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Así será la cirugía para darle calidad de vida a una perrita a la que le amputarán las patas

Es una cachorra de nueve meses que fue atropellada y ya tuvo una cirugía. No se pierda esta historia de amor infinito por un animal

  • Pese a su corta edad, Florecita Rockera tiene un gran tamaño por ser de una raza grande, criolla con mezcla de husky. FOTO CORTESÍA
    Pese a su corta edad, Florecita Rockera tiene un gran tamaño por ser de una raza grande, criolla con mezcla de husky. FOTO CORTESÍA
  • Así será la cirugía para darle calidad de vida a una perrita a la que le amputarán las patas
Gustavo Ospina Zapata | Publicado el 19 de abril de 2022

En una clínica veterinaria de Medellín se llevará a cabo en los próximos días (el 13 de mayo) una delicada cirugía de ablación y la paciente será una perrita de solo nueve meses de nombre Florecita Rockera, a la que le amputarán sus dos patas traseras, ya que en ellas no tiene sensibilidad, no le sirven para caminar y, para colmo, le dañan su calidad de vida.

El destino de Florecita, hace seis meses, iba a ser la eutanasia, pero eso fue hasta llegar a la vida de Claudia Castrillón, una joven de 32 años rescatista y dueña de un refugio animal llamado Escuadrón Solidario, para quien ninguna vida vale menos que otra, y así se trate de una simple canina bebé, juró que haría todo lo posible para salvarla de la muerte. La historia está tan llena de amor y sacrificios, que sin Claudia pretenderlo ofrece una lección de vida y de respeto por los seres vivos.

Florecita fue rescatada cuando tenía tres meses, luego de que sufriera un accidente, no se sabe cómo ni qué vehículo la arrolló, el cual la dejó con insensibilidad en sus patas traseras. La familia propietaria, que no la cuidó como debía, la llevó a una veterinaria para que le aplicaran la eutanasia debido a su penosa condición de salud y porque no tenían cómo pagar una cirugía ni forma de cuidarla.

En la veterinaria se negaron a quitarle la vida, pero luego la familia la botó a la calle y una auxiliar de la misma veterinaria la rescató y la reportó a Escuadrón Solidario, donde se inició todo el proceso para su recuperación.

“Fue muy difícil su llegada, porque ya teníamos a Rayo y a Rosario Rueditas, otros dos caninos con discapacidad, y ya nos tocaba coger a otra, pero bueno, mientras hubiera una opción para intentar salvarla damos la lucha y eso hicimos. Le conseguimos operación con uno de los mejores ortopedistas de Medellín, quien nos ha ayudado en este proceso, que yo llamo de la esperanza, porque nunca ha habido un diagnóstico certero y el resultado se iba a ver según su evolución”, comenta Claudia.

Al final esta cirugía por lo menos funcionó para mantenerla viva, porque ella tenía la columna partida en tres pedazos y se logró corregir ese problema, con el cual no habría tenido calidad de vida y el camino habría sido la muerte. El cirujano, explicó Claudia, lo que hizo fue conectar la mayor cantidad de nervios posibles, pero no alcanzó a darle movilidad ni sensibilidad en las patas debido a que la operación se hizo después de una semana de haber sufrido el accidente.

Pese a todo, en el refugio se inició un proceso con terapias y se investigó qué más se podía hacer médicamente. La decisión fue que se hará la nueva cirugía, que consistirá en la ablación de las patas, es decir, su amputación, ya que Florecita no tiene movilidad y las patas le cuelgan, se pasan de un lado a otro en balanceo y esto le afecta la movilidad cuando se arrastra. También le genera un peso mayor y le produce cosquillas, por lo cual ella se las muerde, lo que implica riesgo para su salud, pues también se infecta con facilidad.

“Además, no tiene masa muscular en las patas, son más los huesos y así corre riesgo de sufrir una osteomielitis”, advierte la rescatista.

Explica que una vez se realice la amputación, Florecita tendrá una mayor recarga de esfuerzos en sus patas delanteras, por lo cual en el tratamiento postoperatorio e incluso en la rutina que viene para ella después, necesitará de una alimentación especial con el fin de fortalecerle los dos miembros que le quedarán.

Sin este cuidado especial, con el desgaste degenerativo que le viene con la edad, si no hay protección, tendría dolores muy fuertes y la idea es desacelerar el proceso en su condición física para así mitigar sus posibles dolores y que no tenga riesgos de infección, “todo esto lo hacemos pensando en que no tenga una vejez llena de dolencias, como es posible que ocurra dada su condición”.

El trabajo y la lucha con la canina será de por vida, lo sabe Claudia. Pero no se angustia por ello. Habrá un manejo de cuidados extremos en los muñones de las patas amputadas para evitar que sufra heridas allí, ya que esa zona Florecita no la podrá controlar. Será necesario ponerle trajes, vestirla, a pesar de que a los caninos y en general a los animales las ropas les estorban y no deberían llevarlas en ninguna circunstancia, excepto los pequeños y de poco pelaje en zonas frías. Pero en este caso la vestimenta evitará que la fricción en el piso le genere laceraciones.

A su vez, habrá que cambiarle pañales cinco veces al día, pues aunque tiene control de esfínteres (evacuar a voluntad) sin este aditamento podría sufrir problemas de asepsia, malos olores e infecciones. En ocasiones se le quitarán traje y pañales para darle momentos en los que ella se sienta como un perro normal.

La puso Florecita Rockera, porque cuando llegó a sus manos se llamaba Flor del Campo, por vivir en una zona semirrural de Barbosa. “Pero a lo largo de los días fue revelando una personalidad loca, juguetona, con fijación por las trapeadoras, que las coge y las restriega”. También obedece poco las reglas y hace lo que le provoca.

Ya tiene un mejor amigo, un cachorro de dos meses llamado Billy con el que juguetea todo el tiempo. “Si Florecita tuviera las cuatro patas acá ya no habría ni muebles, porque todo lo quiere dañar”, dice Claudia.

Ella se lamenta de que luego de seis meses de tratamientos y luchas, de intentar con férulas, sillas de ruedas y muchas terapias, no haya sido posible ver mejoría ni recuperación de su sensibilidad. Ya no volverá a caminar, es la conclusión. Pero se le tratará en el resto de vida como a un paciente humano con una enfermedad grave, que requiere de todos los cuidados y atenciones. A Claudia y su refugio no les importa. Lo harán sin ahorrarse nada.

La cirugía costará $3’500.000 y lo que viene después resulta incalculable. Quienes deseen apoyar esta causa pueden contactar a Escuadrón Solidario en Instagram y Tik Tok.

“Estamos empezando a buscar equipos de fisioterapia para tenerlos en casa y darle el tratamiento que necesita, porque será de por vida y por eso tendrán que ser terapias cada día, para ella, para Rayo y Rosario y otros caninos viejitos que también requieren estos procesos especiales”, afirma Claudia, a quien si alguien la escuchara hablar seguro no imaginaría que se refiere a una simple cachorra criolla, enferma, dañina y sin movilidad, pero merecedora del derecho a la vida y a la que lleva en su corazón.

Gustavo Ospina Zapata

Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.


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