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Divina providencia, “Vidas pasadas”, de Celine Song

04 de febrero de 2024
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“Pero, ¿qué significa eso de ‘el hombre adecuado’, ‘el amor de tu vida’? El concepto es absurdo. Que sólo estamos completos con otra persona. Es malvado, ¿no?”. Un par de segundos después de decir esto, Celine va a intentar acariciar la cabeza de Jesse, mientras éste le cuenta cómo siente una conexión emocional más fuerte con ella en sueños, con ella a quien no ve hace diez años, que la que tiene con su esposa. Celine no logra tocarlo, algo se queda sin decir y los espectadores sufrimos junto a ellos con eso que no puede ser.

Celine Song expande el sentimiento de ese pequeño momento de “Antes del atardecer”, de Richard Linklater, a través de una película entera, “Vidas pasadas”, su primer y magnífico largometraje, aunque sobre todo en ese tercer acto en que dos de los tres personajes principales, Nora y Hae Sung, por fin se encuentran físicamente cerca, 24 años después de que se despidieron, cuando aún eran unos niños, en Corea, de donde son ambos.

Si la conexión con “Antes del atardecer” se nota perfectamente en esos recorridos que hacen, cálidamente fotografiados por Shabier Kirchner, en los que Nora le muestra algunos de sus lugares favoritos de New York, el vínculo con “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, la película que Nora le presenta a Hae Sung en su primer reencuentro, que se desarrolló por Facebook hace 12 años (¿y cuántos de los que ahora tenemos más de 40 no vivimos algo así?), es más sutil, a pesar de que sea explícita en la trama. Porque en aquella maravilla escrita por Charlie Kaufman, un hombre entendía que la única manera de seguir adelante con su vida y olvidar a una mujer que amó con desesperación era borrándola de su memoria.

En “Vidas pasadas” Celine Song también reniega de las trampas de la memoria. Por un lado, presentándonos el concepto coreano del In Yun, esa sensación divina de que ya nos conocíamos de otra parte o de alguna de nuestras miles de vidas pasadas, que tenemos con algunas personas. Que por alguna lógica que nos supera, que podríamos llamar destino o providencia, teníamos que encontrarnos de nuevo. Y por el otro, mostrándonos lo dolorosa que puede ser la certeza fugaz de que tendríamos que haber volteado en aquella esquina, para que nuestra vida fuera mejor. Pues como dice Arthur, el marido de Nora y estupendo tercer personaje principal, en una historia contada en voz alta la elección actual, tu pareja del presente en la vida que finalmente tienes, ocupa el papel del villano, porque siempre será mejor aquello que soñamos, donde el filo constante de la cotidianidad y la monotonía no hace mella. Ese mundo de “la vida que no fue” es tan ideal, que por eso Arthur se empeña en aprender coreano, intentando aparecer alguna vez en los sueños de Nora.

Song se decanta por la defensa de lo que termina siendo. Porque al final, lo único que puede curarnos de la tristeza que sentimos mientras parte el taxi que no tomamos, es ese abrazo posible, sólido y real. El caballito que nos tocó en ese carrusel finito que es la vida.

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