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Científicos colombianos descubrieron importantes datos sobre la reproducción de las osas andinas

El estudio en el que se consolidó la información fue liderado por la Fundación Wii y está publicado en la revista alemana Mammalia.

  • Las osas andinas son de menor tamaño que los machos de su especie. Además, son las encargadas de la crianza del osezno. Foto: Getty.
    Las osas andinas son de menor tamaño que los machos de su especie. Además, son las encargadas de la crianza del osezno. Foto: Getty.
02 de marzo de 2024
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En Colombia, y en general en el mundo, pasa una cosa bien interesante con los osos andinos y es que a pesar de ser animales enormes y carismáticos, y de llamar la atención de todo el mundo y ser protagonistas de murales, de logos o de camisetas, el Gobierno, las universidades o los centros de investigación han invertido muy pocos recursos a lo largo de la historia para estudiarlos.

Y eso lo que hace es que falte un montón de información clave que dé luces sobre sus posibles campañas de conservación, ya que estas deben estar basadas en datos científicos que permitan entender la especie, con argumentos y con datos reales, que es la razón por la que todo el mundo debería estar hablando del artículo Aspectos reproductivos de las hembras de oso andino (Tremarctos ornatus) en el macizo de Chingaza, en la cordillera oriental de los Andes colombianos, recientemente publicado en la revista alemana Mammalia.

Pues en ese artículo, expertos de la Fundación para la Investigación, Conservación y Protección del Oso Andino (Fundación Wii), con el apoyo del Instituto Humboldt, Corpoguavio, la Fundación Parque Jaime Duque, Nexen Petroleum Colombia Limited y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, documentaron, por primera vez en el país, el ciclo reproductivo y los procesos de crianzas de la especie durante cinco años, proporcionando resultados fascinantes a todos los que estén dispuestos a escuchar.

Una osa llamada Rosita

La historia de este estudio empezó en el 2010, en medio de un proyecto de monitoreo y de seguimiento a los osos andinos, que son conocidos como osos de anteojos, por la Fundación Wii y por la Corporación Autónoma Regional del Guavio (Corpoguavio), a través de fotografías y videos obtenidos de cámaras trampas en el macizo de Chingaza.

“Nosotros empezamos a trabajar con Corpoguavio revisando un archivo muy amplio que ellos tenían de cámaras trampa desde el 2010, y en medio de la revisión de todo ese material nos dimos cuenta de que los videos nos permitían observar muy bien las características de los osos y observar sus comportamientos, y de que una de las osas que habíamos identificado, y a la que llamamos Rosita, estaba embarazada”, cuenta Adriana Reyes, primera autora del estudio, investigadora de la Fundación Wii y actual estudiante de una maestría en biología en la Universidad Nacional.

Y esto hay que aclararlo: muchos científicos a la hora de hacer estudios con animales, los identifican con números seriales, sin embargo, en este específico dejaron los números para después e identificaron a cada uno, con una palabra, entonces, a Rosita varias cámaras la habían captado y en una de las tomas se le veía sentada en un árbol y su estado físico no pasó desapercibido para los investigadores: “Nosotros dijimos ‘Este oso está como panzón, este oso tiene mamas’”, continúa su relato Adriana, así que se devolvieron a buscarla en más fotografías o videos, por sus manchas en la cabeza que son únicas en cada ejemplar y que equivalen a una huella dactilar humana, “y la encontramos, la vimos primero en marzo, con una pancita no tan grande y luego en abril con la misma pancita más grande”.

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Así que gracias a este hallazgo, empezaron a ser mucho más cuidadosos con el material revisado, que ya en ese momento era mucho más amplio porque se habían unido más entidades a la recolección de imágenes, hasta que en el 2016, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá se sumó a la iniciativa instalando más de 120 cámaras alrededor del Parque Nacional Natural Chingaza, “y ahí digamos que tuvimos mucho más material para comparar con los registros de Corpoguavio, y ya con esto teníamos un pool de datos más grande para poder hacer un análisis sobre cuándo se están viendo hembras preñadas, con mamas turgentes, con las crías”, anota Adriana.

Además, para esclarecer un poco más la historia de cada osezno (cría de los osos), se acogieron a un estudio de investigadores de San Diego, por medio del cual pudieron determinar la edad aproximada de cada uno de ellos una vez iban apareciendo con sus madres. Y con los datos que tenían de gestación, pudieron determinar en qué épocas estaban naciendo “porque estas son las épocas que se ven de tales edades”, más o menos.

1,27 oseznos por camada

“Lo más importante de este estudio es que tenemos por primera vez un tamaño de camada promedio de los osos andinos”, dice Nicolás Reyes, curador de la Colección de Mamíferos del Instituto Humboldt y otro de los investigadores del estudio. ¿Y por qué es importante eso? Porque se está entendiendo realmente cuántas crías tienen los osos andinos cuando se aparean, que es algo que se discute y se contradice dentro del artículo científico, pues históricamente, las primeras y únicas personas que publicaron cosas sobre la especie, a inicios de los años 80, en Perú, dijeron que tenían entre una y cuatro crías, y eso se quedó así, todo el mundo lo asumió, quizá porque en otras especies de úrsidos sí sucede de esa forma.

“Pero nosotros encontramos que las hembras tienen una sola cría cuando se reproducen. Y a veces tienen dos. Por eso el promedio de todas esas camadas que registramos da 1,27 oseznos. Lo cual es un número bajito de crías para una especie tan grande, que trae consigo ciertos retos de conservación, porque es diferente intentar conservar una especie que cada vez que se aparea tiene cuatro crías, a una que solo tiene una: el reclutamiento ahí de individuos para las poblaciones es mucho menor de lo que se pensaba”, añade Nicolás.

Ahora, la Tremarctos ornatus es una especie muy adaptable, podría ser que de acuerdo a la diferencia en los ecosistemas, existan diferencias fisiológicas entre los osos de Perú y de Colombia y eso haga que el tamaño de las camadas en ambos territorios sea diferente, pero como hasta ahora este es el único estudio publicado con estos datos, eso solo puede ser una buena hipótesis.

Tiempo de la gestación

Los osos andinos tienen una particularidad que han creado o que conservan aún de los demás úrsidos: tienen implantación diferida, “una extraordinaria capacidad para retrasar el parto, sin ayuda de nadie, que consiste en acoger un ovulo fecundado o zigoto en su seno sin que este se desarrolle, pues el futuro embrión permanece en estado latente, dentro de las hembras, hasta que las condiciones externas son propicias para el parto y cuidado de la prole”, explica Efe Verde.

Así que el periodo de gestación de la especie puede variar, y ahí, preciso, está la clave de otro de los hallazgos, pues si bien es cierto que los investigadores encontraron que la especie se reproduce a lo largo del año, pues durante los cinco años de estudio en Chingaza se registraron hembras con oseznos en casi todos los meses; también es cierto que encontraron una concentración muy alta de partos, por lo que piensan que están sincronizando sus tiempos de gestación para adaptarse mejor a las condiciones del ambiente.

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“Esa concentración de partos se dio específicamente en la época de lluvias, entre junio y noviembre, y se confirmó con los registros de hembras con crías de cuatro a siete meses de edad, por fuera de las guaridas de nacimiento en la época de verano, que es de diciembre a abril, buscando alimento, pues justo en esa época es cuando dos especies de arbustos de la familia Ericaceae, que forman parte importante de la dieta de los osos andinos, echan sus frutos”, comenta Adriana.

Los frutos a los que se refieren, según el Instituto Humboldt, son la uva camarona (Macleania rupestris) y la uva de anís (Cavendishia bracteata), las cuales “tienen un alto contenido de azúcar y antioxidantes y, por tanto, podrían ser uno de los recursos clave para las hembras lactantes y sus crías, ya que les proporcionan energía y nutrientes esenciales”.

Fuera de la manada

En los procesos de crianza de los osos andinos, el padre nunca está presente, pues no son animales monógamos ni les gusta vivir en manadas. Al contrario, todo el tiempo andan solos, excepto las madres, claro, hasta que sus crías se separan, al año de edad, o del año de edad en adelante. Eso es lo más común.

Lo que no es común es que se presente un caso como el que registraron los investigadores colombianos, en el que una hembra, a la que llamaron Adriana, se encuentra con una cría nueva mientras está con una cría de su camada anterior, “que vendría siendo como el que todavía no ha echado sus alas a volar por miedo, el que se quedó con su madre, aunque no tenemos total certeza de su situación”, dice Nicolás.

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“Otra hipótesis que tenemos es que la osa adoptó a este jovencito, de otra madre, que todavía no se lograba adaptar solo a su vida natural. En todo caso, eso constituye algo que llamamos un ‘grupo multigeneracional’, una mezcla de unas crías chiquitas, otras medianas, y que por lo general no se da”.

Los oseznos imitan a mamá

Otra cosa que lograron registrar, es cómo las crías, por imitación de la madre, van aprendiendo a reconocer las marcas que dejan los demás osos andinos en el bosque.

“Los osos se comunican en el bosque dejando marcas visuales y olfativas en los árboles, marcas que hacen con sus garras y con sus patas, o sea, ellos llegan y marcan un árbol con las garras y luego le restriegan la palma porque por ahí despiden hormonas, y esas hormonas le indican a los demás osos: ‘Por aquí pasé yo, soy un macho grande’, o, ‘Estoy buscando aparearme’, así, una hembra pasa, lo ve, lo huele y dice: ‘Bueno, por acá hay un macho grande’, y toma la decisión de seguir moviéndose por ahí para encontrárselo, o de irse por otro lado para no encontrárselo”, comenta Nicolás.

Entonces, continúa Adriana, “en nuestro estudio registramos algunos eventos en los que se ve a las hembras con las oseznos, así chiquiticos, que van saliendo de una higuera, y mientras ellas van investigando las marcas que han dejado los otros osos, detrás de ella, por imitación, los oseznos se paran en sus dos patitas para alcanzar esas marcas y olerlas. Lo mismo que hacen las madres, lo hacen ellos, pero en versión miniatura”. Por eso dicen que “hipotéticamente, este, podría ser un proceso de enseñanza de la madre hacia las crías”, “hipotéticamente” porque como todo lo científico debe ser verificable, deben hacer un nuevo estudio sobre la etología de este animal, en el que se compruebe la premisa.

El cortejo

Por último, algunas cámaras trampas arrojaron registros de los procesos de cortejo, que son registros muy raros de ver, tanto que solo hay tres a lo largo de toda su distribución en los Andes Tropicales, y los tres son muy recientes, “dos son de estos últimos dos años”, añade el curador.

El registro muestra como el macho persigue a la hembra y la excede, ella medio juguetea con él, pero al final es agresiva y lo rechaza, que es algo que sucede en distintas especies.

¿Y para qué sirve la información?

Aunque los científicos califican a los Tremarctos ornatus como una especie carismática, en cada uno de los países en los que se encuentra tiene la etiqueta de Vulnerable a la extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pues día a día se ven enfrentados a múltiples amenazas. “Están perdiendo su hábitat a causa de la deforestación y la transformación de los ecosistemas andinos, pero también de la expansión veloz de la frontera agrícola (el límite que separa las áreas para actividades agropecuarias, de aquellas para la conservación o protección de la biodiversidad), que es algo similar a lo que sucede con otras actividades humanas como la construcción de líneas eléctricas, ductos, carreteras, minas, canteras”, explica WWF Colombia.

Y bueno, debido a esa misma expansión, cada vez los osos están más cerca de los humanos, lo cual crea tensiones entre ambas especies, como por ejemplo, que “algunas comunidades prefieren cazarlos para evitar que dañen sus cultivos, ataquen el ganado o para comercializar su grasa, pelaje o garras, incluso todavía hay gente que los quiere como trofeos, pues a pesar de ser un animal huidizo, tímido y del que no hay registros de ataques contra humanos, se piensa que es peligroso”.

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Así que toda la información contenida en el estudio significa muchísimo: que aunque no hay suficiente información aún sobre el patrón de los ciclos reproductivos de las osas andinas en estado silvestre a lo largo de toda su distribución, este estudio es de gran relevancia para la ciencia porque aporta datos que nunca se habían conocido en Colombia, y que son de gran interés a nivel sudamericano.

Que muchas preguntas quedaron abiertas y que representan una oportunidad para seguir investigando; y que si los actores claves de la sociedad, como la empresa privada, la autoridad ambiental, el instituto científico, la sociedad civil y la ONG, se unen, pueden generar información útil y significativa para conservar la especie.

“Este tipo de estudios nos permiten conocer mejor nuestra fauna, reunir todo ese conocimiento y ponerlo a disposición de los interesados para ser usado como una herramienta clave a la hora de crear campañas de conservación o de tomar acciones para su protección”, concluye Adriana.

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