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Padecer cáncer en la era de las redes sociales se convierte en una ventana abierta para crear conciencia acerca de la donación.
“Hoy me han diagnosticado leucemia. Solo diré que no voy a perder la esperanza, ni la fuerza, ni la sonrisa. Será y está siendo duro, pero saldré de esta. A tope, siempre”, escribió en su cuenta de Instagram el 27 de marzo de 2015 Pablo Ráez, un joven español, malagueño, de 18 años dedicado al deporte y que se enteró de que padecía leucemia cuando le iban a realizar una operación de rodilla.
Como cualquier aspecto de su vida, Ráez decidió contarlo a sus amigos en las redes sociales y, durante ocho meses, miles de personas se convirtieron en espectadores y acompañantes de sus quimioterapias y temporadas en el hospital, vieron cómo perdía pelo y peso, se enteraron de su trasplante de médula, de lo momentos duros y de las alegrías que compartió Pablo hasta que el cáncer abandonó su cuerpo.
Durante los siguientes diez meses Pablo retomó su vida, volvió a hacer deporte, emprendió viajes y siguió con sus planes. “Hoy hace un año que me diagnosticaron leucemia. Nadie pudo decir nada que me consolase...