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Por las calles de Bolombolo se verá de nuevo al poeta León de Greiff

Habitó el corregimiento entre 1926 y 1927. Allí reformó su poesía. Había sido olvidado y hoy lo está rescatando.

  • Por las calles de Bolombolo se verá de nuevo al poeta León de Greiff
  • León de Greiff en Bolombolo en 1926, en la casa de los empleados del ferrocarril. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.
    León de Greiff en Bolombolo en 1926, en la casa de los empleados del ferrocarril. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.
  • Esta es la casa en donde vivió el poeta. La idea es convertirla en un museo. Foto: Manuel Saldarriaga.
    Esta es la casa en donde vivió el poeta. La idea es convertirla en un museo. Foto: Manuel Saldarriaga.
  • Postal del Suroeste, con el río Cauca, que sirvió de inspiración al poeta. Foto: Archivo.
    Postal del Suroeste, con el río Cauca, que sirvió de inspiración al poeta. Foto: Archivo.
  • León de Greiff dedicó muchos de sus versos al río Cauca. Foto: Manuel Saldarriaga.
    León de Greiff dedicó muchos de sus versos al río Cauca. Foto: Manuel Saldarriaga.
  • León de Greiff con Toño Duque en Bolombolo. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.
    León de Greiff con Toño Duque en Bolombolo. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.
  • León de Greiff es considerado uno de los poetas más grandes de la literatura colombiana. Foto: Archivo.
    León de Greiff es considerado uno de los poetas más grandes de la literatura colombiana. Foto: Archivo.
Publicado el 12 de junio de 2022

León de Greiff vivió muchas vidas, todas al mismo tiempo. En 1926 llegó a Bolombolo, proveniente de Bogotá, donde había trabajado los últimos 10 años en el Banco Central. Se instaló en una casa encumbrada sobre una pequeña colina, con vista al Berdunco, como los indígenas llamaban al río Cauca. Bolombolo era el sol abrasador, la brisa que mece las ceibas, el trópico lascivo, los reptiles insomnes. Venía hastiado de la capital, de los “gansos del capitolio”; su viaje, en realidad una fuga rimbaudiana, pretendía la “vida en bruto”, es decir, simple, lejos de la poesía. Pero León, empujado por el indómito río, el bravío Cauca, no tuvo de otra que escribir poemas, coplas, cancioncillas. Y, pese a su aspiración de vida en bruto, se sentó en la hamaca, la pipa ladeada pendiendo de la boca, y sobre hojas amarillas le dio una nueva vida a Bolombolo.

El poeta dejó esa población en junio de 1927. La casa en que vivió —aposento de los funcionarios del Ferrocarril de Antioquia— permanece en pie. Hoy está derruida, disminuida por la pátina de casi cien años; las paredes, desconchadas; el techo, inclinado. Nada recuerda al escritor, excepto la vista, que permanece fresca en sus versos. Frente a la casa está el Cauca, que corre, escapándose, entre la vegetación tropical. “Oh, tú, Berdunco, oh Cauca, de fragoso / peregrinar por chorreras y rocales / —atormentado, indómito y bravío”, escribió el poeta en 1926, tal vez en su casa.

El caserío sobre el Cauca, con la estación de Ferrocarril, permanecería siempre en su memoria. En la década del 50, cuando se acercaba a los 60 años, le ofrecieron un viaje a París, otra especie de fuga. Aún no había ido a Europa, la tierra de sus bisabuelos. Ante el ofrecimiento, León contestó que prefería volver a Bolombolo, que no era más que una “sombra de poblado”, “un puente sobre el túrbido Cauca”.

Bolombolo no se fue nunca de León, aunque Bolombolo lo haya olvidado.

León de Greiff en Bolombolo en 1926, en la casa de los empleados del ferrocarril. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.
León de Greiff en Bolombolo en 1926, en la casa de los empleados del ferrocarril. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.

* * *

Pero el tiempo ha pasado y lo único que sigue indemne, en apariencia, es el río. El ferrocarril cerró hace cinco décadas y autopistas modernas circundan el poblado. Hasta hace seis años no había un colegio, una cantina, una venta, un hotel, que llevara el nombre de León de Greiff en Bolombolo. Nadie parecía recordar que allí, entre 1926 y 1927, vivió el poeta universal. Hasta que un hombre, un buen greiffiano, abrió una papelería que bautizó con el nombre del poeta.

El renacer ha sido paulatino. En 2020 se celebró el primer Festival de Poesía León de Greiff en Bolombolo. El nombre de León, de nuevo, comenzó a sonar en “el país del sol sonoro”, como él bautizó este poblado. Sus versos corren por los labios de Hellen Avendaño, de 12 años, que recitó un poema en público, pese a la dificultad: “Oh, Bolombolo, país exótico y no nada utópico / ¡En absoluto! Enjalbegado de trópicos / hasta donde no más”.

A ese primer festival llegó Alexis de Greiff, nieto del poeta. Arribó a Bolombolo en medio de un aguacero tropical; crujían los techos, se quejaba el viento: “Pasé largos ratos frente al río Cauca, imaginándome a León en los años 20. En medio del aguacero me sentí en una obra de teatro que ya había leído”.

Esta es la casa en donde vivió el poeta. La idea es convertirla en un museo. Foto: Manuel Saldarriaga.
Esta es la casa en donde vivió el poeta. La idea es convertirla en un museo. Foto: Manuel Saldarriaga.

A la vera del Cauca está la estación del Ferrocarril de Antioquia, donde el poeta ofició como contador. Es una casona de dos pisos, de fachada color pastel. Hoy está en remodelación y pronto será centro turístico de Bolombolo. Una de las salas interiores acogerá a la casa de la cultura que, para hacer honor a la historia, llevará el nombre de León de Greiff.

La estación está muy cerca de la casa en que vivió el poeta. Óscar Sánchez, alcalde de Venecia, se ha encargado de rescatar la memoria de León. Formó parte de un grupo de jóvenes greiffianos que estudió los versos dedicados al corregimiento. Ahora, uno de sus proyectos es rescatar la casa del poeta, que sucumbe ante las inclemencias del trópico. La idea, hasta ahora apenas esbozada, es hacer un pequeño museo en su honor. A Bolombolo llevarán la pipa, manuscritos y otras pertenencias del poeta. Y, como la vista es privilegiada, un café, al estilo de Otraparte en Envigado, se erigirá a modo de terraza, frente al Cauca.

Postal del Suroeste, con el río Cauca, que sirvió de inspiración al poeta. Foto: Archivo.
Postal del Suroeste, con el río Cauca, que sirvió de inspiración al poeta. Foto: Archivo.

En la estación del tren, enjugándose el sudor, el poeta vivió en bruto. Pero su jornada terminaba al finalizar la tarde. A esa hora, la brisa soplaba por el cañón del Cauca, refrescando la tierra polvorienta, herida por el sol. León no quería escribir, buscaba alejarse de la “poetería”. Pero no le fue posible escapar; los encantos del trópico, de la brisa leve, la lubricidad exacerbada, lo obligaron a seguir escribiendo, una y otra vez: “Y a orillas del Berdunco fabuloso / por fabulosas tierras de Kok O’ jondho... El fugado crepúsculo sobre el río regó / legítimas estrellas / —monedas invaluables— (puñados de monedas para los miserables / la noche dispendía con lujo millonario”.

Bolombolo era un prodigio para León. ¿Cómo es que apenas se están acordando de su memoria, de su barroquismo tropical? El Invías está recuperando la vía del tren en Bolombolo. Ya no habrá otro ferrocarril posible, ni los pasajeros descansarán bajo una ceiba, pero las huellas de la locomotora se convertirán en un parque lineal de 7,5 kilómetros con senderos, bancas, ventas y parques infantiles.

Al frente de la estación se erigirá una estatua de León de Greiff y en el corredor instalarán letreros con los poemas dedicados a Bolombolo o al adorado río Berdunco: “Cuando vivía en Bolombolo / —recuerdas, Érik, esos días caldeados / recuerdas, Aldecoa, aquellas noches cribadas, decantadas, hechas polvo de finísimo obre”.

* * *

León de Greiff nació en Medellín en 1895. En el templo de la Veracruz lo bautizaron Francisco León; Francisco en honor a Francisco de Asís, León, como homenaje a Tolstói. El cura impidió que su padre lo nombrara Fiódor, como Dostoyevski.

A los nueve años comenzó a leer el diario de su bisabuelo, Carl Sigismund Von Grefiff, que llegó a Colombia en 1825 junto a su esposa Petronella Faxe. La pareja, venida de Suecia, arribó con la esperanza de hacer fortuna en las minas de oro. Y, aunque juraron retornar a su patria, jamás lo hicieron. Carl Sigismund murió en Remedios en 1870, veinticinco años antes de que el poeta naciera.

León de Greiff dedicó muchos de sus versos al río Cauca. Foto: Manuel Saldarriaga.
León de Greiff dedicó muchos de sus versos al río Cauca. Foto: Manuel Saldarriaga.

Sus personajes son vikingos que van errando, buscando el mar, pero que sucumben en el intento. Son escandinavos, son nórdicos, que suelen vagar por el trópico; también son antioqueños que bajan por Otramina buscando el Cauca, jumaos, bebiendo brandy o ron de Jamaica.

Después de fundar el grupo de los 13 panidas en 1915, y de protagonizar una sonada pelea en la Plazuela de San Ignacio en Medellín, el poeta partió a Bogotá, en donde consiguió trabajo en el Banco Central. Pero su vikingo interior lo comenzó a hostigar; había que embarcarse en una nueva aventura, alejarse de los gansos del capitolio, de la ciudad fría y a veces estéril. Dice Julián Vásquez, autor de El gran viaje atávico: Suecia y León de Greiff, que al poeta lo movió una “asfixia espiritual”.

Esa intención de fuga, que él mismo comparó con la huida de Rimbaud a África, aparece ya en un poema de 1925, un año antes de materializarla: “Después de tantas y de tan pequeñas cosas, —busca el espíritu mejores aires, mejores aires”. Más adelante, con desdén, refleja el hastío de su estancia en Bogotá: “Toda aquesa gentuza verborrágica / —trujamanes de feria, gansos del capitolio, / engibacaires, abderitanos, macuqueros / casta inferior desglandulada de potencia / casta inferior elocuenciada de impotencia / toda aquesa gentuza verborrágica / me causa hastío, bascas me suscita”.

En otro poema de la misma época, hace alusión directa a su deseo irreprimible de fugarse, de tener una aventura a lo Rimbaud: “Cuando yo descendía por los ríos magníficos / con Arturo Rimbaud, discurrí largamente, / con Arturo Rimbaud discurrí longamente / de esos álgidos tópicos”.

León de Greiff con Toño Duque en Bolombolo. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.
León de Greiff con Toño Duque en Bolombolo. Foto: Archivo Biblioteca Pública Piloto.

León de Greiff no llegó solo a Bolombolo, como nunca estuvo solo en su vida. A orillas del Berdunco lo acompañaron Leo Legrís y Matías Aldecoa, dos de sus personajes más entrañables. En realidad, estos dos sujetos, dos poetas errantes, son “yoes” metafísicos, como los llama el greiffiano Julián Vásquez. El poeta vivió a través de ellos, experimentó el mundo gracias a sus ojos de tinta.

Aldecoa y Legrís, así como León de Greiff, se fueron en busca de la vida en bruto a Bolombolo. Pero un tercer personaje de ficción, Gaspar de la Noche, buscó mejores aires en Korpilombolo, una aldea sueca. Supuestamente, Gaspar se confundió por la semejanza de los nombres y fue a dar al pueblo nórdico, cubierto de nieve, próximo al Polo Norte.

Mientras Aldecoa acompañó a León a orillas del Berdunco y le dio aliento en la búsqueda de la vida en bruto, el poeta sumió a Gaspar en un silencio imperturbable, como Rimbaud. Solo en 1959, cuando a De Greiff lo invitaron al Congreso Mundial de la Paz en Estocolmo, rescató a su viejo personaje, del que no se había recibido noticia desde su fuga: De Greiff escribió que se encontró su momia, inexplicablemente incrustada en un cubo de hielo.

La imaginación de León de Greiff logró unir para siempre a Bolombolo, un corregimiento de Venecia, con Korpilombolo, el pueblo nórdico. En Korpilombolo hay un parque bautizado De Greiff; un hotel se llama Bolombolo, como la diminuta aldea sobre el túrbido Cauca. A modo de redención, de hermandad entre dos pueblos tan dispares, solo unidos por la imaginación de un poeta errante, en Bolombolo está próximo a registrarse un hotel que se llamará Korpilombolo.

A orillas del Cauca, al pequeño caserío asediado por el sol, han llegado extranjeros atraídos por los versos de León. Quieren conocer la pequeña patria del poeta, que se imaginan una aldea ficcional, como un Comala o Santa María, solo existente en el papel. Arriban hasta el país del sol sonoro persiguiendo un mito: un río indómito, unas excesivas palmeras, unas cigarras estridentes, pero no hallan más que olvido, un silencio tan desconcertante como el de Gaspar de la Noche tras su exilio.

León de Greiff es considerado uno de los poetas más grandes de la literatura colombiana. Foto: Archivo.
León de Greiff es considerado uno de los poetas más grandes de la literatura colombiana. Foto: Archivo.

Muchas vidas vivió el poeta a través de Aldecoa, de Gaspar, de Erik Fjordson, de Leo LeGrís, de Sergio Stepanki. Erik hablaba con el Berdunco, que a la vez le respondía: “Yo río / Yo... —fallido odiseo, fracasado Sinbad, víking de río— / (Erik Fiúrson, nieto de Leif — hijo de Roso / Erik, que descubrió Vinlandia un día / Yo río. ¡Yo!, de tus odiseas siempre iguales”.

A través de esos personajes había ya viajado a la tierra de sus bisabuelos antes de 1958. De Bolombolo no se fue nunca. En 1948, diecinueve años después de su fuga, escribía: “¿Y si tornaras a tu Bolombolo? / Vete, vate cativo / ¡Métete en la mudez! / (Sería lo sabio) Y es lo equitativo...”.

La poesía de León fue otra después de Bolombolo. “Se llenó de música, apareció el río, el colorido, la fauna silvestre. Su poesía se llenó de ritmo, de seres fabulosos. Él mismo lo llamó la gran reforma poética”, explica Luis Fernando Macías, autor de varios libros sobre León de Greiff.

Su obra, tal vez por su barroquismo, las innumerables referencias culturales e históricas, no ha logrado la difusión que merece. “Es el poeta más grande en español”, agrega Macías. Por suerte se está rescatando: en Bolombolo renace el poeta, vuelve a la vida perdida. Aldecoa, Leo LeGrís y la momia de Gaspar lo esperan a la orilla del Berdunco, en la “sombra de poblado” de la que jamás se fue

Si quiere más información:

Miguel Osorio Montoya

Comunicador Social-Periodista de la UPB. Redactor del Área Metro de El Colombiano.


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