El escritor Andrés Felipe Solano le ha dado un giro de tuerca a las novelas sobre relaciones familiares que cruzan la literatura autorreferencial, también llamada autoficción. Escribir sobre el padre o la madre es ya casi un subgénero literario. En muchos casos el progenitor ha muerto y los traumas y las complicaciones de ser hijo viven en las páginas y alivian a escritores atormentados.
En Gloria, Solano se adentra un período de la vida de su madre —quien está viva y tiene el mismo nombre en la vida real—, como quien esculca en su armario a escondidas. Y descubre, a través de objetos, recuerdos y fotografías, sus amores, frustraciones e ilusiones. El hijo, el narrador, el escritor, hace presencia para acompañar y narrar el viaje de su madre, apenas comentándolo, para constatar, al mismo tiempo, que la ruta seguida le ha marcado su propio camino.
¿Cómo surgió la idea de este libro que, además de estar relacionado con la vida de su madre, entrecruza varias historias?
“Es precisamente eso. Mi mamá vivió en Nueva York en los años 70 y cuando tenía 20 años fue a ese concierto. Eso hace que la historia sea parte de la mitología familiar. Cuando estaba chiquito oía y veía muchas cosas de esa época, ella guardaba aretes, pestañas postizas, el talonario del banco que le pagaba el sueldo, porque trabajó en los laboratorios fotográficos de AGFA”.
¿Qué hacía allí?
“Recortaba diapositivas. Es parte importante de la novela, pero estuvo sepultado en mi cabeza muchísimo tiempo. Y solo después de escribir seis libros de ficción y no ficción encontré la forma de contarla”.
¿Y cuál era la dificultad?
“La novela publicada es muy diferente al libro que comencé, porque no era una novela, tenía tres historias que podían leerse como cuentos, que pasan en Nueva York en 1970, el día del concierto de Sandro, otra en Miami en 1983 y la última en 2005 en New Jersey. Y en medio tenía unos fragmentos donde hablaba de relaciones filiales, entre padres e hijos, madres e hijos”.
¿Más reflexivo, más ensayista?
“Exacto. Ese manuscrito se lo di a leer a varias personas, tuve otros lectores previos, incluso personas que no conocía personalmente, pero que sabía que eran buenos lectores, porque el material era muy cercano a mi historia personal y necesitaba distancia”.
¿Y cuál fue la apreciación de ellos?
“Coincidieron en que se saltaban estos fragmentos reflexivos y querían la fuerza narrativa”.
Querían las historias, los personajes...
“Pues fue muy claro que el libro debía ser eso”.
Y entonces se decantó por la narración de las tres historias...
“Pero claro, no quería que el libro se dividiera en tres capítulos, con las historias cronológicas, no me acababa de funcionar esa idea. Y reescribiéndola surgió un narrador rarísimo”.
Que las anuda y que al mismo tiempo es el hijo de Gloria...
“En esa primera forma la madre era un objeto, digamos, de discusión, de contemplación, de confrontación, etcétera. Pero con esta nueva forma se volvió un sujeto, una historia, un personaje. Y este narrador, que es el hijo de este personaje, ayuda a anudar esos tres momentos”.
¿Cree que es su libro más arriesgado?
“Es un libro muy diferente a los que he escrito. A pesar de que todo sucede en un día, existen cambios temporales, un narrador misterioso. El libro es muy corto, pero exige bastante del lector. En otros libros había intentado exigirle al lector, pero la exigencia no era tanta. Soy muy consciente de generar tensión dramática, de ayudar al lector a transitar por la historia, pero también que la termine de armar”.
¿Es una forma que le interesa seguir explorando?
“Me interesa escribir obras en las que el lector ayude”.
¿A terminar o que sea casi un trabajo?
“Un trabajo conjunto. La novela tiene una estructura compleja, un narrador al principio misterioso que puede parecer muy extraño, cambios de tiempo, pero a la vez siento que la novela está muy viva, porque está en Nueva York, hay referencias a la cultura popular, está Sandro, el salto a Miami...”.
Ese narrador se va tomando confianza y el lector se va compenetrando con él. A pesar de que es un personaje que está basado en la vida real y la novela tiene la referencia directa con su madre, con sus recuerdos, ¿considera este libro el más literario de los que has escrito en un sentido formal?
“Sí, me siento ahora muy lejano de esa época de cronista y periodista”.
¿Un parteaguas en su carrera?
“Siento la necesidad de explorar este nuevo rol, este nuevo lenguaje que venía persiguiendo, pero no sé qué pasó aquí, pues no me metí con este tipo de estructuras, de voces, de una manera decidida, y estoy muy a gusto con lo que salió. Vamos a ver si logro en el siguiente libro dar con algo así. Este narrador del que hablábamos no fue una cosa muy premeditada. Me lo encontré por el camino. Una voz que empezó a salir y le puse cuidado”.
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