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Colombia tiene una de las políticas mejor estructuradas para la disposición de residuos eléctricos y electrónicos; la crisis global exige mayor compromiso.
Níquel, cobre, cobalto, litio, carbón, aluminio, plástico, hidróxido de potasio, metales ferrosos, estaño, antimonio y además oro, silicio y plata. Todos estos elementos son necesarios para producir un celular y terminan, junto con ese teléfono móvil viejo, en basureros y rellenos al aire libre, junto a cientos de miles de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) que van desde cables, pilas y memorias usb hasta electrodomésticos de todo tipo.
Según el Foro Económico Mundial el correcto aprovechamiento de estos residuos, es decir, la extracción de metales de manera responsable y la reutilización de otros materiales como el plástico, podría dinamizar un próspero negocio de 62.000 millones de dólares anuales.
En lugar de eso, los RAEE son un dolor de cabeza para el planeta. Según la ONU, en 2019 se produjeron 53,6 millones de toneladas, de los que solo el 17 % tuvo una correcta disposición.
El panorama local
En cuanto a Colombia, de acuerdo a la estadística del Global e-waste monitor,...