario lo definió como un proceso delicado que implica reemplazar, en parte, lo que harían los padres: controlar temperatura, humedad y rotación durante todo el desarrollo del embrión.

También se hizo ovoscopía, técnica que ilumina el huevo desde afuera y permite ver si el embrión avanza bien, y si el polluelo está en buena posición para romper el cascarón.

Fue ese seguimiento el que registró la primera grieta. El proceso completo hasta que Cattleya apareció, pesada y medida en una báscula de laboratorio, tomó 65 horas.

Además, la extracción de ese primer huevo tuvo otro efecto: 45 días después, Katuma y Audrey hicieron una segunda postura. Esta vez, según Lorena Pardo, especialista en Conservación de la Fundación, el huevo fue dejado con la pareja para que aprendan a ser padres.

Ahora viene la parte más larga. Para alimentar a Cattleya sin que genere impronta humana, los equipos usan dummies, elementos que imitan a los padres.

“Ellos no tienen contacto directo con los humanos, de esa manera no se habitúan o no se amansan”, explicó el especialista. La meta es que el polluelo no relacione a los cuidadores con alimento ni protección.

“Esto se hace para que el animal no se identifique con los humanos sino con su especie”. Madrid fue prudente al hablar de una posible liberación: “Todavía está creciendo. Todavía hay que ver si tiene las habilidades para poderse liberar”.

Para 2027 se proyectan liberaciones de individuos más grandes, como Rafiki, un cóndor nacido en 2024 que ya vuela en un recinto amplio.

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Difícil contexto de la especie

Cattleya nació en un momento en que su especie enfrenta una presión que ninguna incubadora puede resolver sola. En la Cordillera Central se estima que podría haber alrededor de 10 o 12 cóndores, un número que dificulta incluso la formación natural de parejas.

El avance de la frontera agrícola reduce el alimento disponible y aumenta el contacto del ave con animales domésticos muertos, lo que alimenta conflictos con comunidades rurales.

“Los cóndores no matan animales; solamente se aprovechan de la carroña”, explica el líder del área de conservación del Parque de la Conservación. Aun así, “las personas todavía, en algunas zonas, asocian al cóndor con la muerte de su ganado y se han presentado envenenamientos”.

Pero la conservación del cóndor no se resuelve solo en incubadoras. Madrid explicó que se necesitan procesos con comunidades para que las personas entiendan que el cóndor no es un depredador del ganado, sino una especie que cumple una función ecológica al consumir animales muertos.

En esa tarea, el Parque de la Conservación trabaja en la zona del Parque Nacional Natural Los Nevados con corporaciones ambientales, grupos locales, escuelas y campesinos.

Parte de ese trabajo es posible gracias a una alianza con los restaurantes Parmessano y Todo Fresa. Desde finales de 2025 y durante 2026, una porción del menú de conservación disponible para los visitantes se destina a financiar esas acciones. “Gracias al menú de conservación que todos los visitantes pueden pedir, una parte se destina a la conservación de esta especie durante este año”, dijo el director del Parque de la Conservación.

El experto detalló que el trabajo en la Cordillera Central busca fortalecer un programa social con comunidades, operadores turísticos y visitantes, con la idea de formar una red de monitoreo participativo para registrar avistamientos de cóndores y conocer mejor los lugares que frecuentan.

Con esos datos, a futuro se podrían diseñar estrategias más precisas, incluso decisiones sobre si conviene reintroducir machos o hembras para balancear la población.

Jorge Aubad también planteó que “la presencia de esta especie garantiza una salud ecosistémica”, por lo que su desaparición indicaría que los ecosistemas andinos se han degradado al punto de no sostener a una de sus especies más representativas.

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