Los trastornos mentales tienen un mayor impacto en la salud de las mujeres que en la de los hombres a nivel mundial. Esa fue una de las principales conclusiones de la radiografía más amplia que se haya hecho en las últimas décadas sobre trastornos mentales, la cual fue publicada hace una semana en The Lancet.
Contexto: Los trastornos mentales son la principal causa de discapacidad en el mundo; 1.200 millones de personas afectadas
Sin embargo, en la psiquiatría estas conclusiones no son nuevas: informes de años anteriores de la Organización Mundial de la Salud han concluido que las mujeres resultan desproporcionadamente afectadas por este tipo de enfermedades, que son más propensas a sufrir ansiedad y depresión que los hombres, y que esta última patología es la que ocasiona mayor carga de morbilidad femenina, tanto en los países ricos como en los países de bajos ingresos.
Para entender este fenómeno, EL COLOMBIANO conversó con la psiquiatra Silvia Gaviria Arbeláez, médica psiquiatra, directora de la Sección de Mujeres de la Asociación Latinoamericana de Psiquiatría y profesora de la Universidad CES.
¿Por qué hay una brecha de género en la salud mental?
Las diferencias en la prevalencia y frecuencia de los problemas de salud mental entre mujeres y hombres obedecen, en parte, a factores biológicos, especialmente hormonales. Estos están relacionados con el período reproductivo femenino, ya que las oscilaciones hormonales tienen una acción importante sobre el cerebro y la regulación del estado de ánimo. Dichos cambios ocurren durante el ciclo menstrual, el embarazo, el posparto y la perimenopausia.
Por supuesto, esto se combina con una predisposición genética. Cuando confluyen los antecedentes genéticos y los cambios hormonales, las mujeres pueden presentar una mayor vulnerabilidad a ciertos trastornos de salud mental.
Sin embargo, existen otros aspectos de enorme relevancia: los determinantes sociales. Es allí donde debemos enfocar los esfuerzos y desarrollar estrategias y proyectos de prevención”.
¿Eso quiere decir que hay edades o etapas de la vida en que son mayores los riesgos de padecer una enfermedad mental?
Absolutamente. A partir de la menarquía, es decir, de la primera menstruación, empieza a aumentar la frecuencia de las enfermedades mentales en las mujeres, especialmente la depresión y los trastornos de ansiedad.
Además, factores como el abuso sexual, el acoso laboral y las violencias basadas en género también se intensifican. Esto no excluye las situaciones de abuso sexual, psicológico o físico que muchas niñas pueden sufrir en sus primeros años de vida, experiencias que constituyen una variable muy importante en la aparición de trastornos mentales más adelante.
Una niña expuesta a estas situaciones puede desarrollar una enfermedad mental durante la infancia o aumentar su probabilidad de padecerla en la adolescencia y la adultez.
Las mujeres también atravesamos etapas de especial vulnerabilidad. Durante el período premenstrual, por ejemplo, entre el 5 % y el 8 % presenta síntomas tan severos que pueden llegar a ser incapacitantes. En el período prenatal, entre el 10 % y el 15 % de las mujeres en el mundo experimenta depresión. Y durante la perimenopausia también aumenta el riesgo de depresión, especialmente en quienes ya habían tenido antecedentes de este trastorno durante su vida reproductiva”.
Hay otro asunto que en los últimos años es frecuente en la conversación sobre salud mental y son las redes sociales. ¿Qué sabe sobre el efecto de estas en las jóvenes?
“Sí, creo que este es un aspecto que debería considerarse un determinante social de la salud mental. Las redes sociales muestran realidades inexistentes, o más bien pseudorrealidades, que imponen estándares muy altos, especialmente para las mujeres, sobre todo en lo relacionado con la imagen corporal.
Por esa razón, también desempeñan un papel importante en los trastornos de la conducta alimentaria, que son mucho más frecuentes en mujeres que en hombres. De hecho, por cada hombre que sufre uno de estos trastornos, hay aproximadamente siete mujeres afectadas.
Las redes sociales presentan una realidad distorsionada que termina convirtiéndose en un parámetro o en una meta de vida para muchas personas, especialmente adolescentes. Sin embargo, las posibilidades y condiciones reales de cada individuo no siempre les permiten alcanzar esos estándares, que suelen ser irreales. Esa brecha entre la realidad y las expectativas puede afectar profundamente la salud mental y el proyecto de vida de mujeres y hombres”.
¿Cuáles son las barreras que tenemos a la hora de recibir atención profesional?
“Por un lado, está el estigma, que sigue siendo una barrera importante para buscar ayuda profesional. Muchas personas temen ser descalificadas o juzgadas por padecer una enfermedad mental, lo que retrasa la consulta y el acceso a la atención.
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Por otro lado, las mujeres suelen enfrentar mayores dificultades para acceder a los servicios de salud. En muchos casos, ese acceso está ligado al empleo formal y, si una mujer no trabaja o tiene una inserción laboral precaria, es menos probable que cuente con una atención adecuada.
En general, la brecha en el diagnóstico de muchas enfermedades mentales en las mujeres puede rondar los diez años. Es decir, entre la aparición de los primeros síntomas y la consulta profesional transcurre, en promedio, una década. Durante ese tiempo puede producirse un deterioro significativo de la salud mental.
Además, lo que ocurre en el cerebro también tiene consecuencias sobre el cuerpo. Las enfermedades mentales y las enfermedades físicas suelen estar estrechamente relacionadas y con frecuencia se presentan de manera simultánea.
Por eso es fundamental reducir estas brechas. En este punto, las redes sociales podrían desempeñar un papel positivo: promover la búsqueda de ayuda, favorecer la detección temprana, combatir el estigma y contribuir a que entendamos que las enfermedades mentales son enfermedades como cualquier otra, y que quienes las padecen tienen los mismos derechos de acceso a los servicios de salud”.
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