<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

La noche de Medellín, en cuarentena

  • Mudos y sombríos lucen desde allí el Palacio de Justicia, la Alpujarra, la Plaza de la Libertad y el Edificio Inteligente de EPM. La iglesia del Sagrado Corazón ilumina la noche en la que solo se escucha el paso raudo de los carros cuando cruzan los charcos. Foto: Juan Antonio Sánchez
    Mudos y sombríos lucen desde allí el Palacio de Justicia, la Alpujarra, la Plaza de la Libertad y el Edificio Inteligente de EPM. La iglesia del Sagrado Corazón ilumina la noche en la que solo se escucha el paso raudo de los carros cuando cruzan los charcos. Foto: Juan Antonio Sánchez
  • Pero una ciudad vacía, sin gente en sus calles, es todo menos una ciudad. “No falta sino que nos espanten”, resume José Luis Martínez, uno de los dos escobitas que limpiarán las calles hasta las cinco de la mañana. Foto: Juan Antonio Sánchez
    Pero una ciudad vacía, sin gente en sus calles, es todo menos una ciudad. “No falta sino que nos espanten”, resume José Luis Martínez, uno de los dos escobitas que limpiarán las calles hasta las cinco de la mañana. Foto: Juan Antonio Sánchez
  •  En medio de la soledad, un celular proyecta la alocución en la que el presidente Iván Duque anuncia el confinamiento nacional desde el miércoles a las cero horas. “Se puso seria la cosa”, alcanza a decir Óscar con el tapabocas puesto. Foto: Juan Antonio Sánchez
    En medio de la soledad, un celular proyecta la alocución en la que el presidente Iván Duque anuncia el confinamiento nacional desde el miércoles a las cero horas. “Se puso seria la cosa”, alcanza a decir Óscar con el tapabocas puesto. Foto: Juan Antonio Sánchez
  • “No hay gente ni basura para recoger”, cuenta Óscar Hernando Benítez. Parece una verdad de a puño pero había que decirla. “A esta hora hay rumba y tumultos. Ahora sin nadie acá, toca limpiar las canecas”, añade. Foto: Juan Antonio Sánchez
    “No hay gente ni basura para recoger”, cuenta Óscar Hernando Benítez. Parece una verdad de a puño pero había que decirla. “A esta hora hay rumba y tumultos. Ahora sin nadie acá, toca limpiar las canecas”, añade. Foto: Juan Antonio Sánchez
  • Uno de los 3.632 buses que prestan el servicio en la ciudad cruza la glorieta de Ferrocarril, frena en el semáforo pero nadie baja, nadie sube. Foto: Juan Antonio Sánchez
    Uno de los 3.632 buses que prestan el servicio en la ciudad cruza la glorieta de Ferrocarril, frena en el semáforo pero nadie baja, nadie sube. Foto: Juan Antonio Sánchez
  • Mudos y sombríos lucen desde allí el Palacio de Justicia, la Alpujarra, la Plaza de la Libertad y el Edificio Inteligente de EPM. La iglesia del Sagrado Corazón ilumina la noche en la que solo se escucha el paso raudo de los carros cuando cruzan los charcos. Foto: Juan Antonio Sánchez
    Pero una ciudad vacía, sin gente en sus calles, es todo menos una ciudad. “No falta sino que nos espanten”, resume José Luis Martínez, uno de los dos escobitas que limpiarán las calles hasta las cinco de la mañana. Foto: Juan Antonio Sánchez
     En medio de la soledad, un celular proyecta la alocución en la que el presidente Iván Duque anuncia el confinamiento nacional desde el miércoles a las cero horas. “Se puso seria la cosa”, alcanza a decir Óscar con el tapabocas puesto. Foto: Juan Antonio Sánchez
    “No hay gente ni basura para recoger”, cuenta Óscar Hernando Benítez. Parece una verdad de a puño pero había que decirla. “A esta hora hay rumba y tumultos. Ahora sin nadie acá, toca limpiar las canecas”, añade. Foto: Juan Antonio Sánchez
    Uno de los 3.632 buses que prestan el servicio en la ciudad cruza la glorieta de Ferrocarril, frena en el semáforo pero nadie baja, nadie sube. Foto: Juan Antonio Sánchez
Galería de Imágenes
§SSI_3e8a30df18d5476cb19757f3586794c9_SSI§