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Manuel, el rector que le apostaba a los sueños

La comunidad de la institución Rafael Uribe Uribe se pregunta
las causas del asesinato.

  • Ayer a las 10 de la mañana se llevó a cabo un homenaje al rector. Estudiantes, profesores y amigos colgaron mensajes en la entrada del colegio y encendieron velas. FOTO Róbinson Sáenz
    Ayer a las 10 de la mañana se llevó a cabo un homenaje al rector. Estudiantes, profesores y
    amigos colgaron mensajes en la entrada del colegio y encendieron velas. FOTO Róbinson Sáenz
  • Manuel, el rector que le apostaba a los sueños
29 de julio de 2017
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En la institución Educativa Rafael Uribe Uribe ayer no hubo clases y no habrá hasta el próximo martes. Las aulas estaban vacías y en los corredores apenas se percibía la presencia de algunos estudiantes.

La entrada al colegio
se llenó de color, por las hojas de bloc iris en las que se leía: “Te vamos a extrañar”. Las velas iluminaban las caras de tristeza de padres, alumnos y profesores que
se dieron cita para rendir homenaje a su rector: Manuel Jaime Arango.

Un aparente intento de robo acabó con la vida
de Manuel el jueves en horas de la tarde. Al parecer, buscaban su moto, una Suzuki DR amarilla, la misma que, relata don Pino, vigilante del colegio, parqueaba constantemente al frente de la institución.

Rector, padre, amigo y profesor, Manuel dejó el legado de una persona entregada al acto de educar. Sus dos años en la institución, generaron un cambio que, inicialmente fue de choque, pero constructivo .

“Pintó las sillas, instaló un sistema de seguridad en la escuela y reparó algunos salones”, admiten algunos de los alumnos, que reconocen los logros de su labor, a pesar no ser tan cercanos a él.

La investigación, su bandera

Uno de sus colegas, Raúl Ríos, relata que a Manuel nunca se le veía triste. Recalcaba, constantemente, la necesidad de hacer las cosas bien, o simplemente no hacerlas. “Nos decía que uno siempre está donde está porque quiere”, cuenta Raúl, quien trabajó un tiempo con Manuel y agrega que esta era su filosofía de vida.

Esta filosofía lo llevó a incentivar la investigación en la institución, desde los grados de primaria, pues para el educador las preguntas investigativas no deben discutir con el currículo de las instituciones. Así, apoyó proyectos para que los estudiantes pudieran aprender y socializar sus conocimientos con mayor apropiación. “Creía fielmente en los estudiantes del colegio”, explica otro de sus colegas.

Debido a estas iniciativas, la institución mejoró el año pasado sus puntajes en las Pruebas Saber de 3 y 5 grado, al pasar de 450 puntos a 695, de 1000 posibles.

Una oficina en silencio

Su despacho, en el segundo piso del colegio, estaba lleno de papeles, bien organizados. Un par de pinturas en las paredes, una pequeña estatuilla de Jesús, algunos libros y un computador, adornan el espacio silencioso que dejó Manuel para su sucesor.

Sobre su escritorio reposaban las cartillas de simulacro de las pruebas Saber Pro, que se realizarán en este segundo semestre del año.

“Él mismo las repartía en algunos salones, porque siempre estaba pendiente de sus estudiantes”, cuenta, con lágrimas en los ojos, una funcionarias de la institución.

“Es un día no solamente de luto, sino de angustia, de reflexión y de análisis sobre lo que está pasando en la ciudad. Perdimos un baluarte, una persona muy significativa para la educación; no solo era rector, sino que era un educador que amaba lo que hacía y que hacía que uno se enamorara de los procesos de enseñanza y aprendizaje”, dijo Juan Carlos Osorio, coordinador del colegio.

Un papá para todos

Dos hijos, uno de 15 y otro de 17 años, se quedaron esperando a su padre el jueves pasado.

Manuel también deja atrás a cuatro hermanos que, al igual que sus hijos, reconocen su apoyo .

Sandra Arango recuerda, con la voz quebrada, el carácter y la honestidad de quien calificó como su padre. “Siempre ordenado, un hombre inteligente, que quería lo mejor y, a la vez, que todos diéramos lo mejor”.

No solo era un profesor, era un apoyo y una oportunidad, además de un gran consejero, sostuvo.

Manuel no pudo terminar su maestría en educación. Su encuentro con la muerte fue justo cuando salía de uno de sus encuentros con sus compañeros de especialización.

Hoy, en la Institución Rafael Uribe Uribe, las puertas están cerradas por el luto y la impotencia de una ciudad que se llevó un faro de esperanza.

En la memoria, quedan imágenes de gratitud como las de don Pino, el vigilante, que aún lo recuerda parqueando su gran moto amarilla y pasando por la puerta, para brindarle a los estudiantes su mayor virtud: la educación.

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