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Crónicas de un Fan Fatal. Fueyerías: el bandoneón como conversación infinita

hace 1 hora
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  • Crónicas de un Fan Fatal. Fueyerías: el bandoneón como conversación infinita
  • Portada del disco Fueyerías. FOTO cortesía
    Portada del disco Fueyerías. FOTO cortesía

Hay discos que uno escucha y otros que lo marcan de manera definitiva. Esto me sucedió con esta placa discográfica, con Fueyerías del bandoneonista argentino Pablo Jaurena. A Pablo lo conocí en llamadas por Zoom y luego, en un festival de tango en un municipio de Antioquia. Con él, desde el inicio, sentí que había un músico excepcional con una sensibilidad especial. Y ahora, con este disco, se siente que no hay un puñado de temas reunidos al azar, sino una idea de largo aliento: un disco que mira la historia del bandoneón, conversa con ella y, al mismo tiempo, se pregunta hacia dónde puede ir.

El título ya dice mucho. Fueye, como se le llama cariñosamente al bandoneón en Argentina, tiene algo de palabra íntima, de apodo familiar. Y Fueyerías suena justamente a historias, recuerdos y complicidades alrededor de ese instrumento extraño y fascinante que parece respirar como un ser vivo.

Una de las primeras cosas que impresiona es la dimensión del proyecto. El disco fue grabado entre Buenos Aires, Córdoba, Medellín, París, Madrid y Tokio, y reúne a treinta y uno bandoneonistas de cinco países, además de tres contrabajistas invitados. Pero lo más valioso no es el número. Lo admirable es que Pablo Jaurena logra que todo eso suene cercano, sin grandilocuencia ni exceso. En vez de virtuosismo hay conversación.

En un momento en que la música suele consumirse de manera fragmentada, canción por canción, este álbum apuesta por algo cada vez más raro: la idea de comunidad. Aquí conviven maestros como Víctor Lavallén, Rodolfo Mederos, Néstor Marconi y Daniel Binelli con músicos que apenas comienzan su camino. El disco tiene algo muy emocionante: generaciones distintas hablando el mismo idioma, pasándose secretos de un fuelle a otro.

El repertorio está armado con inteligencia y, sobre todo, con amor por el instrumento. Hay rescates históricos, composiciones nuevas y revisiones de clásicos del tango. Esa combinación hace que Fueyerías funcione no solo como una obra musical, sino también como una especie de archivo vivo, un lugar donde la tradición no se conserva en formol, sino que sigue respirando la memoria del bandoneón.

Pablo Jaurena entiende muy bien que el tango no sobrevive por repetir el pasado, sino por encontrar nuevas maneras de hacerlo sonar. La producción, realizada junto a Ignacio Varchausky, cuida cada detalle sin quitarle naturalidad al conjunto. El bandoneón aparece en todas sus formas: íntimo, melancólico, rítmico, áspero por momentos y luminoso en otros.

Escuchar Fueyerías es volver a comprobar que el bandoneón sigue siendo uno de los instrumentos más humanos que existen. Respira, titubea, se rompe un poco y vuelve a levantarse. Puede sonar como un lamento o como una celebración. Y en manos de Pablo Jaurena y de todos los músicos que lo acompañan, queda claro que todavía tiene mucho por contar.

Este disco no se queda atrapado en la nostalgia. Mira hacia atrás con respeto, sí, pero también con gratitud. Y desde ahí imagina un futuro abierto y generoso para el tango. Fueyerías es de esos trabajos que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en referencia. Un disco hecho con rigor, sensibilidad y una profunda devoción por el sonido de un instrumento que sigue diciendo cosas nuevas.

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