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Invasión crece sin talanquera en la carretera al túnel de Occidente

Es el barrio Olaya Herrera I, sobre la doble calzada al túnel. Preocupa una tragedia.

  • Como se ve en la segunda foto, las casas se han construido peligrosamente a las orillas de la Iguaná, pero hay otras muy cerca de la vía, incluso levantadas en zancos. FOTO carlos velásquez.
    Como se ve en la segunda foto, las casas se han construido peligrosamente a las orillas de la Iguaná, pero hay otras muy cerca de la vía, incluso levantadas en zancos. FOTO carlos velásquez.
  • Las casas las han construido casi sobre la quebrada. Foto: Carlos Velásquez.
    Las casas las han construido casi sobre la quebrada. Foto: Carlos Velásquez.
  • Así se ve el barrio desde adentro. Foto: Carlos Velásquez.
    Así se ve el barrio desde adentro. Foto: Carlos Velásquez.
Publicado el 21 de abril de 2022

Hay en la vía al túnel de Occidente un vecindario entero, improvisado, que se expande sobre una hondonada, a ambos lados de la Iguaná. Cada tanto, casi de manera imperceptible, aparece un rancho nuevo, un techo de zinc, un plástico que funge como pared, que dan cuenta de la urbanización acelerada, descontrolada. Y todo pasa, parece, de espaldas a la ciudad y de agache para las autoridades.

Hay que decir que el barrio no apareció por generación espontánea sino que, más bien, es el resultado de migraciones, de una ciudad desigual y de las falencias de las políticas sociales. Sí se puede decir, en cambio, que de un año para acá se ha expandido sin control y que cada día se construyen casas nuevas en un terreno empinado, saturado de agua, que además está al borde de una quebrada que se crece cada tanto.

A la redacción de EL COLOMBIANO han llegado varios correos sobre las construcciones irregulares en la zona. Una mujer, por ejemplo, señaló que se dio cuenta del problema en un viaje hacia Santa Fe de Antioquia. A la vera de la carretera vio cómo, peligrosamente, se han levantado casas de madera y plástico, que casi penden de la ladera. “Pasando por ahí me di cuenta de que estaban descargando material para construcciones. Todo pasaba sin que nadie se opusiera o siquiera llamara la atención de lo que estaba pasando”, contó la mujer.

El tema, no obstante, no debe reducirse a la incomodidad que puede generar la invasión a los viajeros que van hacia el Occidente. Las casas de plástico tersado, los techos de zinc y las tablas torpemente dispuestas esconden, a su vez, las angustias y las precariedades de una comunidad.

Para saber qué es realmente lo que pasa, y cómo se vive en el sector, EL COLOMBIANO hizo un recorrido y habló con los vecinos.

Una expansión reciente

Las casas se han construido a pocos metros de la carretera. Niños caminan entre las construcciones, por donde también deambulan perros y gatos, con los riesgos que tiene esto a la orilla de una vía por donde pasan los buses, particulares y camiones que van hacia Urabá y el Occidente.

Las casas más próximas a la vía son las más recientemente levantadas, la mayoría de ellas en el último año. Una mujer explica que también se han construido casas al borde de la Iguaná, la quebrada que se creció hace poco menos de un mes y que obligó a la evacuación de siete familias. No es fácil quitar la mirada de una casa que quedó media por la furia de la quebrada, con medio esqueleto pendiendo sobre un barranco.

Las casas las han construido casi sobre la quebrada. Foto: Carlos Velásquez.
Las casas las han construido casi sobre la quebrada. Foto: Carlos Velásquez.

Don Ómar, como se hace llamar, es uno de los líderes del barrio. Hace más de una década trabajó en la reubicación de los habitantes de Vallejuelos. Ahora, dijo, no quiere meterse en problemas, como en aquel entonces, cuando fue amenazado por su liderazgo.

Don Ómar llegó a Olaya Herrera I como desplazado, como la mayoría de sus vecinos. Según su percepción, el problema de fondo es la falta de ayudas en vivienda por parte del Municipio: “Esto comenzó a poblarse en forma desde hace unos cinco años, cuando se habilitó la calzada al túnel. Sin embargo, se ha expandido el último año”. El hombre señaló un terreno aún baldío, aunque desnivelado, y comentó: “Es un milagro que no hayan construido ahí. Cada rato pasa gente preguntando si están vendiendo lotes para hacer una nueva casa”.

Las palabras del líder son ciertas. Preguntándoles a los vecinos se hace evidente que, en su mayoría, llegaron al lugar hace menos de un año. Es el caso de una mujer que no quiso dar su nombre, pero que contó que, con su esposo, se adueñaron de un espacio y, como pudieron, levantaron una casa de madera y techo de zinc. “Casi todos somos nuevos. Por ejemplo, las casas que están al lado de la de nosotros son más nuevas. Estamos acá porque nos toca, porque mi esposo trabaja y gana muy poco. Lo que más miedo nos da es que se crezca la quebrada. Cuando eso pasa, nos salimos de la casa, con miedo”, expresó la vecina.

El temor siempre latente es que la quebrada, enfurecida, como cada rato pasa, provoque una tragedia. Los vecinos son conscientes de que eso puede pasar, pero encogen los hombres diciendo que están ahí por la necesidad y poco pueden hacer para remediar la situación.

Así se ve el barrio desde adentro. Foto: Carlos Velásquez.
Así se ve el barrio desde adentro. Foto: Carlos Velásquez.

¿Hay loteo? ¿Alguien se adueña de la tierra para venderla? Ante la pregunta, los habitantes bajan la mirada, y dicen desconocer el tema; sin embargo, comentan que, como en casi todos los barrios populares de Medellín, son “los de la vuelta” los que dan permisos y controlan el territorio.

¿Y la Alcaldía? EL COLOMBIANO envió un cuestionario a la administración para conocer la situación, si había una caracterización de la población y si alguna ayuda se estaba brindando. Pese a que las preguntas se enviaron el lunes, no hubo respuesta hasta anoche, al cierre de esta edición. Sobre el tema debería estar a cargo la Secretaría de Gestión y Control Territorial, en cabeza de Carlos Mario Montoya.

Lo que sí reconocen los vecinos es que hace poco recibieron la visita de algunos funcionarios municipales. Al parecer, estaban tomando un censo. Don Ómar, sin embargo, cree que hace falta articulación para solucionar el problema y que el barrio no se siga poblando de la manera peligrosa en que lo ha hecho los últimos años: “También han venido de Bienestar Familiar a ver cómo están los niños, pero es poca la ayuda de la Alcaldía. Si no se hace algo, no sabemos en qué va a parar todo esto” .


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