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La historia de la torre de loza que transformó un pueblo del Oriente

  • El artista que diseñó la torre quería que guardara equilibrio con la la torre parroquial. Alcanza los 20 metros. FOTO Antonio sánchez
    El artista que diseñó la torre quería que guardara equilibrio con la la torre parroquial. Alcanza los 20 metros. FOTO Antonio sánchez
Por DANIELA OSORIO ZULUAGA | Publicado el 08 de febrero de 2020
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baldosas hechas con la técnica de bajo esmalte decoran la Torre Bicentenaria

Cuando se piensa en cerámica antioqueña de inmediato se viene a la mente El Carmen de Viboral. Esa tradición que se ha convertido en legado ha hecho que el nombre de esta provincia, ubicada en el Oriente antioqueño, suene en lugares remotos y permanezca en espacios impensables.

La Reina Isabel II y el Papa Francisco son algunos de los personajes que han recibido vajillas pintadas desde el municipio. La “cuna de la cerámica”, está llamada a continuar su legado desde las fábricas, pero también desde los muros y las calles que habitan a diario los carmelitanos. ¿Cómo lo hicieron con la torre que se erigió en el parque principal?

La idea

Desde 2012 el parque Simón Bolívar y sus calles principales empezaron un proceso de remodelación, en el cual se llegó a la conclusión de que era necesario incluir un elemento que resumiera dos siglos de historia en este territorio.

“Queríamos algo que nos representara, una construcción con la que no olvidáramos de dónde venimos y quiénes somos”, dijo Néstor Martínez Jiménez, alcalde del municipio entre 2012-2015.

Ahora, ¿quién la construye?

Ahí empezó el dilema. Lo ideal “hubiese sido que los ceramistas oriundos del municipio la propusieran y la diseñaran en sus fábricas”, dijo la directora de Proyectos Especiales de esa administración, Beatriz Moreno, “pero no pudo ser así”.

El proceso para elegir qué y quién haría la construcción empezó buscando ideas, proyectos y propuestas que tuvieran el peso necesario para convertirla en un símbolo municipal. Además, contó el exalcalde, la construcción “también sería un elemento para conmemorar los 200 años de la fundación del municipio”.

Era un peso pesado para el que los ceramistas carmelitanos, aún con todo el talento y el conocimiento que tenían, no estaban preparados. “Hablamos con ellos, pero no lograron articularse ni proponer algo concreto que se pudiera realizar”, dijo Moreno.

Fue entonces cuando la fundación La tierra como camino, acompañada por el artista José Ignacio Vélez, propuso una escultura urbana erigida en el parque principal que fuera un referente ceramista.

“Al principio pensamos en una gran representación de un horno, o incluso en varios, que dieran cuenta de la forma tradicional en que se elaboraba la cerámica”, explicó Vélez, diseñador principal de la obra. Sin embargo, el proyecto fue trascendiendo y modificándose hasta llegar a la idea de una torre que, además de representar una chimenea de aquellas fabricas tradicionales, tuviera elementos de cerámica expresados de una manera diferente a los que ya se habían plasmado en la calle de la Cerámica y la calle de las Arcillas.

Y así fue. Vélez realizó los bocetos y seleccionó la paleta de colores, tenía clara la idea de “realizar una escultura que fuera de la tierra al cielo”, contó Luis Berrío, director de la fundación mencionada. Además, quería que “fuera una forma de generar identidad en un pueblo tan cultural como El Carmen”.

No pasó mucho tiempo entre la inauguración de la Torre Bicentenaria, en 2015, y la incorporación de ese elemento en el lenguaje y los planes de los carmelitanos. Quizás porque esa era la idea desde el principio por parte del diseñador: “lograr que la torre no compitiera con el resto de los elementos del parque sino que los complementara”.

Ahora, la torre es, entre otras cosas, un punto de encuentro, un buen lugar para tomar café o sostener una conversación y, sobre todo, un elemento de identidad en estas tierras ceramistas .

Contexto de la Noticia

ANTECEDENTES Construida a varias manos

Además de José Ignacio Vélez y la Fundación La Tierra como camino, hubo un equipo de ingenieros y arquitectos que se le midió a la estructuración de la torre. Y, si bien los artesanos del pueblo no pudieron ser los protagonistas, hubo varias manos carmelitanas pintando los 200 pequeños platos, 50 en cada cara, que acompañan la estructura. Por último, la empresa ceramista, Corona, prestó su taller y donó todos las baldosas necesarias.

Daniela Osorio Zuluaga

Comunicadora Social - Periodista de la UdeA. Amo leer historias y me formé para contarlas.

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