Francia, Reino Unido y Rusia son algunos de los países que avanzan en tener una vacuna contra la covid-19 que se aplica por la nariz.
Particularmente en Rusia, a mediados de octubre, fueron aprobados los ensayos clínicos del espray 08-Gam-COVID-Vac-2021, desarrollado por el Centro de Epidemiología y Microbiología Nikolái Gamaleya, con los que es evaluada su seguridad, tolerabilidad e inmunogenicidad (generación de respuesta inmune).
El Centro espera tener los resultados listos para finales de este 2021 y, de acuerdo con lo dicho a la prensa rusa por Alexander Guíntsburg, uno de los desarrolladores, posiblemente la combinación de Sputnik V (inyectada) y la nueva vacuna nasal “podría proporcionar una inmunidad esterilizante”, es decir, una respuesta inmune tan potente y de una calidad tan alta que es capaz de impedir el desarrollo de una infección por un microorganismo específico.
Esto sería importante porque las vacunas actuales lo protegen de enfermedad grave y muerte, pero no de infectarse o ser asintomático. Tener inmunidad esterilizante evitaría eso.
¿Cómo así que por la nariz?
Las vacunas administradas por vía nasal (mediante un espray indoloro) no son una novedad. Hacen parte del grupo de los biológicos vacunales que pueden aplicarse en mucosa bien sea nasal, oral, urogenital, intestinal, conjuntival (cavidades y órganos que tienen un revestimiento húmedo). Entre ellas hay varias conocidas, las de poliomielitis y rotavirus (que son orales) y la de influenza (nasal), que se aplica en EE. UU.
Están dirigidas a las mucosas porque todo microorganismo, para invadir las células y generar infección, debe entrar a través de una piel alterada (con lesiones o heridas) o a través de una mucosa. “Desde hace mucho tiempo se ha pensado que las mejores vacunas son de ese tipo (aplicación en mucosa) porque simulan muy bien la infección natural”, explica Carlos Julio Montoya Guarín, doctor en Ciencias Biomédicas e Inmunología, docente de la Facultad de Medicina de la U. de A.
Independientemente de la vía de administración, continúa, la vacunación debe estimular la inmunidad innata (la que ataca a los patógenos desde el primer momento que entran al cuerpo) y la inmunidad adaptativa (aquella que genera una respuesta específica contra el patógeno y lo recuerda en caso de que haya próximos “encuentros”).
La especialidad
En ambos casos (inyectada o en mucosa) se activa el sistema inmune. Sin embargo, hay algo distinto en cada proceso, apunta Juan Carlos Hernández, inmunólogo, doctor en virología y docente de la U. Cooperativa.
Dependiendo del sitio de administración “habrá mayor participación de los tejidos linfoides asociados a mucosas (que están en bronquios, tubo digestivo, nariz, conjuntiva, etc) u otros como los ganglios linfáticos (que se activan sobre todo durante la administración intramuscular)”.
Esto se traduce en que haya una mayor intensidad de la inmunidad en esos tejidos o sitios específicos. Para el caso de una vacuna nasal sería en el tracto respiratorio superior (nariz, boca, faringe, laringe). Así mismo, a esto se le uniría “la secreción de la inmunoglobulina A secretora (IgA secretora)” que son anticuerpos propios de las mucosas.
Pese a los beneficios que supone, añade Hernández, con la vacunación en mucosa exclusiva podría sacrificarse un poco la intensidad de la inmunidad sistémica (es decir, la que está distribuida por todo el organismo y que se activa con vacunación intramuscular), “con la que quedan protegidas incluso zonas en las que el virus no tiene preferencia y es la que protege del desenlace clínico una vez estamos infectados”. No obstante, agrega que tal dificultad teórica se superaría con la combinación de esquemas (inyección y luego espray).
Son varios los retos
Uno de los retos que atraviesan estas vacunas es que en algunas mucosas no hay sitios inductores de la respuesta inmune, es decir, que motiven efectivamente y preparen al sistema de defensas. Un ejemplo es la mucosa urogenital, donde no se aplican vacunas porque, explica el docente Montoya, evolutivamente allí (y en otras) se protegen las funciones esenciales para la vida, por eso la respuesta inmune es débil, si hubiera una respuesta muy fuerte se vería comprometida la reproducción de la especie: cualquier molécula de la pareja al tener sexo podría generar una activación del sistema de defensa. “Las vacunas del VPH que se pensaron allí fueron un rotundo fracaso”, ilustra.
Finalmente, está el reto de la estabilidad de las vacunas. Las inyectadas ingresan directo al organismo, pero las de mucosas deben superar las característica de sitios bioquímicamente complejos. Por ejemplo, la vacuna de poliomielitis (en gotas) debe pasar por el estómago, un lugar en el que se produce ácido clorhídrico, enzimas digestivas, etc.
“Aun sabiendo que sería deseable que todas se administraran por vía mucosa, son técnicamente complejas de desarrollar”, concluye Montoya y apunta que son un poco más costosas de desarrollar.
Exitosas a pesar de todo
Pese a los retos que implican, hasta ahora han sido muy exitosas. La de la polio logró erradicar la enfermedad en América Latina, señala Montoya, y la de rotavirus “ha tenido un impacto impresionante”.
Todas las que lo han logrado son vacunas en mucosa con virus vivos atenuados que generan una infección local a pequeña escala retando al sistema inmune para obtener una respuesta muy completa.
Ahora bien, las vacunas de virus inactivados, las de partes del virus o las de virus muertos son vacunas muy estables, pero no exitosas a un nivel deseable por vía de administración mucosa. “Uno desearía a futuro que puedan haber vacunas de este tipo con antígenos purificados, es decir, inactivadas o de ARN o ADN (parecidas a las actuales contra covid). Cuando esto se logre será un gran avance”.
¿Una esperanza?
Las vacunas nasales, contrario a las actuales, no protegerían solo a la persona vacunada de tener una enfermedad grave o morir por covid, sino que influirían en que, en caso de infección, no sean liberadas por el huésped suficientes partículas virales para infectar a otros.
“La inmunidad de las mucosas no siempre se genera cuando se aplica una vacuna por vía intramuscular. Eso tiene muchas ventajas porque puede ayudar a combatir los virus ‘en la puerta de entrada’ y disminuir la liberación de los mismos”, ilustra Julián Ruiz Sáenz, virólogo de la U. Cooperativa.
Entre otras ventajas que traería su desarrollo, señala Hernández, estaría la mejora de la adherencia en personas con miedo a las agujas.
En la actualidad, hay por lo menos 10 ensayos clínicos registrados para evaluar este tipo de vacunas para el covid, “su desarrollo es un poco más lento que el de las intramusculares porque los márgenes de seguridad y efectividad requeridos son muy altos”, finaliza Ruiz.