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El cambio climático acabaría con 80 millones de trabajos, según la OIT

  • De acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el calentamiento global podría impactar la productividad en algunas actividades del campo. FOTO afp
    De acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el calentamiento global podría impactar la productividad en algunas actividades del campo. FOTO afp
Por SERGIO RODRÍGUEZ SARMIENTO | Publicado el 20 de octubre de 2019
Infografía
<p>Así se traducen </p><p>los costos del cambio climático</p>

Son muchas las maneras de medir el impacto económico que deja el no cuidado del medioambiente, también son varias las formas en que el fenómeno impulsa la transformación productiva en empresas o gobiernos nacionales. La más reciente asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) manifestó, una vez más, la necesidad de contar con planes que motiven un cambio en la producción y en las tendencias del consumo.

Una de esas formas en las que se puede medir el impacto del medioambiente en la economía mundial es en la desaparición de empleos. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ya ha dicho que el aumento de la temperatura seguirá generando “estrés térmico”, una enfermedad que se relaciona con la incapacidad del cuerpo de tolerar el calor en una actividad. Un problema que podría acabar con 80 millones de trabajos en los próximos 11 años, según el documento Trabajar en un planeta más caliente: El impacto del estrés térmico en la productividad laboral y el trabajo decente.

“Se prevé que el sector más afectado a nivel mundial sea el agrícola. Dicho segmento cuenta con 940 millones de trabajadores en todo el mundo. Se espera que para 2030, el 60 % de las horas de trabajo perdidas en todo el mundo como consecuencia del estrés térmico correspondan a ese sector”, dice el informe.

De ahí que esta, que es tan sólo una de las consecuencias del problema, empiece a crear políticas y transformaciones reales con la idea de que el cambio genere el menor traumatismo posible. Por eso el llamado de personajes como Catherine Saget, directora de la dependencia del Departamento de Investigación de la OIT, al decir que “con objeto de adaptarse a esa nueva realidad, gobiernos, empleadores y trabajadores deben adoptar medidas acuciantes que hagan hincapié en la protección de los más vulnerables”.

Otros problemas

Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo y exdirector del Departamento Nacional de Planeación (DNP), dijo que hay otras afectaciones, como la desaparición de suelos para la producción de alimentos.

“La pérdida de productividad de algunos cultivos es uno de los efectos negativos: el cambio climático también produce fenómenos de la Niña y Niño más profundos y el impacto que generan en infraestructura es más dramático”, puntualizó Mejía, quien lideró la estructuración de la política de economía verde en 2018.

Pero hay quienes creen que en la medida en que la transformación climática cambie la manera como se consume, la transformación podría ser más profunda. El profesor de Economía en la Universidad Gran Colombia, Martín Jaramillo, cree que el consumo como base del cambio no solucionará por sí sólo el problema. Es decir, si bien cada vez hay más conciencia sobre cómo mejorar el consumo de productos plásticos, o alimentos orgánicos, son las empresas las que pueden llegar a empujar de manera más profunda la transformación.

“Si una empresa empieza a producir en masa, por ejemplo, comida vegetariana y además hace una campaña de mercadeo lo suficientemente impactante puede dar inicio una transformación con más alcance”, dijo Jaramillo.

Un reciente ejemplo que explica lo expuesto por Jaramillo se dio tras los incendios que afectaron 500.000 hectáreas de bosque, según estimaciones de Greenpeace, en la Amazonía. El 6 de septiembre pasado empresas del sector confección como H&M y VF Corporation (que maneja a Timberland, Vans, The North Face y Kipling) suspendieron la compra de cuero que se produce en la Amazonía brasileña hasta que se establezca si esa producción motiva la deforestación indiscriminada.

Y es esa precisamente una de las consecuencias que se empiezan a generar de una planificación que no tiene en cuenta la producción sostenible. Una tarea en la que se está avanzando si se tiene en cuenta que un informe de la consultora KPMG encontró que de las 250 empresas más grandes del mundo (por ingresos) el 93 % publican sus informes de sostenibilidad.

Ese primer paso, dice la ONU, es fundamental para que la consolidación de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que se han fijado para los próximos once años, se cumplan. “Se trata de una herramienta importante para la transparencia y la rendición de cuentas empresarial, y desempeña un papel fundamental para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030”, dice el informe consolidado de 2018 de la ONU.

Pero más allá de dar a conocer los planes de impacto medioambiental, parece necesario que al menos en términos de negocio, se muestre cuáles son las inversiones para darle un vuelco al portafolio tradicional, como los 13.300 millones de dólares que invertirá Toyota para lograr que a 2025 todos sus modelos sean eléctricos, o los 7.500 millones de dólares que destinará Porsche para ofrecer servicios de movilidad eléctrica.

¿Cuál es entonces el reto empresaria? Un diseño pensando en infraestructura que pueda soportar el cambio que se viene, entre otros, en términos de movilidad. Datos de la ONU dan cuenta de que en el mundo todavía hay 2.600 millones de personas que no tienen la posibilidad de contar con un acceso permanente a electricidad.

Para Ramón Javier Mesa, profesor de economía en la Universidad de Antioquia, el sector automotor puede convertirse en ejemplo de cómo la misma industria puede generar opciones innovadoras y motivar a los consumidores a hacer el cambio. “En la medida en que se brinden opciones de compra accesibles, las personas lo verán como una inversión atractiva”.

¿Cómo generar el cambio?

Argumenta la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que la imposición específica de tributos a ciertos sectores de la economía, si bien puede ayudar a generar una suerte de conciencia en tener procesos de producción más responsables con el medioambiente, también se debería plantear la posibilidad de que el consumo no sea castigado, entendiendo las necesidades que suplen estos negocios para algunos trabajadores.

“Una reforma progresiva podría conseguirse, por ejemplo, si los ingresos se utilizan para recortar impuestos o financiar programas de transferencias a los hogares de menores recursos, y sería aún más eficiente si se optara por reducir o eliminar impuestos distorsivos y regresivos”, dice el documento: Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe 2019, de la Cepal.

Pero los impuestos también pueden convertirse en una especie de “permisos para que las empresas paguen una pequeña porción y se beneficien, de todas formas, del impacto que generan”, según Fredy Cante, profesor de la Universidad del Rosario y coautor del libro Economía Política Noviolenta.

Añade el experto que sólo si los impuestos son excesivamente altos tendrían una afectación, “pero los gobiernos pueden ser permeados por el lobby que se hace desde las empresas”.

Medioambiente y el negocio

Pero y entonces, ¿cómo generar dinero y oportunidades de crecimiento más allá de los impuestos? ¿Cómo sacarle provecho económico al medioambiente? Colombia ya tiene una política financiera planteada en ese sentido y se abarca desde el Conpes 3934 sobre el crecimiento verde.

Entre los antecedentes plantea el documento del DNP la necesidad de generar más oportunidades a partir de la explotación productiva de recursos como el agua, suelo y materias primas. “Se ha estimado que para lograr una tasa de crecimiento económico de largo plazo del 4 % sin generar presión sobre los recursos naturales, se requerirían aumentos en la productividad y en la eficiencia en el uso de los mismos, ya que en un escenario tendencial se incrementaría la presión sobre el suelo, el agua y la energía, en un 43,8 %, 64,5 % y 51,2 %, respectivamente”, se lee en el Conpes.

Pero para hacerlo de manera responsable órganos como la Cepal recomiendan que exista una inversión en ciencia y tecnología que garantice la viabilidad y mitigue el riesgo mediomabiental. En ese apartado, datos del Banco Mundial demuestran que para países como Colombia la tarea aún está pendiente.

De acuerdo con ese organismo multilateral, en Colombia el gasto promedio en esa materia está alrededor del 0,24 % del Producto Interno Bruto, mientras que en los países de la Alianza del Pacífico llega a ser del 0,32 %. Ahora, aquellas naciones de ingreso medio-alto es del 1,66 %, mientras que en los pertenecientes a la Ocde la cifra está en 2,54 %.

Mejía recuerda que “en el Conpes de Crecimiento Verde hay oportunidades de un modelo de desarrollo económico compatible con la equidad de los recursos naturales. Uno de ellos es la economía circular: tiene como objetivo que los residuos sean insumos en el proceso productivo. Genera mejoras en la sostenibilidad ambiental, y ahorra costos de producción a las empresas”.

Dicen la OIT y el Foro Económico Mundial que entre las tantas vertientes que pueden darse en la economía verde, el aprovechamiento de residuos electrónicos podría generar un negocio de 62.000 millones de dólares (ver Para saber más).

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS oportunidad para la formalización

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 20 % del reciclaje de desechos electrónicos se hace de manera formal, de ahí la oportunidad de crear más empleos decentes: “Millones de mujeres y hombres en el mundo (más de 600.000 sólo en China) trabajan informalmente para recolectar, reparar, readaptar, desarmar, reciclar y desechar los residuos electrónicos, gran parte de este trabajo es realizado en condiciones nocivas tanto para la salud como para el medio ambiente”.

Sergio Rodríguez Sarmiento

Tengo más libros de fútbol que calzoncillos y medias.

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