La calidad del aire mejoró este sábado según los radares del Siata. La mayoría de estaciones amanecieron a las 6:00 de la mañana con las estaciones todavía registrando unos altos contaminantes en colores naranja y amarillo (que significan dañina para grupos sensibles y moderada), pero mucho mejor en comparación a los días de la semana pasada donde amanecían siempre en rojo (dañina a la salid).
Siendo las 11:00 de la mañana de las 21 estaciones de monitoreo habían solo 6 en naranja. Uno de los registros que impresionan más es el de la estación Tráfico Sur que mantiene con un alto nivel de contaminantes y hoy aparece en amarillo.
Justo el pasado viernes Medellín y el Valle de Aburrá cumplieron siete semanas de contingencia ambiental. A los problemas de la calidad del aire se sumó otra realidad: la emergencia sanitaria por el nuevo coronavirus, que incidió para que las medidas tomadas en anteriores ocasiones, como el pico y placa ambiental, no surtieran el mismo efecto, ni lograran reducir la contaminación en la atmósfera.
LEA: ¿Por qué no ha mejorado la calidad del aire en el Aburrá?
La situación actual, similar a la de 2016, tiene su explicación en factores externos que las autoridades no pueden manejar. Así lo reconocen expertos y así ha sido explicado por el Sistema de Alertas Tempranas, Siata, y el Área Metropolitana. Los incendios son los grandes señalados.
Carlos David Hoyos, director del Siata, explicó el pasado 19 de marzo que las mediciones revelan un gran aporte de contaminantes derivados de la quema de biomasa en zonas externas al Aburrá. En Antioquia, según el Departamento de Prevención, Atención y Recuperación de Desastres, Dapard, estaba activo hasta la noche de este viernes un incendio en una mina de carbón en el municipio de Amagá. En las últimas horas se lograron controlar dos emergencias más que se presentaban en Santa Rosa de Osos y Anzá.
Sin embargo, hay emergencias mucho más alejadas de la región que afectan la calidad de aire que respiramos.
El Siata explica que al norte de Sudamérica hay unos ciclos anuales de incendios producidos por el verano que alcanzan su pico máximo entre marzo y abril, justo la época en la que el Valle de Aburrá vive su primera contingencia ambiental del año. Este 2020, sin embargo, las autoridades reportan un número de incendios que ha superado el promedio anual histórico.
El último reporte conocido evidencia que más de 5 mil incendios permanecen activos. Sus efectos, juntos, son transportados por ráfagas de viento no solo hacia al Aburrá. Ciudades como Bogotá también han reportado inusuales concentraciones de material particulado y una duración mucho más larga de contingencias ambientales.
La población, además, se ha visto enfrentada a una emergencia excepcional provocada por la expansión del coronavirus. Las autoridades se debaten entre mantener las restricciones de movilidad por el pico y placa ambiental o tomar otras decisiones que parecen en franca contradicción pero que se explican debido a la emergencia sanitaria.