En San Andrés, donde la cuarta barrera coralina más grande del planeta lucha por sobrevivir, un proyecto innovador está transformando desechos en esperanza.
La empresa Dislicores convirtió las botellas de vidrio en la base perfecta para sembrar nuevos corales, logrando que lo que antes era basura se convierta en vida marina.
El programa “Un Arrecife de Vida” ya ha sembrado más de 25.000 fragmentos de coral y acaba de recibir el Premio ODS 2025 por su impacto ambiental y social.
Una historia de innovación,