Créditos, arriendos y contratos laborales se están cerrando por chat. En Colombia, firmar por WhatsApp puede tener validez legal, pero solo si se cumplen condiciones técnicas y de evidencia. Esto es lo que sí vale, lo que no, y cómo evitar fraudes antes de dar “acepto”.
Cuando hace un trámite, puede que le llegue un mensaje como: “Para finalizar el trámite, firme aquí”. Le piden foto de la cédula, una selfie y aceptar términos. En minutos, todo queda cerrado, pero la pregunta del millón es si eso tiene alguna validez legal o es solo una conversación más en chat.
En Colombia, la respuesta práctica es que sí puede ser válido, no por ser WhatsApp, sino porque se cumplan condiciones de firma electrónica confiable y quede evidencia verificable de lo aceptado.
Y es que un documento digital puede tener el mismo valor que uno físico si permite identificar a quien firma, proteger la integridad del documento y demostrar el consentimiento.
Un informe de AUCO, compañía tecnológica especializada en detección de fraude y firma electrónica, señala que cada vez más empresas validan identidad y cierran acuerdos desde WhatsApp, sobre todo en procesos masivos como créditos de bajo monto, contratación y arriendos.
Tres pruebas que debe exigir antes de responder “acepto”
¿Qué se puede formalizar así? La mayoría de acuerdos entre personas o empresas privadas, contratos laborales, pagarés y documentos de crédito, arriendos y acuerdos comerciales, siempre que el proceso cumpla el estándar de confiabilidad y deje evidencia.
¿Qué no vale? Actos que por ley exigen trámite notarial y/o escritura pública, como la compraventa de un inmueble.
Un punto clave es que, si le piden cédula y selfie, están tratando datos personales. De esta forma, deben informarle para qué usarán la información, cómo la protegerán y cuáles son sus derechos como titular.
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Santiago Montoya, CEO de AUCO, insiste en que un proceso digital bien hecho puede ser incluso más seguro que uno presencial porque deja trazabilidad y ayuda a detectar suplantaciones. La clave es no asumir que cualquier “acepto” tiene respaldo y verificar que existan controles reales antes de firmar.