Un combo del nororiente de Medellín pasó de ser una organización de vecindario a una banda con redes en el extranjero, lo cual la tiene en la mira de las autoridades de Colombia, Estados Unidos y el Reino Unido.
Se trata de “la Viña”, una facción que lleva más de dos décadas delinquiendo en la comuna de Manrique, y que gracias a una sociedad con narcotraficantes comenzó a hacer trabajos “mayores” para la mafia desde 2012.
Investigadores que le siguen la pista a este grupo, narraron a EL COLOMBIANO, bajo reserva de identidad, que después de la reciente guerra de combos que sacudió al Valle de Aburrá, entre las huestes de los capos “Valenciano” y “Sebastián” (2008-2011), “la Viña” comenzó a prestar servicios independientes.
Sus cabecillas “la Teta”, “el Cerdo” y “el Paraco” se asociaron con el narco John Jairo Cardona García, apodado “Ojitos”, quien laboraba para el cartel mexicano de Sinaloa. Los primeros trabajos que hicieron para él estuvieron ligados a la escolta personal y vigilancia de cargamentos.
En 2013, “Ojitos” fue capturado en la capital antioqueña y extraditado a una prisión en el estado de Virginia, EE.UU. A su partida, dejó a sus socios de “la Viña” instalados en las redes de narcotráfico que conectan a Colombia con México.
“Bodegueros” en Barú
Con ese conocimiento, los jóvenes del combo continuaron brindando seguridad a cargamentos de otras organizaciones exportadoras de cocaína, como “los Urabeños” (o “Clan del Golfo”). La evidencia quedó plasmada en una operación de la Dirección Antinarcóticos, el 5 de mayo de 2015.
Un grupo de Comandos Jungla fue desplegado en la Isla de Barú (Bolívar), donde descubrieron un centro de acopio de cocaína. Cayó una tonelada del alcaloide, perteneciente a “los Urabeños” y valorada en US$33 millones.
El informe del caso señala que desde ese sitio turístico, la droga sería transportada en lanchas hacia Centroamérica. Fueron capturados dos presuntos integrantes de “la Viña”: Luis Ospina Ospina y Héctor Zapata Bernal, a quienes les incautaron una subametralladora MiniUzi con silenciador y municiones. El general Ricardo Restrepo, quien en ese momento era el director Antinarcóticos, precisó que cumplían la función de “custodios” de la mercancía.
Esta situación puso al combo en la mira de la DEA.
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