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Diferentes desarrollos tecnológicos comienzan a llegar, poco a poco, a las viviendas. Comenzó la revolución.
Hace poco más de una década era difícil imaginar que el futuro del despertador, la linterna, el reloj o el álbum de fotos se escondía en un smartphone.
La nanotecnología estaba llamada a transformar también nuestra casa. No era la primera vez que se anunciaba una revolución doméstica. Sin embargo, como le sucediera a la domótica, apenas ha alterado nuestras costumbres cotidianas. Los cambios llegan de manera muy paulatina, casi sin darnos cuenta.
Es cierto que tenemos un reloj en el horno y que se desconecta cuando termina el tiempo de cocción, pero estamos lejos de las neveras que avisan cuando los alimentos caducaban o de los baños que detectan los cambios de presión sanguínea. Las transformaciones domésticas no son revolucionarias. Les cuesta llegar, pero cuando lo hacen es para quedarse.
En comparación con los carros o los lugares de trabajo, las viviendas tardan en reflejar esos cambios. Un viaje por algunas de las empresas más innovadoras del sector descubre que el futuro de la vivienda...